Viene motivada esta entrada por los comentarios surgidos en la entrada anterior a partir de un comentario de Carol; ella nos cuenta (informo a los lectores más recientes que Carol estudia Biología en Barcelona) que un profesor les había dicho en clase “casi textualmente, que en la naturaleza el sexo masculino no es más que un portador de esperma o polen en el caso de los vegetales.”
Al leer esa frase se me ocurrieron un par de ideas que voy a comentaros; esa es mi única intención, no pretendo abarcar en una entrada las innumerables cuestiones que derivan de la diferencia de género, eso sería imposible.
Soy el primero que, cuando se presenta la ocasión, no pierdo la oportunidad de soltar algún chascarrillo que otro aprovechando ese filón inagotable que supone la relación entre mujeres y hombres, lo reconozco. Pero en esta entrada hablaré en serio, y quiero dejar bien clara mi posición desde el principio.
Yo no soy un contendiente en la denominada “guerra de los sexos”. La sola idea de que pueda existir un “conflicto”, o una “oposición”, entre hombres y mujeres, me parece completamente absurda. Ambos géneros somos imprescindibles para la supervivencia de la especie; no hay “guerra” posible entre ambos “bandos”, dado que jamás habría una “victoria”. Lo que nos interesa como especie es garantizar que cada individuo (hombre o mujer) tenga la oportunidad de desarrollar libremente todas sus capacidades, lo cual redundará en su propio beneficio y en beneficio del conjunto.
Esto que acabo de decir me parece una obviedad de tal calibre que no haría falta ni verbalizarla, pero bueno, hagámoslo para evitar confusiones en una materia que puede ser tan delicada.
Por lo tanto, no pretendo hablar aquí como “hombre” sobre “las mujeres”; voy a hablar, como humano que soy, sobre la especie humana a la que pertenezco, y sobre algunas cuestiones relacionadas con la existencia de dos géneros dentro de esa especie.
Quiero hacer también una precisión sobre el uso genérico de los términos “mujeres” y “hombres”.
Creo que ciertas características humanas pueden residenciarse más en un género que en el otro. Por ejemplo, el comportamiento de escupir en la calle (que mencionaba Myriam en su comentario) me parece más común en los hombres que en las mujeres; y el comportamiento de llorar, creo que es más común en las mujeres que en los hombres.
En este sentido, SI me parece válido afirmar (al menos con una finalidad dialéctica) que “los hombres escupen por la calle” o que “las mujeres lloran”. Con ello construimos un concepto general a partir de una multitud de casos individuales; el resultado final puede ser más o menos representativo según la muestra elegida, pero el método como tal es correcto.
Pero NO es válido invertir el proceso. No es válido decir que un individuo concreto, por el hecho de ser hombre, escupe en la calle; o que una mujer, por el hecho de serlo, llora. Esa inversión (esa atribución de lo general al individuo) es lo que constituye un prejuicio inadmisible -cuando hablamos en serio-, y el elemento clave de todos esos chistes tan graciosos -cuando hablamos en broma-.
Dicho todo lo anterior, paso a opinar sobre lo manifestado por el profesor de Carol.
Cierto que el hombre es “un portador de esperma”. Los problemas se presentan con las palabras precedentes, “no es más que”.
La primera objeción que puede dirigirse hacia tales palabras radica en el desprecio o minusvaloración de esa actividad portadora que se desprende de ellas, olvidando que el papel de los hombres en la reproducción humana es tan esencial -biológicamente hablando- como el de las mujeres. Nos encontramos ante una función muy simple (la de los hombres), y una función muy compleja (la de las mujeres). Dado que el grado de necesidad de una y otra función para la producción del resultado final es idéntico (la necesidad es absoluta, en ambos casos), no veo ningún motivo para hablar despectivamente de la función masculina. Antes al contrario, habría que reconocer la superioridad biológica de la función masculina y desear que fuera común a todos los humanos, para que, de este modo, la mitad de los individuos que integran la especie no tuviera la necesidad de desangrarse mensualmente (aprovecho para enviar desde aquí un abrazo solidario a las afectadas).
Tiene más enjundia el segundo problema que se plantea. La frase de marras reduce el papel de los hombres al de “portadores de esperma”. Se le escapa al autor de la frase un papel adicional de los hombres, no pequeño por cierto: el de creadores del mundo que conocemos.
En el plano personal y familiar las mujeres tienen una presencia indudable, superior a la de los hombres seguramente. Pero en el plano público o social, el predominio de los hombres resulta prácticamente absoluto. Tratemos de pensar en algún hecho o acontecimiento histórico (imperios, países, guerras, descubrimientos geográficos, científicos o técnicos, producción literaria, artística,… lo que sea) en cuya producción u origen no se encuentre ningún hombre; o se encuentre una mujer. Es difícil encontrar algún ejemplo de lo anterior, pues en este ámbito social del que estoy hablando, los hombres son fácilmente responsables del 99% de todo lo malo que ha ocurrido en el mundo, y del 90% de todo lo bueno (por supuesto que estos porcentajes no obedecen a un cálculo por mi parte, sólo constituyen una aproximación intuitiva).
Pienso que incluso las feministas estarán de acuerdo con la afirmación anterior, sólo que ellas considerarán que la posición dominante de los hombres obedece a una decisión concertada y maquiavélica por parte de éstos para oprimir a las mujeres. A mi no me parece que sea así, yo más bien creo que los hombres tienen por instinto natural una voluntad de dominar, y que las mujeres, también por naturaleza, o lo han aceptado, o se han resignado, o en cualquier caso no han opuesto una voluntad de dominio más determinada y más violenta para doblegar esa voluntad de los hombres e imponerse sobre ellos.
Vivimos actualmente inmersos en un debate sobre la necesidad de aumentar el grado de participación de las mujeres en la actividad pública / social. En España existe una igualdad formal (legal) entre hombres y mujeres desde hace algo más de treinta años, pero esa igualdad formal no se ha traducido en una presencia de mujeres y hombres en la actividad pública que sea equivalente a la participación aproximada del 50% que cada género representa en el conjunto de la población. El poder público no acepta ese resultado y ha decidido que la representación de las mujeres en la actividad pública debe ser obligatoriamente de, al menos, un 50%; y con esa finalidad se está reintroduciendo legislativamente una desigualdad formal que va en detrimento, en este caso, de los hombres.
Mi opinión sobre lo anterior es que si la primera parte de la ecuación es correcta (la igualdad formal entre los géneros), no había por qué tocarla. Si el problema radica en que los resultados no son los apetecidos por el poder público, habrá que centrarse en eliminar las posibles desigualdades materiales que estén impidiendo a la igualdad formal desplegar todos sus efectos. Pero si una vez eliminada toda desigualdad de oportunidades (formal y material), el resultado final sigue siendo que el porcentaje de participación de hombres y mujeres en la actividad pública es distinto del 50%, habrá que aceptarlo así: pues lo que hay que garantizar, bajo mi punto de vista, es la igualdad de oportunidades, y no la igualdad de resultados.
Pero este debate que acabo de mencionar resulta tan omnipresente, que ya aburre. Me parece más interesante y entretenida la siguiente perspectiva del asunto, aunque pertenezca al ámbito de la ciencia ficción: dado que hombres y mujeres somos diferentes y tenemos intereses y motivaciones distintas para nuestras actuaciones, nos podemos preguntar… ¿cómo sería el mundo actual si la actividad pública / social se hubiese desarrollado desde la época de las cavernas, o se desarrollase a partir de ahora, por las mujeres y no por los hombres?
1º Mirando hacia el pasado, y eliminando todo aquéllo que tenga su origen en un integrante del género masculino... ¿habría existido, por ejemplo, una organización político-militar llamada Imperio Romano?.. vinculada a la respuesta anterior ¿hablaríamos los aquí presentes un mismo idioma derivado del latín, conocido como castellano o español? ¿se habría producido el descubrimiento de América? ¿o habría sido América la descubridora? ¿se habría producido la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto? ¿habrían llegado los humanos a la Luna? ¿existiría internet? .. En definitiva, ¿cómo sería nuestro mundo? Estoy seguro de que sería radicalmente distinto.
2º Mirando hacia el futuro.. ¿qué ocurriría si los hombres abandonasen toda actividad pública y pasaran a desarrollar una actividad estrictamente personal y familiar? Si fuesen sólo mujeres quienes tomasen a partir de ahora las decisiones…¿cómo se afrontaría, por ejemplo, el problema del hambre en África? ¿y la cuestión de Irán y su programa nuclear? ¿y el conflicto entre palestinos e israelíes?.. Esto es, ¿cambiarían sustancialmente las cosas? También creo que sí.






