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martes, 2 de julio de 2013

Un momento magnífico

Sobre el manido tema de la crisis, llevo tiempo con una idea en la cabeza que me gustaría compartir con los lectores del blog.

Según la perspectiva ortodoxa del asunto, España se encuentra inmersa en una grave crisis económica y en el peor posible de sus momentos.

Quienes tienen una visión “radical” –por llamarlo de algún modo- del tema, consideran que la raíz del problema se encuentra en el sistema politico-económico, que habría fracasado. Abogan, en consecuencia, por un cambio de sistema. A grandes rasgos, sería la opinión que -en España- mantienen Izquierda Unida, o los famosos “indignados”.

Quienes son partidarios del sistema, por el contrario, entienden que la crisis obedece a un problema coyuntural: básicamente, a la interrupción del crédito. Defienden la necesidad de adoptar “políticas de crecimiento”, burdo eufemismo para no utilizar las palabras “aumentar la deuda”, o “darle a la maquinita de hacer dinero”. También a grandes rasgos, es la opinión de los principales partidos políticos (PP, PSOE, UPyD, CIU, PNV).

La idea que pretendo compartir sería una perspectiva más bien heterodoxa del asunto. Y esta idea es la de que España se encuentra atravesando un momento magnífico de su Historia.

Evidentemente, quienes vivimos en el país tenemos más dificultades que unos años atrás. Mucha gente se enfrenta a situaciones muy graves (pérdida de empleo o de vivienda), y el resto de los ciudadanos también tenemos, en mayor o menor medida, nuestros propios problemas. Todo esto ya lo sé, porque lo veo y lo vivo todos los días. 

Pero no estoy pensando ahora en la concreta generación que en el momento presente habita el país, sino al país entendido como entidad o cuerpo social que trasciende a las generaciones. Es en este segundo sentido en el que pienso que España se encuentra en un buen momento.

Una explicación resumida de esta idea, sería la siguiente. El diagnóstico ortodoxo anterior me parece bastante simplista (al menos en lo referido a España, que es lo que conozco). Y es que la crisis económica –que indudablemente existe-, no es una causa, sino un mero efecto. Es un síntoma. La causa que se encuentra detrás de la crisis económica es una crisis política. Y esta crisis política también tiene su propia causa que la precede y genera: una crisis ética en la población. En esta crisis ética es donde se encuentra la raíz verdadera del problema.

Para empezar, es muy fácil constatar que el origen de la crisis económica se encuentra en una crisis política. Por poner un único ejemplo, y no extenderme todo lo que podría, me limitaré a recordar lo que ha ocurrido con las entidades bancarias. Los bancos privados españoles no han necesitado recibir ayudas del Estado. Tienen problemas, pero los están solventando por sus propios medios (básicamente, a costa de sus clientes), sin necesidad de recabar dinero del contribuyente. Han sido exclusivamente las cajas de ahorros, gestionadas por los políticos -con criterios políticos y no profesionales-, quienes han generado un agujero negro financiero de tal calibre que el Estado no ha podido cubrirlo por sus propios medios, viéndose obligado a pedir el auxilio de la Unión Europea (el famoso rescate).

Los políticos, que no son tontos, rápidamente transformaron las "cajas" en "bancos" cuando aquéllas colapsaron. De este modo, todas las entidades -tanto las que han recibido ayudas públicas como las que no- se denominan formalmente “bancos” hoy en día, lo que da pie a que se difumine el origen político del agujero y se confunda con un origen meramente financiero o bancario. Pero con este cambio de nombre no engañan a quienes no nos queremos dejar engañar: la realidad es que estamos pagando una ruina causada esencialmente por los políticos. 

Utilizo aquí el concepto de “política” en un sentido amplio, extensible a cualquier ámbito de dirección y toma de decisiones. En este sentido, me refiero también al mundo de la empresa privada. Y al igual que las decisiones de los políticos españoles han sido por lo general nefastas –motivadas muchas veces por el exclusivo interés individual de la reelección, o por su enriquecimiento personal, y no por el interés general-, también las decisiones de los empresarios se han dirigido, por lo general, a obtener un enriquecimiento rápido con el menor esfuerzo posible, y no a la voluntad de crear una empresa con la que obtener un beneficio a largo plazo como consecuencia derivada de una innovación o de una aportación genuina al progreso general de la sociedad.

Pero dentro de esa amalgama de “actuaciones directivas”, quienes más daño o beneficio pueden causar con sus decisiones y actitudes son, indudablemente, quienes más responsabilidades tienen. Y éstos son, fundamentalmente y antes que los empresarios, los políticos, que son quienes cuentan con el inmenso poder de escribir lo que quieran en el Boletín Oficial de rigor.

Hasta este punto del razonamiento se ha llegado con frecuencia, para terminar concluyendo que la culpa de todo lo que ocurre es de los políticos.

Pero esa conclusión no deja de ser, también, un poco simple. Y sobre todo muy sencilla, demasiado. Debemos avanzar un poco más.

Si viviésemos en una dictadura, si una persona se hubiese alzado con el poder contra la voluntad de los ciudadanos y estuviese tomando todas las decisiones políticas, podríamos con toda justicia echarle la culpa de todos los males del país.

Ahora bien, en España existen 400.000 políticos electos (o al menos esa es la cifra comúnmente aceptada). Y no se trata de 400.000 marcianos aterrizados en una meganave espacial, sino de 400.000 españoles como cualquiera de nosotros.

Indudablemente, se trata de un número lo suficientemente elevado como para que pueda considerarse –aunque sólo fuera por razones numéricas o estadísticas- como una muestra representativa del conjunto de la población española.

Pero ocurre, además, que se trata de personas a quienes hemos votado; esto es, son personas a quienes  los españoles hemos elegido libremente por considerar que son nuestros más válidos representantes.

Toca, pues, dejar de echar balones fuera, y mirar a nuestro interior. ¿Acaso los políticos actúan de manera diferente a como actuamos los ciudadanos al tomar nuestras decisiones personales? ¿Acaso nosotros sacrificamos siempre nuestros intereses personales por el interés general?

En mi opinión, la respuesta es que no. Los ciudadanos, a nuestro nivel, actuamos de forma muy parecida a como, a su nivel, lo hacen los políticos. No es una diferencia de esencia, sino de magnitud. Ellos hacen más daño sólo porque están en una posición más determinante, no porque sean peores.

Otra forma de verlo: si todos los españoles tuviésemos una ética individual intachable, sería matemáticamente imposible que existiese un solo político corrupto. Y si no fuesen “todos” los españoles los que tuvieran esa ética, pero sí al menos una “gran mayoría”, se podría llegar a colar algún político corrupto entre los 400.000 elegidos, pero difícilmente todos los políticos corruptos que existen.

En definitiva, la causa de la crisis política se encuentra en la previa crisis ética que afecta a los ciudadanos.

Y ahora viene la parte buena de la historia.

En los últimos tiempos, cuando uno abre un periódico o pone las noticias en la tele, se encuentra ante un desfile de “escándalos” que son objeto de enjuiciamiento por los jueces y tribunales. Todos conocemos a sus protagonistas, empezando por la familia real, continuando por representantes políticos de todo género y condición, y terminando por chorizos de medio pelo que prosperaron en la época de bonanza económica.

Sin duda, esta sucesión de relatos sobre las chorizadas producidas se puede hacer a veces cansada, por repetitiva. Pero, desde mi punto de vista, ESTO ES SENCILLAMENTE GENIAL, porque constituye justamente el tratamiento necesario y preciso para la enfermedad real que padece el país.

Esa cantinela de las “políticas de crecimiento”, o de los sistemas político-económicos alternativos, me parecen bobadas que se inventan los políticos para desviar la atención de la gente hacia los temas accesorios, y salvar su culo en las cuestiones fundamentales. Como en la celebérrima frase de "El Gatopardo", que todo cambie para que todo siga como está.

Lo verdaderamente eficaz -aunque sea a fuerza de ejemplo y repetición constante-, es que se grabe a fuego en conciencia de la gente que saltarse las normas establecidas, en beneficio de uno mismo y en detrimento del conjunto de la sociedad, es algo intrínsecamente malo. Sin excepción.

Y como creo que estamos en ese proceso de grabación, pienso que el momento es muy bueno.

Mi confianza, de todas formas, es limitada, pues los mecanismos mentales de auto-justificación son espectaculares. Mucha gente es capaz de indignarse con el malvado Urdangarín, y acto seguido falsear cualquier requisito para obtener alguna subvención pública, o pedir un servicio sin factura para evitar el IVA, etc.. Sin darse cuenta que, en el fondo, se trata de lo mismo.

En realidad, no confío demasiado en que los adultos vayamos a cambiar. Los adultos no cambiamos. Pero sí creo, o quiero creer, que este bombardeo mediático centrado en la condena a la corrupción puede provocar entre los más jóvenes una intolerancia absoluta ante el choriceo, el engaño, y la desidia en la gestión, llevándoles a guiar su conducta conforme a esa posición ética.

De ocurrir esto así, el momento actual de España sería infinitamente mejor que el pasado reciente –pasado en el que, al calor del crédito fácil, toda desidia o chorizada pasaba desapercibida mientras la economía iba supuestamente sobre ruedas-, y el futuro se presentaría muy prometedor.

Si unos españoles decentes comenzaran a elegir a unos políticos decentes, la economía funcionaría de maravilla.

Y sin duda ocurrirá que dentro de unos cuantos años la presente lección se olvidará, volveremos a vivir un tiempo de falsa bonanza, y finalmente nos encontraremos en una situación similar a la actual. Eso es una consecuencia necesaria del carácter cíclico de la Historia.

Pero si mi diagnóstico de la situación es el correcto (esto es, si todo lo que llevo escrito no fuera una sarta de tonterías sin sentido..), España se encuentra, ahora mismo, en la fase ascendente de la curva que representa los ciclos a largo plazo. ¡En un momento magnífico!


domingo, 3 de marzo de 2013

En diferido..

Un reciente cortometraje sobre la más rabiosa actualidad nacional..


jueves, 10 de enero de 2013

El templo de la sabiduría..

Una foto de la Biblioteca Nacional, tomada esta misma tarde.

jueves, 3 de enero de 2013

Las causas de las cosas


Hace un par de días he aprendido algo interesante que voy a tratar de compartir con vosotros. Digo que "voy a tratar" porque no sé si lo sabré explicar perfectamente bien. Vamos a probar.

Estudiando el problema de la inteligencia humana, del agente intelectivo, Aristóteles consideró como elemento esencial o definitorio de tal agente la realización de operaciones de autoconsciencia; esto es, la capacidad que tiene la consciencia humana de separarse de su propia materialidad circundante para analizarla desde fuera, para intervenir racionalmente sobre ella. 

Aristóteles atribuyó a este agente intelectivo un carácter natural, por considerar que su origen se encontraba en el propio ser humano; sin bien, en cuando que esas operaciones de autoconsciencia se encontraban fuera de las leyes de la necesidad natural, empleó el término “divino” para identificarlo. Llamó “vida divina” a esta capacidad humana de separación e intervención sobre la pura materialidad. 

Tras la muerte de Aristóteles, la escuela que fundó (el Peripato) se disolvió con bastante rapidez. Y entre finales del s. II y principios del s. I antes de Cristo, se produjo una división entre los comentaristas aristotélicos en lo relativo a la conceptuación del agente intelectivo. Esta división iba a tener importantes consecuencias para la posteridad. 

El agente intelectivo fue considerado: a) bien como un ente espiritual separado del cuerpo, o b) bien como un ente divino presente en el interior del cuerpo humano. 

La primera postura la adoptó inicialmente Temistio, a quien siguieron los pensadores medievales cristianos que utilizaron el aristotelismo para construir una teología sin las contradicciones platónicas (Santo Tomás de Aquino, como el más significado entre ellos). Estos pensadores convirtieron el agente intelectivo de Aristóteles en el alma humana real, a la cual conceptuaron como una entidad separada, responsable de las funciones espirituales que no proceden del cuerpo material. El alma humana dota al cuerpo de la capacidad intelectiva, y se separa de él tras la muerte para responder de sus actos ante Dios. 

La segunda postura antes indicada la adoptó Alejandro de Afrodisia. Este comentarista entendió que si el agente intelectivo se encuentra separado del cuerpo humano y es "divino", entonces es Dios. Toda la capacidad intelectiva del ser humano dependería entonces de lo que Dios infunda al cuerpo a través del alma. El ser humano se convierte en un mero receptáculo del agente intelectivo, o lo que es lo mismo, de Dios. Esta versión del agente intelectivo aristotélico la trasladó Averroes al islam.

De este modo, en el cristianismo se llegó a la conclusión de que, aunque el alma es espiritual, el hombre goza de libertad de acción. Tanto la ética como la política son obras libres humanas, sin perjuicio de la responsabilidad final de las almas ante Dios. 

Gracias a esta concepción de fondo, en el ámbito cristiano fue posible alcanzar la secularización durante la Ilustración. 

Por el contrario, en el mundo islámico se consideró que el ser humano carece de libertad de acción, y que no tiene aptitud alguna para construir una ética o una política puramente humanas. 

Debido a esta concepción de fondo, no se ha producido la secularización en el mundo islámico hasta ahora, y es tan complicado que alguna vez se consiga. 

Y esta es toda la historia.

Termino con una foto que he tomado esta tarde volviendo a casa. No tiene nada que ver con la entrada, sólo que me ha parecido que esta casa tiene una iluminación muy cuidada.

lunes, 10 de diciembre de 2012

La mona Chita

Gracias a unas palabras que nos dirige Jiggs -el mono-actor que representó el papel de la mona Chita en las películas de Tarzán-, obtenemos una descripción realista y fidedigna de la esencia animal, muy alejada de los tópicos buenistas y edulcorados que nos impone la moderna ideología animalista: imposibilidad biológica para apreciar los colores, y una mala hostieja general.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Nueva regla de ortografía

Me llegó hace unos días una regla de ortografía de nuevo cuño, que me ha sorprendido por su precisión, sencillez, claridad, y facilidad para ser recordada. 

Se trata de la siguiente: Los adverbios "qué", "quién", "cómo", "cuándo", "dónde" y "por qué", llevan tilde cuando, en el contexto en el que se encuentren, admiten a continuación la palabra "cojones".

Debemos hacer entre todos un esfuerzo por escribir y por hablar bien. 

jueves, 18 de octubre de 2012

Belchite (Zaragoza)

Continuando con la entrada anterior.... Desde Cariñena nos acercamos a visitar el pueblo de Belchite, situado a 42 km de distancia. Allí tuvo lugar una batalla durante la Guerra Civil española, que dejó la localidad arrasada. Después de la guerra, Franco decidió conservar las ruinas y reconstruir el pueblo entero a junto a ellas.

Las ruinas se pueden visitar por las mañanas, de 10 a 14 horas. No obstante, no debe ser difícil acceder a las mismas a cualquier otra hora, pues el recinto es muy grande y no está cercado (quizás ese horario se refiera sólo al minúsculo punto de atención al visitante, situado en el interior del antiguo arco que sirve como puerta de entrada a las ruinas). 

Este es el arco de entrada:


Bajo ese mismo arco tomé la foto siguiente, en la que se puede ver el comienzo de la calle principal del pueblo, por la cual se inicia la visita.


Uno puede caminar libremente entre las ruinas, que se extienden por una zona que tendrá aproximadamente un kilómetro de largo, por quinientos metros de ancho. El paseo, como se puede suponer, resulta sobrecogedor. Unas pocas fotos:











Y ahora viene el rollo filosófico que me sugirió esta visita. Me llamó la atención el contenido de la pequeña hoja informativa que te entregan en la entrada. En la hoja figura un plano del pueblo en ruinas, y la identificación de los edificios más destacados. Lo curioso del asunto es que la hoja contiene únicamente información sobre los aspectos artísticos de los edificios singulares (como por ejemplo, el dato de que la iglesia que sale en las fotos 5, 6 y 7, llamada de San Martín de Tours, es Patrimonio de la Humanidad). Pero no se hace en esa hoja ni la más mínima referencia al calamitoso estado en que se encuentran esos edificios que se dicen tan valiosos, o el pueblo entero... como si nada pasase, como si fuese lo más normal del mundo caminar por las calles de un pueblo en ruinas. 

Pienso que este silencio no es casual, ni producto de un error, sino la consecuencia de que -por increíble que sea- en España no parece posible todavía abordar el tema de la Guerra Civil desde una perspectiva histórica. ¡Y han pasado 75 años desde 1937! 

Comprendo que la generación de mis abuelos –la de las personas que vivieron y participaron en la guerra- no pudieran tener otra visión de la guerra distinta de la puramente personal. Lo injustificado sería lo contrario, pues evidentemente hay cosas que no se pueden olvidar. Pero los integrantes de esa generación han desaparecido casi todos, y los pocos que quedan tienen ahora alrededor de los cien años de edad. Puedo incluso comprender que dentro de la generación de mis padres –los nacidos en fechas próximas a la Guerra Civil-, que rondan ahora los 75 años de edad, puedan existir algunas personas incapaces de ver la guerra como un acontecimiento meramente histórico, por haber visto marcada su existencia de alguna forma esencial por ella. Ahora bien, que integrantes de mi generación –personas nacidas en torno a la muerte de Franco, que tenemos ahora alrededor de los 40 años-, no sean capaces de pensar en la Guerra Civil como una parte superada de la historia, es algo que verdaderamente me asombra. Y no hablemos ya de toda la gente de generaciones posteriores a la mía (que empieza a ser demasiado numerosa, jeje), que todavía se siente partícipe de una lucha contra Franco o contra la República.. 

Me parece a mi que la mentalidad española es demasiado proclive a crear mitos (religiosos, políticos, sociales.. la materia da un poco igual), y ajustar su pensamiento a esos mitos de una forma acrítica y comodona. Lo considero un síntoma de pereza intelectual, o de inseguridad, o vaya usted a saber de qué. En esto tenemos bastante que aprender de los anglosajones. 

Y es una pena, porque analizar el pasado con una perspectiva histórica resulta de la máxima utilidad; se pueden detectar y analizar los impulsos y las motivaciones de las generaciones pretéritas, los efectos positivos y negativos de unos y de otras, y obtener así conclusiones muy valiosas y de utilidad para la consecución de un progreso (verdadero) en el presente. Lo contrario -introducirse en la lucha del pasado (introducirse intelectualmente, por supuesto, sin jugarse realmente la vida en una trinchera)- supone revivir de forma continua el pasado, tropezando eternamente con la misma piedra como si de una maldición bíblica se tratase. De esta forma, el pasado deja de servir como instrumento de progreso, para convertirse en una condena al atraso.

Y a todo esto… ¿qué pasó en Belchite? Tuve que acudir a la wikipedia para enterarme de lo que ocurrió. El pueblo estaba ocupado por las tropas de Franco. El ejercito republicano (varias divisiones regulares y las Brigadas Internacionales), que tenía en ese momento como misión principal la recuperación de Zaragoza, se detuvo en su camino hacia esa ciudad para conquistar del Belchite, pues constituía un objetivo aparentemente fácil de conseguir. Sin embargo, el asunto no resultó tan sencillo. Finalmente los republicanos se hicieron con Belchite, pero el esfuerzo y el tiempo perdido en esa tarea les impidieron conquistar Zaragoza. Para la República se trató de una “victoria pírrica” (en el sentido correcto del término): una victoria aparente, que realmente constituye una derrota estratégica. Para los franquistas supuso un negocio propagandístico redondo, lo cual explica que, de todos los pueblos que resultaron destruidos en España, fuese precisamente Belchite el elegido para ser conservado, pues: a) los “responsables” del destrozo fueron los republicanos, dado que eran los atacantes, y b) los “héroes” de la batalla fueron los defensores franquistas, que no se rindieron y dieron su vida por la causa. Si todo lo anterior se explicara adecuadamente, llegarían los visitantes a algunas conclusiones interesantes, como que la historia la escriben los vencedores, y que los “símbolos” no siempre representan fielmente la realidad general que pretenden demostrar. Se recordaría incluso la importancia de mantener los objetivos principales frente a los accesorios, que comentaba el otro día. 

Pero el silencio histórico no se limita al folleto que te entregan en la entrada del pueblo, sino que se extiende a la existencia misma de estas ruinas de Belchite. Yo supe que de su existencia hace años, ojeando un antiguo libro de viajes por España. Pero no recuerdo haber visto, leído u oído jamás ninguna publicidad, reportaje, artículo o comentario, sobre este lugar tan especial. 

¿Qué se podría haber hecho con este lugar (tras el fallecimiento de Franco, se entiende), o qué se podría hacer todavía? Si uno reflexiona sobre los acontecimientos que allí se produjeron con una visión histórica, tiende a sentir por igual todas las muertes que se causaron, y a comprender mejor la tragedia que supone una guerra. Una función muy evidente de este lugar (aunque sea un poco manido, todo sea dicho) sería la defensa de la paz, claro está. 

Y se me ocurre una idea más, muy positiva, que transmite una visita a las ruinas de Belchite en estos tiempos de crisis que nos atenazan, y es la siguiente: si después de una guerra que destrozó moral y materialmente el país, España fue capaz de salir adelante.. ¿cómo no vamos a superar una crisis meramente financiera? 

Pero no, por el momento se prefiere que este lugar permanezca enterrado en el olvido; y que si algún visitante despistado accede a ellas por casualidad, se vaya a su casa con la idea de que “las ruinas de Belchite son un testimonio del trabajo de nuestros antepasados, de las raíces y huellas de un pueblo y una cultura”, y de que “si alguna etiqueta estilística hay que poner a la villa, es la de mudéjar”. So ist das Leben.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Banco Malo

Cuenta hoy el periódico que ayer viernes nació un nuevo banco en España. Visto el panorama bancario patrio, esta noticia supone un soplo de aire fresco. ¡Por fin una buena noticia! ¡Por fin un atisbo de esperanza! ¡Un banco nuevo, sin problemas! ¡Qué ganas tengo de acudir a las oficinas de ese nuevo banco, este próximo lunes a primera hora, para depositar allí los ahorros, domiciliar la nómina, y contratar un plan de pensiones! Mi nuevo banco se llama Banco Malo. 

lunes, 13 de febrero de 2012

El milagro..

El milagro del carrito de la compra que caminaba sobre las aguas...

by Gamberretes Locales

sábado, 12 de noviembre de 2011

"¿Ahora es usted quien miente?

Tras el debate electoral del otro día, leí en algún sitio que, en un momento dado, Rubalcaba le habría soltado a Rajoy: “Ahora es usted quien miente”… Esa frase, dicha en un debate electoral, es un bomba, pues supone un reconocimiento expreso por parte de quien la pronuncia de que previamente ha mentido. Y claro, una cosa es que alguien te acuse de mentir, y otra muy distinta reconocerlo abiertamente.

Para comprobar si era cierto o no lo que había leido, busqué ese momento del debate en la red, y aquí lo traigo.

El episodio es confuso. Rubalcaba corta repentinamente el final de la frase, y no queda claro si dice (o quiere decir) “ahora es usted quien miente” o “ahora es usted quien me interrumpe”. Rajoy le había acusado durante el debate tanto de mentir como de interrumpir, por lo que ambas frases concuerdan con el contexto.

No sé qué pensar, incluso viendo ahora despacio las imágenes (durante el debate, todo esto me pasó desapercibido).

De un lado, puede interpretarse que Rubalcaba realmente quiere decir “ahora es usted quien miente”, pero que corta a tiempo la frase cuando comprende lo que eso implica. Y que Rajoy se da cuenta, pero decide perdonarle la vida y continuar su frase diciendo “.. le interrumpo”, dando por bueno que fuera eso lo que Rubalcaba quería decir.

De otro lado, en el momento de cortar la frase Rubalcaba dice claramente “… me-inte”, y no “miente”, por lo que parece que quería decir verdaderamente “me interrumpe”. Pero en ese caso no se explica por qué corta la frase tan abruptamente, en lugar de simplemente terminarla.

En fin, simples curiosidades para la mañana del sábado.. :-)




viernes, 1 de julio de 2011

La SGAE y los encuadres..

Este mediodía he pasado frente a la sede de la SGAE mientras se producía su registro por parte de la Guardia Civil.

Aquí, la foto del acontecimiento:


Pero hete aquí que, en la misma foto, he recogido inadvertidamente otro acontecimiento.. que se pone de manifiesto eligiendo un encuadre adecuado para la imagen: la historia de la joven periodista que tonteaba con un agente de la Benemérita, mientras cubría la noticia de un registro policial.


Y mientras tanto, el pobre Teddy detenido..

sábado, 28 de mayo de 2011

Freddy

Después de escuchar las noticias de hoy, no me resisto a subir este video.

Algunas frases sueltas que se pueden escuchar en él: queremos a Freddy de líder… algunos aquí no respetan las reglas… no te compliques la vida y cede a los barones… jajaja, estos Madness, ¡fueron unos visionarios!



Cambiando de tema, y ya más en serio, aprovecho para enviarle un abrazo a Carol, que está viviendo muy de cerca los acontecimientos de la Plaza de Cataluña en Barcelona.

Y de paso, le deseo suerte al FC Barcelona en la final que juega ahora dentro de un rato. A ver si nosotros nos sacamos pronto de encima la peste del Mourinho y del Florentino, joer..

lunes, 25 de abril de 2011

Sobre la lluvia y las procesiones (refutación).

Quiero que conste mi completo desacuerdo con el contenido de la entrada anterior.

La suspensión de procesiones por causa de la lluvia no revela –como pretende esa entrada infumable- una supuesta falta de practicidad de los devotos (o, generalizando, del pueblo español en su conjunto); sino, por el contrario, el acusado sentido práctico de unos y de otros.

Las evidencias demuestran que las procesiones no constituyen un acto religioso, sino un acto social.

Si se tratase de un acto religioso, las procesiones no se suspenderían por un pequeño inconveniente natural como es la lluvia; igual que no se suspenden las misas de los domingos, ni la obligación de asistir a ellas, cuando llueve.

La procesión es, pues, un acto social; un acto que presenta una característica singular: no tiene por objeto la exaltación del mensaje, sino de los mensajeros.

Si tuvieran por objeto el mensaje, las procesiones no se suspenderían por un pequeño inconveniente natural como es la lluvia, igual que no se suspende una manifestación política -o de cualquier otra índole-, sólo porque llueva. Uno va con paraguas, y se aguanta.

Pero ocurre que la procesión es un acto social que tiene por finalidad esencial la marcha ordenada y solemne de sus asistentes, del pueblo (humano) engalanado que pretende ver y ser visto.

Así las cosas, resulta manifiestamente absurdo realizar una procesión bajo la lluvia, con todas las buenas gentes del lugar ocultando sus ropas más destacadas bajo abrigos muy parecidos, y escondiendo sus caras bajo los paraguas.

Si algo es absurdo, lo práctico es prohibirlo. Y la forma más sencilla y práctica de prohibir procesionar bajo la lluvia, no es otra que contar con una talla de madera policromada del año catapún, que no se pueda mojar, ni tampoco meter bajo una campana de metacrilato para no alejarla del pueblo.

Esta práctica solución proporciona, además, un efecto positivo de naturaleza emocional: la talla se convierte en una eficaz protectora de los fieles, como corresponde a toda divinidad.

lunes, 18 de abril de 2011

Sobre la lluvia y las procesiones.

Ya empezamos. Todos los años por estas fechas, pasa lo mismo.

Enchufas la tele, y aparecen en la pantalla unos nazarenos que, capirote en mano, lloran a moco tendido.

El motivo de tanto dolor es que llueve, o amenaza lluvia, y su cofradía decide no salir en procesión por temor a que el agua deteriore la imagen que lleva el paso (lo que ocurre cuando se trata de una talla de madera policromada del año catapún).

Estos nazarenos han visto cómo se les arruinaba un evento que habían estado esperando y preparando durante todo un año, y los pobres sufren; los espectadores (denominados devotos) que pretendían acompañar la procesión (tos maqueaos), tampoco están para grandes alegrías, y algunos lloran igualmente.

Y yo me pregunto: si tan importante resulta para estas personas –muchas de ellas, hombres hechos y derechos- salir en procesión (como para que no poder procesionar les haga llorar de una forma tan desconsolada), y si tanto tiempo, dinero y esfuerzo invierten en el acontecimiento… ¿por qué no disponen de una puñetera campana de metacrilato para cubrir el paso en caso de lluvia? ¿tan caro es el metacrilato? ¿no tiene el Papa un papamóvil que le pasea a cubierto? ¿por qué no emplean ese tiempo que dedican los lloros, a la búsqueda de soluciones?

No tengo nada contra las procesiones, ni contra los nazarenos, ni contra los devotos, que conste; pero no consigo entender esa actitud de impotencia y derrota (hablo ahora en general) ante problemas aparentemente tan simples.

Joer, ¿es que hace falta ser inglés para tener un mínimo sentido práctico?

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Una de controladores aéreos..

Inauguro con esta entrada una sección de provocaciones varias, ya veremos qué vida tiene.

Esta primera se refiere a un tema muy local, previsiblemente de poco interés para los habituales lectores extranjeros.. pero claro, es el material que tengo más a mano.

Muy frecuentemente vemos alguna persona, en la prensa o en la tele, parafraseando la conocida reflexión de “primero se llevaron a los comunistas, y guardé silencio porque yo no era comunista; después se llevaron a los judíos, y guardé silencio porque tampoco soy judío; un día vinieron a por mi, y no quedaba nadie para protestar…”

La reflexión es magnífica, indudablemente. La pronunció un pastor protestante, Martin Niemöller, al terminar la Segunda Guerra Mundial. Su interesante historia y su contenido completo se pueden consultar aquí.

Esta reflexión se escucha, invariablemente, en boca del “representante” (más o menos autoproclamado) de algún colectivo que se siente perjudicado por alguna modificación legislativa.

Recientemente se ha montado un buen bochinche en España con el asunto de los controladores aéreos, esos reputados apestados sociales. Una buena mañana, el gobierno cambió sus condiciones de trabajo de forma dudosamente legal; esa tarde, abandonaron sus puestos de trabajo, de forma manifiestamente indebida; y a la mañana siguiente, el gobierno “les militarizó”, declarando un “estado de alarma” dudosamente constitucional, para obligarles a volver a sus trabajos bajo amenaza de meterles un buen paquete.

A cuenta de este “estado de alarma” y de la privación de derechos que supone, me llamaba la atención que nadie hubiese alzado todavía la voz para pronunciar, por enésima vez, la reflexión antes mencionada.

Finalmente, alguien lo ha hecho. Lo hicieron ayer dos representantes de los controladores –cómo no-, en un programa de televisión cuyo video pongo al final. Pero, de nuevo, es una “parte afectada” quien utiliza la famosa reflexión en su beneficio o defensa.

A lo que quiero llegar, es a que la reflexión de marras sólo tiene sentido cuando la utiliza alguien que NO haya sido perjudicado por la medida de que se trate. Ahí está la gracia de la frase y la clave del asunto: en saber colocarse en el lugar del perjudicado, sin serlo; y no en que el propio perjudicado la tenga que usar para defenderse. Los controladores aéreos son los comunistas o los judíos de esta película, y somos los demás ciudadanos quienes, por mucha tirria que les tengamos por lo que hicieron, deberíamos defender sus derechos.. si no queremos que, algún día, nos “militaricen” a nosotros. ¡¡Señor, sí, señor!!