Se trata de un recinto excavado en el interior de un acantilado. La puerta de acceso se encuentra en la parte superior de ese acantilado; desde la entrada se desciende por un pasillo que discurre a cielo abierto, pegado a la roca, y que va comunicando con distintas plataformas donde hay mesas con vistas al mar. Pasadas estas primeras terrazas, el pasillo se introduce en el acantilado y nos lleva hasta el recinto principal, una auténtica cueva excavada en la roca donde encontramos la barra, la pista de baile, numerosos recovecos en los que pelar la pava, y un par de terrazas situadas en la misma vertical del acantilado.
La primera vez que fuimos lo hicimos como turistas, al final de la tarde, y fue en esa ocasión que tomamos las fotos que vienen ahora. La segunda vez ha sido hace algunas semanas, con motivo de una boda a la que nos invitaron en Mahón. Esta vez ya estuvimos en plena madrugada y como verdaderos usuarios, como unos auténticos amos de la noche y/o calaveras (ejem…). Hice algunas fotos pero no han salido bien –no con la calidad que merecen mis lectores-, así que no las cuelgo. En unos carteles anunciaban para otro día una fiesta de espuma que me hubiera gustado ver, más de uno atufado de pastillas y de pompas hasta las orejas tuvo que despertar de golpe en el mar. Bueno, vale de cháchara y venga esas fotos:
A la izquierda, el pasillo de acceso. Abajo, una de las terrazas camino del interior.