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lunes, 8 de septiembre de 2008

Una reflexión sobre Cuba

La situación que nos encontramos en Cuba, descrita en entradas anteriores, resulta demasiado insólita como para no pararse a pensar un poco en sus causas. Estas causas son, evidentemente, de tipo político, lo que automáticamente convierte el tema en un asunto espinoso. Normalmente me guardaría mis pensamientos y no me metería en berenjenales, pero bueno, voy a compartirlos con todo el mundo ya que me ha dado por hacer este blog, ¿de eso va el asunto, no?

Evidentemente, no pretendo ser depositario de la Verdad Revelada, si alguien no está de acuerdo conmigo y se anima, que escriba su comentario. Al final colocaré unas cuantas fotos más de La Habana, a la que puede acceder directamente quien desee evitarse un rollo macabeo.

Por muy individualista que uno sea, es obligado reconocer que los humanos somos un tipo de animal social, que por naturaleza tiende a agruparse con otros de su especie (en familias, ciudades, países, etc…). Más aún, es evidente que todo el progreso producido desde que nuestros antepasados vivían en las cavernas, responde a precisamente a la división del trabajo o reparto de funciones que únicamente permite la vida en sociedad.

Elemento imprescindible o definidor de esta vida en sociedad es la existencia de un conjunto de normas que regulan su funcionamiento. La parte de esas normas que se refiere al ejercicio del poder público, constituye el sistema político.

En mi opinión, en esta materia se ha producido una clara evolución histórica que, muy simplificada, sería la siguiente: en un momento inicial, las sociedades se encontraban dominadas por un líder absoluto, incluso deificado, que ostentaba un poder total sobre sus súbditos; posteriormente surgen las primeras normas políticas, que si bien son promulgadas por el poder absoluto a su entera satisfacción, al menos reducen la arbitrariedad en su ejercicio y permiten a los súbditos saber a qué atenerse; y finaliza el proceso con la liquidación del poder absoluto (mediante la división de poderes, que se controlan recíprocamente), y el reconocimiento de unos derechos y libertades individuales a las personas que éstas pueden oponer incluso frente a dichos poderes públicos. Este último y transcendental paso no fue inmediato, sino resultado de un largo camino que comienza con la revolución inglesa de 1642, sigue con la revolución americana de 1776, y termina con la revolución francesa en 1789. De este modo llegamos, en el siglo. XIX, al sistema que podríamos llamar “democracia liberal capitalista”, que hoy en día es común en los países ricos.

El desarrollo económico y la libertad de pensamiento alcanzados en el siglo XIX (gracias a la democracia liberal) favorecieron un gran progreso científico en todos los órdenes, también en el mundo de las ciencias políticas y sociales. De forma casi simultánea, Charles Darwin elaboró su teoría sobre la evolución de las especies, y Karl Marx la teoría política que a la que luego hemos conocido como marxismo.

En esencia, y según interpreto yo el asunto, Marx encontró insatisfactoria la democracia liberal capitalista porque consideraba que provoca desigualdades injustas entre los ciudadanos; e intenta desarrollar, de forma científica, un sistema alternativo que no genere tales desigualdades. Para ello, considera que debe recuperarse la figura del poder absoluto, y desde ese poder implantar un régimen en el que cada ciudadano aporte según su capacidad, y reciba según sus necesidades.

Sobre el papel, ese planteamiento persigue unos fines muy loables, eso es evidente. Pero parte de una postura a mi juicio demasiado atrevida, casi arrogante, como es la de creer que un sistema político ideado por una persona en su escritorio, por muy elaborado teóricamente que esté, pueda, sin más, sustituir satisfactoriamente a un sistema que había nacido tras un largo y complejo proceso de decantación histórica.

El sistema ideado por Marx contiene al menos dos premisas básicas que, una vez fueron aplicadas en la práctica, demostraron de forma inmediata el enorme peligro que encerraban: a) la existencia de un poder absoluto incontrolado, y b) la atribución de toda iniciativa (económica, política, social) a ese mismo poder absoluto a través de la planificación del Estado, iniciativa que se detrae de los individuos. La primera premisa exige la eliminación física de los individuos que no estén dispuestos a someterse, ya sea encarcelándolos o matándolos. Y la segunda, suprime la posibilidad de que las personas obtengan cualquier beneficio que derive de su propia actuación individual.

Los efectos perniciosos de la primera premisa no se advierten por el turista ocasional, que va de vacaciones y no tiene intención de meterse en líos con nadie, y menos con el poder establecido. Por mi parte, no advertí en Cuba un especial temor de la población hacia la policía, sin duda porque el régimen cubano no es ni ha debido ser nunca de los peores (la relajación y flexibilidad latinas tendrán mucho que ver, seguro). También en esto hay grados, no es lo mismo Cuba que, por ejemplo, Camboya, donde los jemeres rojos mataban a la gente por saber idiomas o por llevar gafas.

Las consecuencias de la segunda premisa, en cambio, son mucho más evidentes. El ser humano, como cualquier otro animal de este planeta, lleva escrito en los genes el deseo de sobrevivir y de mejorar en cada momento su situación individual. Este impulso es inmanente a los seres vivos y es clave en la misma evolución de las especies, por lo que querer suprimirlo resulta una pretensión verdaderamente descabellada; y si se pudiera conseguir, desnaturalizaría por completo al ser humano.

Consciente, probablemente, de que esto es así, el marxismo aboga por la creación del “hombre nuevo”, que mediante el adecuado adoctrinamiento interiorizará el principio de pensar por y para el grupo, y nunca en si mismo. Lo cual es otra pretensión absurda, que curiosamente acerca el marxismo a la teoría del “creacionismo”, opuesta a la teoría de la evolución que Darwin desarrollaba de forma coetánea.

Al final, el “hombre nuevo” no termina de nacer, y lo que ocurre es el que el “hombre de toda la vida”, que ve cerrada toda posibilidad de mejorar su situación personal por medio del trabajo (ni va a ganar más, ni va a poder modificar el puesto que el poder le tiene asignado en la sociedad), intenta mejorar su situación de la única forma que tiene a su alcance: dejando de trabajar (a igualdad de ingresos, cuanto menos trabaje más rentable le sale su esfuerzo).

Cuando un país lleva cincuenta años bajo ese mismo sistema, el resultado no puede ser diferente al que vemos en Cuba: no trabaja prácticamente nadie, por lo que el país no produce apenas nada. Ni alimentos, ni bienes, ni servicios, nada de nada.

Dentro de Cuba, la evidente parálisis económica del país se achaca oficialmente al “bloqueo” estadounidense. Proliferan por todas partes carteles que llevan escritos eslóganes del tenor “45 minutos de bloqueo equivalen a una escuela pública”, con diferentes formulaciones (para hacerlos distintos unos de otros, cambian el tiempo y el beneficio del que se ven privados los cubanos -un hospital, creo recordar, equivalía a dos días de bloqueo, otras cosas menos tiempo, etc…-).

Como todo el mundo, había oído hablar del “bloqueo” (o “embargo”, como se conoce en Estados Unidos), pero no me había preocupado de averiguar exactamente en qué consistía. A raíz de esta visita a Cuba he intentado enterarme algo más del asunto para comprobar si efectivamente puede haber sido la causa de la situación económica del país, pero no ha sido una tarea fácil. Si buscas información en internet encuentras muchas páginas “de combate” contra el “bloqueo”, que no dan muchos datos; así que he intentado irme directamente a las fuentes legislativas, pero las leyes norteamericanas que lo regulan son complicadas, con frecuentes remisiones a otros textos, por lo que no me ha quedado completamente claro su contenido (necesitaría más tiempo, igual en otro día se lo dedico).

Lo que he averiguado del asunto, y aquí os cuento, es lo siguiente: el embargo (emplearé el término “embargo” porque me parece más exacto, la expresión “bloqueo” pretende transmitir la idea de que hay una flota naval americana rodeando la isla, y no es así) comenzó en época de Kennedy, al poco tiempo de la revolución de Castro, y consistió inicialmente en prohibir a las empresas estadounidenses comerciar con Cuba. Fue una respuesta a la expropiación de bienes que sufrieron los ciudadanos y empresas norteamericanas en Cuba.

A raíz de esa medida se produjo, claro está, la desconexión económica de Cuba con Estados Unidos (hasta ese momento, países muy vinculados), pasando Cuba a relacionarse comercialmente sobre todo con los países del bloque comunista. En ese primer momento, el embargo indudablemente tuvo que suponer un gran problema para Cuba, pero una vez superado el golpe inicial y garantizado el aprovisionamiento de bienes a través de otros países, no veo que el embargo pudiese afectar demasiado a la economía cubana.

Cuando se desmoronó el bloque comunista, Estados Unidos reforzó el embargo con la intención de dar la puntilla al régimen cubano, lo que se efectuó con la denominada “Ley Torricelli” en 1992. Unos años después, en 1996, se le dio otra vuelta de tuerca al embargo con la “Ley Helms-Burton.”

En su formulación actual, el embargo consiste en lo que sigue a continuación (admito cualquier matización o rectificación, no tengo la seguridad de que sea absolutamente exacto lo que voy a decir por las razones antes expuestas):

1º.- Estados Unidos exige una licencia especial (otorgable sólo en casos excepcionales) a las empresas norteamericanas para que exporten bienes a Cuba, o los importen desde Cuba. Para la empresa que exporte o importe sin licencia, multazo al canto. Esta era la medida inicial de Kennedy.

2º.- Estados Unidos condiciona la concesión de ayudas económicas directas por su parte a terceros países, a que esos países beneficiarios no concedan ayudas a Cuba. Se exceptúa la donación de alimentos a Cuba (siembre que no se haga través de su gobierno, sino de ONGs), y la donación de medicinas o equipos médicos. Esta medida llegó con la Ley Torricelli, y estaba pensada para que los países del antiguo bloque comunista recién emancipados no ayudasen a su antiguo socio comercial que era Cuba (si no querían perder las ayudas americanas, de las que empezaban a ser posibles receptores).

3º.- Estados Unidos permite que sus ciudadanos y empresas que fueron expropiados durante la revolución cubana, puedan demandar en Estados Unidos a las empresas de cualquier país que comercien de algún modo con los bienes que fueron objeto de expropiación. Esta medida, acusada de extraterritorialidad, fue introducida por la Ley Helms-Burton, y trata de conseguir que no se perjudique la posición jurídica de los expropiados americanos con la transmisión posterior de sus antiguos bienes a terceros.

Pero no he visto en ningún lado que Estados Unidos adopte medidas de ninguna clase (como por ejemplo, excluirlas de su mercado) contra empresas no americanas que comercien con Cuba, siempre que ese comercio no afecte a bienes de los que fueron expropiados los ciudadanos o empresas norteamericanas. Si existiese una medida de este estilo efectivamente sería bastante perjudicial para Cuba, pues obligaría a la empresas a elegir entre uno u otro mercado (y Cuba saldría naturalmente perdiendo), pero no es el caso (yo, al menos, no he visto que así sea).

No pienso que las tres medidas anteriormente enumeradas puedan afectar demasiado a un país ya desvinculado económicamente de Estados Unidos. De forma que no creo que la actual situación económica de Cuba obedezca al embargo norteamericano, sino a la ineficacia de su sistema político-económico, ineficacia que se ha puesto de manifiesto al perder Cuba las ayudas que recibía del antiguo bloque soviético, fundamentalmente a través de productos que le eran vendidos a precios de transferencia, por debajo del valor de mercado.

En mi opinión, aunque el embargo está ideado (según manifestación expresa de las propias leyes que lo regulan) para derribar al régimen cubano y posibilitar una transición democrática en la isla, el efecto que provoca es justamente el contrario. Es más, sería más fácil conseguir ese objetivo declarado cuanto más se abriese el país a la influencia exterior, y la mejor forma de lograrlo sería mediante el comercio. Así que pienso que el embargo debería levantarse.

De todas formas, no creo que el levantamiento del embargo fuese a tener ninguna repercusión en la isla, pues el problema de Cuba, estrictamente endógeno, es la ausencia de bienes y capitales con los que comerciar, así como la persistencia de un régimen jurídico que no debe proporcionar ninguna garantía a eventuales inversores de capitales.

Ahora bien, y ya para terminar, no sería justo, ni acertado metodológicamente, comparar a Cuba con Estados Unidos o Europa, ni exigirle un nivel de desarrollo equivalente al de estos países. A Cuba hay que compararla con los países semejantes de su entorno (estoy pensando en los países de Centroamérica y del Caribe; no en México, que por su tamaño y población es sustancialmente distinto a Cuba).

Lo que vemos (desde fuera) en todos o casi todos los países del entorno, es que un puñado de familias inmensamente ricas controlan todo el poder político y económico del país, mientras que gran parte de la población vive en la indigencia. Formalmente esos países se califican a si mismos (y son calificados también por sus enemigos políticos) como democracias liberales capitalistas, pero no pienso que realmente lo sean. El nombre de las cosas es un simple cascarón, lo importante es siempre el contenido. Y si en esos países no existe un control efectivo del poder público, ni se reconocen en la práctica los derechos y libertades individuales de las personas, especialmente de las más desamparadas, ni existe una economía de mercado que favorezca las opciones más eficaces y promocione a las personas por criterios de mérito con independencia de su origen, pues entonces no son verdaderas democracias liberales; serán sistemas feudales, o cualquier otra cosa.

Si no es posible establecer una auténtica democracia liberal en la isla, y la única alternativa al sistema cubano es, necesariamente, un sistema político semejante a los que proliferan en su entorno, entonces pienso que los cubanos están mejor como están, sinceramente. En Cuba no hay ricos y pobres, todos son pobres, pero seguramente su situación individual sea mucho mejor que la que deben padecer los ciudadanos pobres de los países que la rodean.

De hecho, no me dio la impresión de que el pueblo cubano esté deseando que las cosas cambien. Claro que les gustaría que hubiese más comida en las tiendas, o poder disfrutar de más bienes o servicios, pero tienen la convicción de que el régimen actual les garantiza unos servicios públicos mínimos en educación, sanidad, etc… que podrían desaparecer rápidamente en caso de que el régimen cambiase. Pienso que son conscientes de que ahora pueden sobrevivir con relativa facilidad sin necesidad de trabajar prácticamente nada, y temen -con razón- que un cambio les complicase mucho la vida a corto plazo.

De todas formas, esta última conclusión también es muy discutible. Si Cuba fuese realmente el mejor lugar donde pueden vivir los pobres de la región, no habría tantos cubanos que quisieran escapar del país. Antes al contrario, existiría una fuerte presión migratoria por parte de los pobres de los países del entorno para entrar en Cuba… y sin embargo, ¿a dónde quieren ir todos? No es a Cuba, sino a Estados Unidos… Igual que los animales, preferimos la libertad de la selva a la seguridad del zoo.

En fin, que una reflexión sobre Cuba no termina con respuestas, sino con más preguntas que al principio… Ya digo, es un país interesante, hay que ir a verlo…

Bueno, vamos a las fotos, que hoy os he metido un buen ladrillo, parezco Fidel.

Tienda donde se compran productos básicos con la cartilla de racionamiento. Se llaman "bodegas", y por lo que nos dijeron suelen estar casi vacías.


Mercado agropecuario, más abastecido, donde la gente del campo trae comida y la vende por su cuenta, aunque siempre a precios fijados por el Estado.

Monumento a José Martí. A su pie, la tribuna desde donde Fidel Castro, en sus buenos tiempos, propinaba discursos de siete horas a la multitud reunida en esa Plaza de la Revolución.

Edificio del Ministerio del Interior, justo enfrente del monumento anterior. El corazón del régimen.


El adoctrinamiento político en las calles es permanente...


Pero en cualquier momento, aunque te encamines hacia un lugar apolítico, te recuerdan que la lucha continúa. Desde que eras un joven pionero.


La parte divertida de las dictaduras es su inagotable capacidad para retorcer de forma patética la interpretación de cualquier hecho para adaptarlo a sus necesidades ideológicas, creyendo que nos consiguen engañar. El párrafo que aparece en la foto siguiente, tomada en el Museo de la Revolución, es un buen ejemplo. El dictador al que derrocó Castro en 1959, llamado Batista, es el malo malísimo de toda la historia. Algún tipo de pacto debió alcanzar en algún momento con la izquierda política -desconozco cuál sería-, pero muy grave tuvo que ser para que lo justifiquen con este razonamiento tan alambicado:

Los contrastes de Cuba... Aquí os presento a la guardia que vigilaba la puerta del Museo de los Capitanes Generales. Mucho ojito con la autoridad....



En el Museo de la Revolución tienen esta curiosa composición del Ché y Camilo Cienfuegos saliendo de la maleza. La figura del Ché se ha convertido en el producto de merchandising por excelencia, no hay lugar donde no vendan un objeto de cualquier clase con su imagen. Todavía no he visto la película, pero ya sé algo que en Cuba no les va a gustar nada: que se titule "Ché, el argentino". El Ché se nacionalizó cubano, e insistían mucho en su cubanidad.



El edificio de la foto es la Oficina de intereses de EEUU en La Habana, que hace las veces de embajada. Aquí mantienen una pequeña guerra: los americanos ponen mensajes contra el régimen cubano en un cartel luminoso instalado en la fachada del edificio; y los cubanos, a cambio, les colocan enfrente un bosque de banderas negras que ocultan los mensajes y, de paso, les quitan a los americanos una magnífica vista al mar. El día que pasamos ni había mensajes americanos, ni había casi banderas negras. Se estarían tomado todos un descanso.

Para terminar, una foto muy ilustrativa de la situación de Cuba. En medio de una ciudad casi en ruinas, reluce una pared donde se ha escrito la frase "La moral de la revolución está tan alta como las estrellas. Fidel."
Me viene a la memoria otro eslogan, usado en Alemania en la fase final de la última guerra: "Unsere Mauern brechen, aber unsere Herzen nicht"; o lo que es lo mismo, "quiebran nuestros muros, pero no nuestros corazones."


domingo, 7 de septiembre de 2008

Un paseo en Coco-taxi

Hoy cuelgo aquí mi primer video de producción propia, una interesante película sobre unos turistas que se dan un paseo en Coco-taxi por el Malecón de La Habana (para los impacientes, sólo dura 50 segundos, es un "corto" de verdad).

Animaré también esta entrada con música cubana. Es una canción llamada "Soñando", del nuevo disco de Pablo Milanés ("Regalo").




Como decía en una entrada anterior, se nota un cambio en este autor. Si nos paramos a escuchar la letra de esta canción, oiremos lo siguiente:

Nada nos cuesta vivir en los sueños el mundo que pensamos,
mañana despertaremos a enfrentarnos a lo real.
Llega la noche y me invade el cansancio
de un día de bregar,
me voy hasta mi lecho,
nada nos cuesta soñar.


Pero la música no es triste, no me parece que esta canción transmita una queja, sino la alegría de la esperanza. Es una canción curiosa.

Volviendo al "corto", a la derecha, en el sentido de la marcha, los protagonistas son el mar y el Malecón. El Malecón se anima algo más de noche, pero durante el día resulta inhóspito. Quien pretenda recorrerlo a pie de punta a punta, terminará dándose una paliza considerable bajo un sol de justicia. A la izquierda veréis las viejas casas señoriales que bordean la avenida. En esta zona sí que están haciendo un esfuerzo por rehabilitar los inmuebles, con idea de que La Habana tenga una bonita fachada al mar.



Casi se me olvida mencionar que todos los créditos de la película (cámara, guión, dirección, producción, montaje, etc...) corresponden a Clara, que se está volviendo una maestra en la ciencia de la informática audiovisual.

Para terminar. El mar, que tan tranquilo sale en la peli, se puede volver realmente violento. Aquí pongo una foto que le hice a una postal, que supongo refleja la situación durante un huracán. Esta temporada ya les ha pegado el "Gustav", y en este momento está a punto de alcanzarles el "Ike". Esperemos que no les haga mucho daño, que no se lo merecen.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Reliquias sobre ruedas

Aquí va una serie de fotos tomadas a coches americanos de los años 50 que circulan por La Habana. Estos coches deben representar alrededor de un 20% de todos los que circulan por la ciudad, así que no son mayoría pero se ven continuamente.

Empiezo con una foto que me encanta, parece una escena de los años 50 en el medio oeste americano, una imagen amable a lo Norman Rockwell. El estado de conservación de esa gasolinera es completamente excepcional, para tratarse de Cuba. Se advierte la publicidad de dos productos cubanos por antonomasia, el ron “Habana Club” y la cerveza “Bucanero”. Al fondo surgen esos árboles de flores rojas, abundantes en La Habana, que no sé cómo se llaman. La expresión “Oro negro” que da nombre a la gasolinera también evoca a los años 50, cuando el oro era más importante que ahora y esas palabras eran una metáfora viva y llena de significado, no una simple frase hecha. También en 1950 escribió Hergé “Tintín en el país del oro negro”


Muchos de estos coches se veían muy bien cuidados. Un par de ejemplos:



La mayoría, sin embargo, tenían un aspecto algo más abandonado, como el que sale aquí abajo. Este coche y el amarillo de arriba tienen ambos un cisne como símbolo de marca. ¿Alguien conoce esa marca?


Dos coches en plena acción. Me gusta mucho la primera foto, la del coche verde y negro. En muchos coches, como éstos, habían elevado las suspensiones, probablemente para protegerlos de los numerosos baches, o porque circulen habitualmente por carreteras no asfaltadas.



La siguiente foto está tomada desde una ventana del Museo de la Revolución. Parece una foto de estudio, como si a propósito posaran varios especímenes objeto de nuestro interés junto a un vehículo mucho más importante, un héroe de guerra subido a un pedestal: un tanque soviético de los años 40.

Aparecen dos taxis lustrosos en primer plano, preparados para llevar a sus hoteles a los turistas que salgan de Mueso. A su lado, y al fondo en batería, están aparcados varios coches antiguos más en diferente estado de conservación. Incidentalmente salen unos Coco-taxis a la derecha de la foto, y unos turistas que quieren tomar uno. El Coco-taxi es una moto con dos ruedas detrás soportando un pequeño habitáculo, el famoso “motocarro” que salía en los test del carnet de conducir. Un día montamos en uno, y la sensación de inseguridad circulando entre el tráfico del malecón era notable.


La foto que viene corresponde al momento cumbre, nuestro paseo desde el Castillo de El Morro al hotel, a bordo de un Dodge de 1955. También por el malecón, a la derecha.


Estas dos últimas imágenes no son fotos nuestras, sino postales que compré allí y he escaneado. La primera es del Paseo del Prado de La Habana –puse una foto parecida en la entrada anterior- ¿No parece la carrera de “Rebelde sin causa”? La segunda foto no es de La Habana, sino de un pueblo llamado Trinidad. La pongo aquí porque el coche del primer plano es insólito, nosotros no vimos ninguno igual: un deportivo de los año 50.



Se me ocurre que con estos coches hay un negocio latente, sin explotar. Para empezar, debe ser muy complicado que alguien allí te quiera vender un coche de éstos, porque se nota que los necesitan mucho (si no, no habrían sobrevivido). Pero si alguien no lo necesitara por cualquier motivo, es muy probable que el precio por el que lo puedas comprar en Cuba sea inferior al precio por el que lo puedas vender en España. Y en esa diferencia tendríamos un negocio.

Porque pienso que esos coches tendrían salida en España, ¿no? Por supuesto que se podrían vender a coleccionistas, pero para que fuese un buen negocio habría que acceder al gran público... ¿No habría gente dispuesta a conducirlos? Pienso que no hay que ser demasiado excéntrico para tener un coche de esos… ¿o sí? ¿Si trajese alguno, alguien me lo compraría?

Problema, y grave: no quiero ni imaginar los quebraderos de cabeza que me podría suponer subir uno de esos coches a un barco en Cuba y traérmelo para acá, el papeleo necesario podría acabar con un bosque. Y no descarto que fuese todavía más difícil ponerlo en circulación en España, si llego con la historia del coche cubano a las oficinas de Tráfico de la calle Arturo Soria le podría ocasionar una lesión cerebral permanente al funcionario de la ventanilla. Así que negocio concluido, los coches se quedan en Cuba, where they belong...

domingo, 31 de agosto de 2008

La Habana

Bueno, voy a contar aquí algunas cositas de nuestra visita a La Habana. Como al final me ha quedado una entrada algo larga, voy a amenizársela con un poco de buena música cubana a quien disponga de altavoces.



He pensado dedicar esta a entrada a describir lo que hemos visto, con sus fotos correspondientes, para que la persona que no haya estado nunca en La Habana puede hacerse una idea de lo que es, y animarse a visitar esta interesante ciudad. Si acaso en una entrada posterior ya comentaré lo que pienso sobre el país y su situación actual, aprovechando que no vivo en Cuba y por tanto soy libre para decir lo que me dé la gana.

Daré antes alguna información general sobre La Habana para que se puedan ubicar mejor las fotos. Advierto, eso sí, que todos los datos que ofrezca proceden de cosas que he visto, oído o leído estando allí, pero cuya exactitud no me he preocupado de comprobar; no pretendo dar una información rigurosa, ¡que esto sólo es un hobby!

Empezaré diciendo que una visita a La Habana, o a Cuba en general, es muy recomendable sin ningún género de dudas. Si existiera un museo que tuviera a los países del mundo por objeto, Cuba merecería encontrarse en un anaquel preferente de la sala principal, junto con los especímenes más singulares de la colección. Ya sólo por esto, por lo extraño que resulta, debe visitarse el país y cuanto antes mejor, vaya a ser que cambie.

En la página web del Ministerio de Asuntos Exteriores recomiendan que al viajar a Cuba se lleve uno las medicinas que pueda necesitar (efectivamente no vimos allí ninguna farmacia o cosa parecida), medidas de protección adecuadas contra los mosquitos para evitar el contagio del dengue, enfermedad de la que se dice existe una epidemia no declarada (no sé si habrá dengue, pero mosquitos no había muchos), y que suscribas un seguro médico, ya que al parecer los tratamientos a los extranjeros los cobran en divisas y muy caros, a precios norteamericanos (esto, afortunadamente, no tuvimos ocasión de comprobarlo).

Lo primero que llama la atención, de Cuba y de La Habana, es el gran tamaño que tienen. La isla tiene una superficie y una población parecidas a las de Portugal, aunque con una forma mucho más alargada (de Este a Oeste, la longitud de la isla ronda los 1.200 Km, como de Cádiz a Barcelona). La Habana tiene unos tres millones de habitantes y está muy extendida, debe ser algo más pequeña que Madrid, pero no mucho. Yo por lo menos me las imaginaba más pequeñas, tanto la isla como la ciudad.

Junto a La Habana existe una bahía, del mismo nombre, que constituye un magnífico puerto natural, lo que debió motivar la elección de ese emplazamiento para construir la ciudad. La bahía tiene una estrecha salida al mar, por un canal de 3 ó 4 km de largo y 1,5 km de ancho. El lado Este del canal está completamente fortificado: en el extremo que da al mar se encuentra el Castillo de El Morro, y en la parte que da a la bahía una fortaleza de mayor tamaño, San Carlos de la Cabaña. En el lado Oeste del canal, a su orilla, está la vieja Habana, punto desde el cual ha crecido la ciudad en todas direcciones.



La Habana fue una ciudad española desde su fundación en 1515 hasta 1898. En ese año, tras la derrota de España en la guerra contra Estados Unidos, pasó a manos norteamericanas hasta que tuvo lugar la independencia definitiva de Cuba en 1902. A partir de esa fecha la isla mantuvo una fuerte influencia norteamericana hasta la llegada de Fidel Castro al poder en 1959. Desde esta última fecha hasta la actualidad, parece no haber pasado nada en la ciudad -al menos nada que sea apreciable con el sentido de la vista-, como si se hubiera detenido el tiempo.

En esta asombrosa interrupción de la historia, producida en 1959, reside gran parte del encanto actual de La Habana.

La ciudad tiene una parte antigua, “Habana Vieja”, bastante grande (edificada entre los siglos XVI y XVIII). A comienzos del s. XIX se derribaron las viejas murallas medievales y a partir de entonces se fue construyendo un Ensanche (“Centro Habana” primero, “Vedado” posteriormente) semejante a los de Madrid o Barcelona, y en general a los que podemos ver en muchas ciudades españolas.

En el s. XX continuó el crecimiento de la ciudad, aparentemente así: en paralelo al mar se edificó una zona de evidente inspiración norteamericana (“Miramar”), con amplias avenidas arboladas, casitas unifamiliares, y la clásica franja de césped separando las aceras de las calzadas; hacia el interior se fueron construyendo casitas más modestas, que van haciéndose de peor calidad, hasta convertirse prácticamente en chabolas, a medida que nos alejamos del centro.

La zona más exterior de la ciudad no la llegamos a visitar, sólo la pudimos ver fugazmente desde el autobús en las idas y venidas al aeropuerto, y no la puedo valorar adecuadamente. En las demás zonas de la ciudad que he mencionado, calculo que el 60% de los edificios pertenecen a la época española, el 35% fueron construidos entre 1900 y 1959, y sólo el 5% restante serán posteriores a la revolución de 1959.

A la sucesión continua de edificios antiguos se unen los numerosos coches americanos de los años 50 que se conservan en circulación, para crear en conjunto una atmósfera que se me antoja única en el mundo. El paso del tiempo sólo se percibe por el estado calamitoso de los edificios, que no parecen haber recibido ningún mantenimiento desde 1959. Algunos edificios, sobre todos los que se encuentran en los lugares más estratégicos, están siendo rehabilitados ahora, seguramente como forma de promover el turismo, que se ha convertido en la principal fuente de divisas del país -si no la única-.

Llama la atención el hecho de que, si bien parece claro que los edificios de la parte vieja y del ensanche debieron pertenecer originariamente a familias acomodadas, quienes los habitan en la actualidad son casi exclusivamente personas de raza negra (que, dicho sea de paso, están también en Cuba en la parte baja de la pirámide social). Supongo que tras la revolución todas esas casas serían expropiadas a sus dueños y cedido su uso a gente pobre sin hogar, quienes son (ellos o sus descendientes) sus ocupantes actuales. Eso sí, no debieron adjudicar a cada familia un piso entero, sino una única habitación, porque los edificios se veían completamente abarrotados de gente y con ropa colgando en muchas de sus ventanas.

Otra cosa llamativa es la inmensa cantidad de personas de todas las edades que ves en la calle sin hacer aparentemente nada. La mayoría de charleta, y otros muchos sentados simplemente en el escalón del portal de su casa, mirando al vacío. En los lugares por los que pasamos donde había cubanos trabajando (alguna tienda, los restaurantes, los museos, hasta en el propio “resort”) se advierte un exceso de personal “contratado” (en puridad son todos funcionarios, pues todo pertenece al Estado –incluso en los hoteles extranjeros tiene un porcentaje mayoritario de propiedad-). En tales lugares hace su trabajo, a ritmo cansino, alguno de los allí presentes (una de las cinco personas que haya, pongamos por caso), mientras que el resto, las otras cuatro personas, están charlando amigablemente de sus cosas.

En Cuba circulan dos monedas: el peso “nacional”, usado por los cubanos, y el peso “convertible”, que utilizan los turistas. El peso convertible se compra con Euros u otra divisa en los hoteles (a 1,33 pesos por cada Euro), y equivale a 24 pesos nacionales. Los cubanos ganan al mes, de media, alrededor de 300 pesos nacionales, esto es, unos 10 Euros.

Los cubanos poseen unas cartillas de racionamiento para poder comprar productos de primera necesidad, a precios proporcionales a sus parcos ingresos, en unas tiendas específicas llamadas “bodegas”; no parece, sin embargo, que la cartilla te garantice que vayas a conseguir los productos que tienes asignados, pues dichas “bodegas” apenas tienen mercancía a la venta (todos estos detalles nos los contó una guía que tuvimos el primer día, con una demostración práctica incluida –entrada en una "bodega" con su propia cartilla de racionamiento en la mano-).

Para comprar comida aparte de las “bodegas”, los cubanos disponen de mercadillos callejeros donde conseguir algunas frutas y verduras a bajo precio, así como de unos “mercados agropecuarios”, más abastecidos pero más caros, en los que la gente del campo viene a vender sus productos –siempre a precios fijados por el Estado-. No entramos en ninguno de estos mercados, así que no sé si se podía comprar en ellos también carne o pescado.

Por lo que pude observar en el vuelo interior que hicimos –al tratarse de un avión de hélice no volaba muy alto-, apenas se cultiva la tierra, y eso que la ausencia de arbolado en muchas zonas indica que en algún momento esas tierras han sido explotadas. Desde el cielo se ve una autopista sorprendentemente buena que cruza la isla, aunque sin apenas tráfico y menos de camiones. No parece que exista un mecanismo eficaz de producción y distribución de alimentos en funcionamiento, más bien da la impresión de que con esa figura de los “mercados agropecuarios” el Estado ha decidido acercar a la ciudad la economía de subsistencia de que debe imperar en el campo.

En paralelo a la economía propia de los cubanos, existe la economía del peso convertible para los turistas. Hay restaurantes donde se puede comer bien y barato para nosotros (unos 20 pesos por cabeza), y unos centros comerciales llamados “Cubalse” (por “Cuba al servicio del extranjero”) bien surtidos de productos envasados de origen latinoamericano, europeo –España principalmente- o chino, y con precios parecidos a los nuestros. Apenas había productos frescos, tan solo algo de verdura, un poco de carne de vaca (a 10 pesos/kilo), y nada de pescado.

La gran novedad económica de los últimos tiempos en Cuba es que ahora permiten entrar a los cubanos en estos centros para extranjeros, pues antes les estaba prohibido. De hecho, en el centro al que íbamos nosotros cerca del hotel había muchos más cubanos que extranjeros. El problema es que para ellos los precios en esos centros son prohibitivos (un kilo de carne equivale a un sueldo mensual), y para poder pagarlos han de buscarse la forma de conseguir pesos convertibles de la única manera posible: a través de los turistas.

Finalmente, una cuestión muy positiva que debe destacarse es la seguridad pública, mucho mejor -estoy convencido- que la que habrá en los países del entorno. Nosotros paseamos mucho por nuestra cuenta y no tuvimos ningún problema ni sensación real de que pudiésemos tenerlo. Claro que no se nos ocurrió pasear de noche, ni nos metíamos por las zonas con apariencia más degradada. Se te acercan muchos cubanos para entablar una conversación contigo e intentar, de uno u otro modo y con cualquier excusa, venderte algo, cambiarte dinero, que les compres algún objeto, o prestarte algún servicio para recibir a cambio una propina. En definitiva, obtener de ti un pequeño beneficio económico. Y si bien se llega a hacer algo pesado, te abordan siempre con educación y sin más intención que esa. Esta seguridad resulta sorprendente, teniendo en cuenta que fácilmente puedes llevar en tu bolsillo el sueldo anual de un cubano. Hasta en esto de la seguridad parece que viven en otra época, en esos viejos tiempos de los que hablan los mayores, en los que no existía el crimen ni casi la maldad.

En definitiva, pasear por La Habana tiene algo de irreal, de incomprensible, no sólo es una visita a otro lugar sino a otro tiempo, por lo que resulta una experiencia verdaderamente novedosa.

Bien, vamos con las fotos:

1.- Plaza de la Catedral. El puro centro de La Habana Vieja.


2.- Plaza de las Armas, en la Habana Vieja. A la derecha, un mercado de libros de segunda mano.


3.- Rincón de la Plaza de las Armas.

4.- Y más Plaza de las Armas.


5.- Palacio de los Capitanes General, lugar donde vivían los gobernantes españoles y en la actualidad un interesante museo.

6.- Iglesia de San Francisco de Asís, en la Habana Vieja.



7.- En la calle que aparece en la foto siguiente está La Bodeguita del Medio. En La Habana pasa como en España, que están todo el día con el amigo Hemingway para arriba y para abajo, sólo que allí con mayor motivo pues vivió en la ciudad durante 20 años más o menos, desde el final de la guerra civil española (1939) hasta la revolución cubana (1959). Después de la revolución se fue a Estados Unidos, donde se suicidó al poco tiempo. La Bodeguita es conocida porque se tomaba allí los mojitos, y está siempre repleto de público anglosajón. Un día lo encontramos medio vacío y nos pudimos sentar en la barra un bueno rato a tomarnos un agua y unos mojitos. Debo confesar que, ignorante como era del sitio y de su historia, se me ocurrió pedir un daiquiri en lugar de un mojito....y no es algo que deba hacerse, jeje, es EL ANATEMA... Como avisa un cartel en la barra, que leí tarde, el propio Hemingway decía que "el mojito en la Bodeguita, y el daiquiri en el Floridita"

8.- Placita en la "Habana Vieja". Con esta foto quiero mostrar el árbol, muy característico en La Habana.

9.- Algunas de las pocas casas rehabilitadas en la Habana Vieja.

10.- Imagen de la zona que aquí estoy llamando "ensanche", y que se denomina allí "Centro Habana"

11.- Más "Centro Habana". La realidad cotidiana.



12.- Plaza del Capitolio. El edificio del fondo creo que era la casa de Asturias. O la de Galicia.

13.- El Capitolio. Es exactamente igual que el de Washington, sólo que un metro más alto y un metro más largo. A ver quién la tiene más idem... Ignoro la fecha de construcción, pero evidentemente debe ser de la etapa de influencia estadounidense.

14.- Edificio situado frente al Capitolio.

15.- Vista desde la Habana Vieja hacia el Castillo de El Morro y su faro.


16.- Vista desde el faro del Castillo de El Morro, hacia la parte vieja de La Habana y el interior de la ciudad. Al fondo, pasado el canal en primer plano, se abre la bahía de La Habana.

17.-Vista desde el mismo lugar, hacia a la parte vieja de La Habana y el comienzo del malecón que sigue la línea de la costa. El malecón, dicho sea de paso, tiene más fama que chicha.

18.- Salón de los Cretinos, en el Museo de la Revolución. Léase el cartel pinchando en la foto; estos cubanos a veces son entrañables...

19.- Salón de los Espejos, en el Museo de la Revolución.

20.- Este es el Paseo del Prado (conocido con ese nombre, que es el original, pese a que su denominación oficial hoy en día es el de Paseo de José Martí). Sigue el trazado de la antigua muralla, separando la ciudad vieja del ensanche del s. XIX. Dicen que se construyó tomando como modelo el Paseo del Prado de Madrid, pero también que se parece a las Rambas de Barcelona. Así que ya véis, nos meten a madrileños y barceloneses en el mismo saco, no saben lo que hacen jeje... Ya en serio, realmente tiene algo de los dos lugares.

21.- Este es el callejón de Hamel, un espacio dedicado al culto "santero" de origen africano que practica la población negra (no todos, supongo). Han pintado los edificios, como puede verse, de vivos colores.

22.- Finalmente, muestro aquí la entrada al barrio chino de La Habana, con su puerta característica. La ciudad cuenta con un barrio chino auténtico, poblado por descendientes de chinos venidos en el s. XIX. Cómo será la situación política y económica de Cuba que los chinos, capaces de sobrevivir y prosperar en cualquier entorno por tóxico que sea, ¡se están marchando de Cuba!


Y esto es todo. Me quedan muchas fotos curiosas en el tintero que colgaré algún día, por hoy ya está bien.

martes, 26 de agosto de 2008

Cayo Santa María, Cuba

Hace tres años pasamos cuatro días en un “resort todo incluido”, en Costa Rica. Para los que no conozcáis la fórmula del “resort”, se trata básicamente de estar todo el día tumbado sin hacer nada en un lugar que pone a tu disposición, además del alojamiento, una playa magnífica, una piscina inmensa, y toda la comida y bebida que quieras tragar. Pretende ser una especie de paraíso en la Tierra.

Personalmente no me gusta mucho estar tirado sin hacer nada, me atrae más la actividad, visitar sitios, etc… pero después de un año duro de trabajo, no deja de resultarme atractiva la posibilidad de no hacer ABSOLUTAMENTE NADA durante unos días.

Una vez en el “resort”, sin embargo, esa necesidad de no hacer nada que traes de equipaje desaparece sorprendentemente rápido. Los dos primeros días sientes que efectivamente estás descansando, y lo agradeces. Pero pasado más o menos ese tiempo, empiezas a percibir los efectos perniciosos de la inactividad absoluta, de llevar una vida regalada; caes en la molicie, y pasas a no ver con desagrado el día en que tendrás que marcharte y recuperar tu vida normal. Al menos para mí, el tiempo ideal de estancia en un sitio de esos no pasa de los tres o cuatro días (tampoco nos podríamos permitir muchos más, porque son sitios caros).

Si el “resort” se encuentra en zona tropical, uno de los factores que te aploman y te llevan a descartar cualquier arrebato de participar en alguna de las actividades que el "resort" te ofrece (son conscientes de que una inactividad total puede resultar perjudicial para sus clientes) es EL SOL. Desde las 10 de la mañana hasta las 5 de tarde tienes un sol inmisericorde encima de la cabeza, del que tienes que resguardarte a toda costa. A falta de una buena madriguera, no te queda otra que colocarte debajo de una sombrilla junto al mar o la piscina, y allí leer o dormitar durante todo el día.

La parte buena del trópico: EL AGUA. La sensación de entrar en el agua, tanto en el mar como en la piscina, no es la misma que aquí conocemos. En el trópico el agua no te recibe con ese golpe de frío con el que te encuentras en España invariablemente (y estoy pensando en el agua del mediterráneo y de las piscinas mesetarias, no en las puñaladas que te da el Atlántico), esa especie de rechazo inicial que debes superar antes de encontrarte plenamente a gusto en el agua. En el trópico el agua no te rechaza, sino que te abraza para protegerte del calor con su frescura. Suena bastante cursi, lo admito, pero es que es exactamente así, no hay otra forma de explicarlo. Merece la pena viajar al trópico sólo para poder meterte en el mar, preferiblemente a primera hora de la mañana y última de la tarde.

Pues así es la vida en un "resort" del trópico, con su parte buena y su parte mala. Tres años después de nuestra experiencia inicial, nos apetecía repetirla. Pasamos entonces a decidir el país y a buscar un viaje que nos permitiese conocer, además, algún sitio interesante. Nuestra elección fue Cuba, y el viaje que encontramos incluía una estancia de tres días en La Habana.

Y de este modo organizamos el viaje. Salvo La Habana, ciudad que hemos llegado a conocer relativamente bien, no vimos nada de Cuba, pues no era el objetivo principal de nuestro viaje. Si tuviera que organizar el viaje hoy día 26 de agosto, seguramente intentaría conocer Cuba mucho más a fondo (Pinar del Río, Viñales, Trinidad, Santiago…) y prescindiría del “resort”. Pero a finales de julio, lo que realmente me apetecía era el viaje que hicimos.

Después del rollo, aquí van algunas fotos del “resort” (las fotos de La Habana las incluiré en una o varias entradas posteriores), incluyendo los viajes de ida y vuelta. El “resort” estaba en Cayo Santa María, un islote que forma parte de un archipiélago situado al norte de la isla, en el estrecho de Florida (como dice una canción de Pablo Milanés, “en el centro de la isla, enfrente al enemigo”…)

Esta primera foto es del momento en que dejamos Europa para adentrarnos en el Atlántico.


El viaje dura nueve horas y media, por lo que se acaba haciendo agotador. Ya no sabes si andar por el pasillo, si ponerte a leer de medio lado, si hacer fotos raras, o qué...


Cuando ya vas llegando, cae la tarde...

Desde La Habana a Cayo Santa María teníamos que coger un vuelo interior. Por algún motivo no salimos del aeropuerto principal de La Habana, sino de un aeropuerto minúsculo que estaba muy cerca de allí. Se me ocurre un chiste que responde absolutamente a la realidad: era un aeropuerto tan pequeño, tan pequeño, tan pequeño, que la cola de facturación llegaba hasta la carretera de acceso... Así era, lo prometo.


El avión, aunque pequeño, era presentable. Algún día contaré, para los que no lo sepan, una anécdota muy simpática que nos sucedió en Costa Rica en un vuelo parecido, con un avión de un solo motor volando por los alrededores del huracán Katrina.

Las tres fotos siguientes son ya del "resort", de las piscinas.




La foto que sigue es del camino a la playa. Para llegar a ella había que atravesar una zona como de manglares -pero secos- por una pasarela de madera elevada. Sólo eran 100 metros. Al final, en la playa, te encontrabas con un chiringuito donde podías pedirte una bebida -gratis et amore, como todo-, si el paseo te había agotado.



Dos fotos de la playa, mirando a la izquierda y a la derecha respectivamente:



Ya viene la última foto. A nuestra vuelta a La Habana aterrizamos en el aeropuerto internacional José Martí, y desembarcamos en la terminal nacional que se muestra en la foto. Nos encontramos ya aquí con el primer eslogan, de los muchos que podías ver en La Habana. Podrían empezar con alguno más sencillo, la verdad, porque a mi éste me parece indescifrable: "Patria es Humanidad".


Como dato de interés diré que al buscar en el diccionario la palabra "eslogan" para verificar que era correcta en castellano (lo es), he descubierto en la Wikipedia su curioso origen. Dice que eslogan "viene del inglés slogan", y éste a su vez "del gaélico escocés slaugh-gheun, slaugh (guerra) y gheun (grito, o sea, grito de guerra)". Así que tenemos palabras gaélicas en español, que usaría el mismo Braveheart. Dicho sea de paso, la Wikipedia define el concepto de eslogan mucho mejor que el diccionario de la RAE: "es una frase memorable usada en un contexto comercial o político (en el caso de la propaganda) como expresión repetitiva de una idea o de un propósito publicitario para englobarlo y representarlo en un dicho"

¿Alguien tiene claro qué "idea" en encuentra detrás del eslogan "Patria es Humanidad"? Se agradecerá cualquier sugerencia.