He pensado dedicar esta a entrada a describir lo que hemos visto, con sus fotos correspondientes, para que la persona que no haya estado nunca en La Habana puede hacerse una idea de lo que es, y animarse a visitar esta interesante ciudad. Si acaso en una entrada posterior ya comentaré lo que pienso sobre el país y su situación actual, aprovechando que no vivo en Cuba y por tanto soy libre para decir lo que me dé la gana.
Daré antes alguna información general sobre La Habana para que se puedan ubicar mejor las fotos. Advierto, eso sí, que todos los datos que ofrezca proceden de cosas que he visto, oído o leído estando allí, pero cuya exactitud no me he preocupado de comprobar; no pretendo dar una información rigurosa, ¡que esto sólo es un hobby!
Empezaré diciendo que una visita a La Habana, o a Cuba en general, es muy recomendable sin ningún género de dudas. Si existiera un museo que tuviera a los países del mundo por objeto, Cuba merecería encontrarse en un anaquel preferente de la sala principal, junto con los especímenes más singulares de la colección. Ya sólo por esto, por lo extraño que resulta, debe visitarse el país y cuanto antes mejor, vaya a ser que cambie.
En la página web del Ministerio de Asuntos Exteriores recomiendan que al viajar a Cuba se lleve uno las medicinas que pueda necesitar (efectivamente no vimos allí ninguna farmacia o cosa parecida), medidas de protección adecuadas contra los mosquitos para evitar el contagio del dengue, enfermedad de la que se dice existe una epidemia no declarada (no sé si habrá dengue, pero mosquitos no había muchos), y que suscribas un seguro médico, ya que al parecer los tratamientos a los extranjeros los cobran en divisas y muy caros, a precios norteamericanos (esto, afortunadamente, no tuvimos ocasión de comprobarlo).
Lo primero que llama la atención, de Cuba y de La Habana, es el gran tamaño que tienen. La isla tiene una superficie y una población parecidas a las de Portugal, aunque con una forma mucho más alargada (de Este a Oeste, la longitud de la isla ronda los 1.200 Km, como de Cádiz a Barcelona). La Habana tiene unos tres millones de habitantes y está muy extendida, debe ser algo más pequeña que Madrid, pero no mucho. Yo por lo menos me las imaginaba más pequeñas, tanto la isla como la ciudad.
Junto a La Habana existe una bahía, del mismo nombre, que constituye un magnífico puerto natural, lo que debió motivar la elección de ese emplazamiento para construir la ciudad. La bahía tiene una estrecha salida al mar, por un canal de 3 ó 4 km de largo y 1,5 km de ancho. El lado Este del canal está completamente fortificado: en el extremo que da al mar se encuentra el Castillo de El Morro, y en la parte que da a la bahía una fortaleza de mayor tamaño, San Carlos de la Cabaña. En el lado Oeste del canal, a su orilla, está la vieja Habana, punto desde el cual ha crecido la ciudad en todas direcciones.

La Habana fue una ciudad española desde su fundación en 1515 hasta 1898. En ese año, tras la derrota de España en la guerra contra Estados Unidos, pasó a manos norteamericanas hasta que tuvo lugar la independencia definitiva de Cuba en 1902. A partir de esa fecha la isla mantuvo una fuerte influencia norteamericana hasta la llegada de Fidel Castro al poder en 1959. Desde esta última fecha hasta la actualidad, parece no haber pasado nada en la ciudad -al menos nada que sea apreciable con el sentido de la vista-, como si se hubiera detenido el tiempo.
En esta asombrosa interrupción de la historia, producida en 1959, reside gran parte del encanto actual de La Habana.
La ciudad tiene una parte antigua, “Habana Vieja”, bastante grande (edificada entre los siglos XVI y XVIII). A comienzos del s. XIX se derribaron las viejas murallas medievales y a partir de entonces se fue construyendo un Ensanche (“Centro Habana” primero, “Vedado” posteriormente) semejante a los de Madrid o Barcelona, y en general a los que podemos ver en muchas ciudades españolas.
En el s. XX continuó el crecimiento de la ciudad, aparentemente así: en paralelo al mar se edificó una zona de evidente inspiración norteamericana (“Miramar”), con amplias avenidas arboladas, casitas unifamiliares, y la clásica franja de césped separando las aceras de las calzadas; hacia el interior se fueron construyendo casitas más modestas, que van haciéndose de peor calidad, hasta convertirse prácticamente en chabolas, a medida que nos alejamos del centro.
La zona más exterior de la ciudad no la llegamos a visitar, sólo la pudimos ver fugazmente desde el autobús en las idas y venidas al aeropuerto, y no la puedo valorar adecuadamente. En las demás zonas de la ciudad que he mencionado, calculo que el 60% de los edificios pertenecen a la época española, el 35% fueron construidos entre 1900 y 1959, y sólo el 5% restante serán posteriores a la revolución de 1959.
A la sucesión continua de edificios antiguos se unen los numerosos coches americanos de los años 50 que se conservan en circulación, para crear en conjunto una atmósfera que se me antoja única en el mundo. El paso del tiempo sólo se percibe por el estado calamitoso de los edificios, que no parecen haber recibido ningún mantenimiento desde 1959. Algunos edificios, sobre todos los que se encuentran en los lugares más estratégicos, están siendo rehabilitados ahora, seguramente como forma de promover el turismo, que se ha convertido en la principal fuente de divisas del país -si no la única-.
Llama la atención el hecho de que, si bien parece claro que los edificios de la parte vieja y del ensanche debieron pertenecer originariamente a familias acomodadas, quienes los habitan en la actualidad son casi exclusivamente personas de raza negra (que, dicho sea de paso, están también en Cuba en la parte baja de la pirámide social). Supongo que tras la revolución todas esas casas serían expropiadas a sus dueños y cedido su uso a gente pobre sin hogar, quienes son (ellos o sus descendientes) sus ocupantes actuales. Eso sí, no debieron adjudicar a cada familia un piso entero, sino una única habitación, porque los edificios se veían completamente abarrotados de gente y con ropa colgando en muchas de sus ventanas.
Otra cosa llamativa es la inmensa cantidad de personas de todas las edades que ves en la calle sin hacer aparentemente nada. La mayoría de charleta, y otros muchos sentados simplemente en el escalón del portal de su casa, mirando al vacío. En los lugares por los que pasamos donde había cubanos trabajando (alguna tienda, los restaurantes, los museos, hasta en el propio “resort”) se advierte un exceso de personal “contratado” (en puridad son todos funcionarios, pues todo pertenece al Estado –incluso en los hoteles extranjeros tiene un porcentaje mayoritario de propiedad-). En tales lugares hace su trabajo, a ritmo cansino, alguno de los allí presentes (una de las cinco personas que haya, pongamos por caso), mientras que el resto, las otras cuatro personas, están charlando amigablemente de sus cosas.
En Cuba circulan dos monedas: el peso “nacional”, usado por los cubanos, y el peso “convertible”, que utilizan los turistas. El peso convertible se compra con Euros u otra divisa en los hoteles (a 1,33 pesos por cada Euro), y equivale a 24 pesos nacionales. Los cubanos ganan al mes, de media, alrededor de 300 pesos nacionales, esto es, unos 10 Euros.
Los cubanos poseen unas cartillas de racionamiento para poder comprar productos de primera necesidad, a precios proporcionales a sus parcos ingresos, en unas tiendas específicas llamadas “bodegas”; no parece, sin embargo, que la cartilla te garantice que vayas a conseguir los productos que tienes asignados, pues dichas “bodegas” apenas tienen mercancía a la venta (todos estos detalles nos los contó una guía que tuvimos el primer día, con una demostración práctica incluida –entrada en una "bodega" con su propia cartilla de racionamiento en la mano-).
Para comprar comida aparte de las “bodegas”, los cubanos disponen de mercadillos callejeros donde conseguir algunas frutas y verduras a bajo precio, así como de unos “mercados agropecuarios”, más abastecidos pero más caros, en los que la gente del campo viene a vender sus productos –siempre a precios fijados por el Estado-. No entramos en ninguno de estos mercados, así que no sé si se podía comprar en ellos también carne o pescado.
Por lo que pude observar en el vuelo interior que hicimos –al tratarse de un avión de hélice no volaba muy alto-, apenas se cultiva la tierra, y eso que la ausencia de arbolado en muchas zonas indica que en algún momento esas tierras han sido explotadas. Desde el cielo se ve una autopista sorprendentemente buena que cruza la isla, aunque sin apenas tráfico y menos de camiones. No parece que exista un mecanismo eficaz de producción y distribución de alimentos en funcionamiento, más bien da la impresión de que con esa figura de los “mercados agropecuarios” el Estado ha decidido acercar a la ciudad la economía de subsistencia de que debe imperar en el campo.
En paralelo a la economía propia de los cubanos, existe la economía del peso convertible para los turistas. Hay restaurantes donde se puede comer bien y barato para nosotros (unos 20 pesos por cabeza), y unos centros comerciales llamados “Cubalse” (por “Cuba al servicio del extranjero”) bien surtidos de productos envasados de origen latinoamericano, europeo –España principalmente- o chino, y con precios parecidos a los nuestros. Apenas había productos frescos, tan solo algo de verdura, un poco de carne de vaca (a 10 pesos/kilo), y nada de pescado.
La gran novedad económica de los últimos tiempos en Cuba es que ahora permiten entrar a los cubanos en estos centros para extranjeros, pues antes les estaba prohibido. De hecho, en el centro al que íbamos nosotros cerca del hotel había muchos más cubanos que extranjeros. El problema es que para ellos los precios en esos centros son prohibitivos (un kilo de carne equivale a un sueldo mensual), y para poder pagarlos han de buscarse la forma de conseguir pesos convertibles de la única manera posible: a través de los turistas.
Finalmente, una cuestión muy positiva que debe destacarse es la seguridad pública, mucho mejor -estoy convencido- que la que habrá en los países del entorno. Nosotros paseamos mucho por nuestra cuenta y no tuvimos ningún problema ni sensación real de que pudiésemos tenerlo. Claro que no se nos ocurrió pasear de noche, ni nos metíamos por las zonas con apariencia más degradada. Se te acercan muchos cubanos para entablar una conversación contigo e intentar, de uno u otro modo y con cualquier excusa, venderte algo, cambiarte dinero, que les compres algún objeto, o prestarte algún servicio para recibir a cambio una propina. En definitiva, obtener de ti un pequeño beneficio económico. Y si bien se llega a hacer algo pesado, te abordan siempre con educación y sin más intención que esa. Esta seguridad resulta sorprendente, teniendo en cuenta que fácilmente puedes llevar en tu bolsillo el sueldo anual de un cubano. Hasta en esto de la seguridad parece que viven en otra época, en esos viejos tiempos de los que hablan los mayores, en los que no existía el crimen ni casi la maldad.
En definitiva, pasear por La Habana tiene algo de irreal, de incomprensible, no sólo es una visita a otro lugar sino a otro tiempo, por lo que resulta una experiencia verdaderamente novedosa.
Bien, vamos con las fotos:
1.- Plaza de la Catedral. El puro centro de La Habana Vieja.
11.- Más "Centro Habana". La realidad cotidiana.
11 comentarios:
Hermosas fotos, sin duda la Habana es una ciudad interesantisima. Yo estuve sobretodo por la Habana vieja y vi poco más, bueno también vi parte de El Vedado porque me hospedaba en un hotel de por allí. El resto de barrios, en cambio, no pude visitarlos. Me consuela pensar que seguramente eso sea un incentivo más para volver a Cuba dentro de unos años, si la economía lo permite, claro :)
En fin, espero que al finals rectificases tu error y provases el mojito de la Bodeguita y el daiquirí del Floridita (sobretodo el daiquirí, ¡que no tiene desperdicio!)
Mi incentivo es ver el resto de la isla...
Efectivamente me tomé un mojito en La Bodeguita, muy rico, aunque me gustó más otro que tomé en El Jardín del Oriente (Plaza S. Franciso de Asís). Pero generalmente me pedía daiquirís porque me gustan más. Sin embargo no llegué a probar el daiquirí del Floridita, mira, otro motivo para volver...
De hecho lo que te tomaste en el El Jardín del Oriente no fue un mojito sino un daiquirí, por eso te gustó más. El mojito de la Bodeguita estuvo bien, pero para mi gusto el del Hotel Nacional estuvo mejor. Y el lugar, espectacular.
Saludos a todos.
pues vaya memoria que tengo...
Y cual es la diferencia entre uno y otro? El origen diferente del alcohol que se le pone en la bebida?...
Ambos tienen en común el ron blanco, el zumo de limón, el azúcar y el hielo, que serían los ingredientes del daiquiri, o como decían allí el daiquirí.
El mojito además lleva hierbabuena y soda (y en según qué recetas un poco de angostura).
Tienen una preparación y presentación diferentes, pero lo que les diferencia sobre todo es el sabor: el daiquirí es más bien dulce, mientras que en el mojito predomina más el ácido del limón y el sabor de la hierbabuena. Incluso, dependiendo de la preparación, suele tener un puntito amargo.
¡Qué sed me está entrando!
Hola Víctor ¡me han encantado tus fotos!, yo no conozco Cuba y gracias a todas tus amplias descripciones e ilustraciones, creo que he acrecentado en algo mi cultura.
Los lugares que más llamaron mi atención fue ese palacio de los capitanes, la plaza del gran árbol y la plaza donde estaban vendiendo libros de segunda mano ya que soy una gran aficionada a los mercaditos de ese tipo ya que uno nunca sabe las maravillas que se pueden encontrar.
Ojalá que si hagas esa entrada donde expreses tus opiniones sobre tus vivencias e impresiones del viaje; quizá si haces un contraste con la vida en España, nos podría quedar mucho más claro.
Bueno, pues los lectores asiduos a tu blog esperamos ver con que otras novedades nos sorprendes próximamente.
¡Saludos!
Bueno, pues me alegro de que provases el Daiquirí aunque no fuese en el Floridita. De ehcho, incluso mejor porque te saldría giual de bueno y más barato, pq el Floridita se ha convertido en un lugar de peregrinación turística ¿te puedes creer que cuando yo fui no había ni un solo Cubano/a que no fuesen los camareros? (a parte de los músicos omnispresentes en toda Cuba, claro) Nose, la Bodeguita, tiene ese toque más popular porque a parte de ordas interminables de turistas tambien ves a algún que otro autóctono... En fin, yo no tuve el placer de provar el mojito del Hotal Nacional pero también tiene bastante fama.
@ Myriam: No me paré a curiosear libros en el mercadillo y ahora me arrepiento, seguro que algo interesante hubiera encontrado. Sí, a ver si escribo más cosas de Cuba, que aquéllo es un filón inagotable.
@ Carol, Mati, Clara: Mucha sibarita veo yo por aquí...
Algunos de vosotros me habéis comentado en persona que la frase que incluyo en esta entrada sobre los chinos sonaba peyorativa, incluso racista. Bueno, evidentemente no está escrita con esa intención, y lo quiero aclarar aquí por si esa percepción es más general. Mi opinión es que los chinos son (hablando en general, claro) gente muy trabajadora, capaces de superar cualquier adversidad, lo que es una característica totalmente positiva. La crítica no iba dirigida a los chinos, sino al sistema económico cubano.
Por otra parte, ayer mismo algunos de vosotros, que habéis estado en China, me habéis comentado que los chinos no son tan trabajadores como yo me pienso, sino que realmente es el hecho de que sean tan numerosos lo que hace que produzcan tanto... tengo ganas de ir pronto a China para comprobar con mis propios ojos lo que allí se está cociendo, parece claro que estamos siendo testigos del nacimiento de lo que será la primera potencial durante varios siglos.
Algunos conocidos que han estado en La Habana prácticamente dijeron lo que tú, aunque quizás de otro modo: "...Tiene algo de irreal, de incomprensible, no sólo es una visita a otro lugar sino a otro tiempo...". Estoy convencida, aún sin haber pisado sus calles, de que es así. También estoy segura de que más de un bailessssito sabrosón me hubiese pegado... ¡azúcar! Ese Compay Segundo, ese Ibrahim Ferrer, esa Celia Cruz, esa Omara Portuondo, Olga Guillot, Beny More, Bola de nieve, los Valdés... y luego están los trovadores... Pablito Milanés, Vicente Feliú, Liuba Mª Hevia, Silvio Rodríguez... ains que me enrollo, pero es que... ¡menuda cuna/caudal musical!
Qué pena la cantidad de edificios maravillosos que se encuentran en tan lamentables condiciones. Y, sobre todo, qué pena... las penas de los cubanos.
Ejem, ejem... ¿quiénes serán, lari-laraaaa, esas dos personitas que se ven en un espejo-jo-jo? ;-)
Y a ver, los chinos... también tienen "su aquel", no precisamente en sentido positivo. Igual que to' quisque, independientemente de su nacionalité :-P
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