domingo, 30 de septiembre de 2012

Un portal.

Aproximación a un portal de Madrid, aparentemente inofensivo. 



lunes, 24 de septiembre de 2012

Iñaki Ochoa de Olza

Buscando vídeos para la entrada anterior, me crucé en youtube con algunos otros que me trajeron a la memoria una vieja historia; una historia que quizás le suene a algún lector español. 

Es la historia de un montañero navarro que quedó atrapado a gran altura en el Annapurna, y de los esfuerzos que se hicieron para rescatarle. Esto ocurrió en el año 2008. 

Recuerdo haber seguido los acontecimientos por la radio, aunque había olvidado ya el nombre del chico y los detalles del rescate. Ahora, al ver estos vídeos, he conocido los hechos con más profundidad, y me ha parecido que la historia merecía ser recordada. Tanto por la interesante personalidad del montañero, Iñaki Ochoa de Olza, como por el valor que demostraron las personas que se lanzaron a su rescate. 

Subo tres vídeos. El primero contiene una entrevista a Iñaki Ochoa realizada en el año 2007. Y los dos vídeos siguientes contienen la primera y segunda parte, respectivamente, de un reportaje realizado para TV en el año 2010 sobre todo lo ocurrido. La historia es de las que te atrapan, aunque -ya lo anticipo- no termina bien.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Jon Krakauer: "Mal de altura"

Hace unos días terminé de leer un libro que me ha encantado. Se titula “Into thin air” -traducido al español como “Mal de altura”- (Ed. Desnivel, edición de 2008) obra del escritor/periodista/alpinista Jon Krakauer. Este libro es la “crónica de una tragedia en el Everest”, ocurrida durante la temporada de escalada del año 1996. Fue publicado pocos meses después de los hechos.

El autor trabajaba entonces para una revista de montañismo. La revista le propuso que escribiese un artículo sobre la creciente explotación comercial del Everest. Para ello debía unirse a una expedición comercial (estas expediciones que llevan a la gente a la cima a cambio de un dinero), y contar desde dentro sus experiencias.

Y al tipo le sonrió la fortuna -periodísticamente hablando-, porque ese año y en su presencia se desencadenó una tragedia. Un día de buen tiempo coincidieron en la cumbre varias expediciones (unas treinta personas en total). A primera hora de la tarde, cuando todavía había escaladores en la cumbre o incluso llegando a ella, se desató repentinamente una tormenta. Murieron en total ocho personas, y otras cuantas salieron de allí con congelaciones más o menos graves.

El libro trata, en diversos pasajes, sobre un problema recurrente en el montañismo, que se puede hacer extensivo a muchas otras esferas de la vida.

Se trata de lo siguiente. La meta del alpinista cuando sube la montaña es, cómo no, alcanzar la cumbre. Sin embargo, existe (o debe existir, en una mentalidad racional) una meta superior a la anterior, que es la meta de volver a tu casa con vida.

La experiencia ha demostrado sobradamente que resulta muy peligroso hacer cumbre más tarde de una determinada hora (la hora dependerá de la cumbre que sea, de la distancia al último campamento, etc.., pero en general será en torno a la primera hora de la tarde), pues muchos accidentes mortales se producen en el descenso, cuando al montañero se le hace de noche, o le sobreviene un cambio de tiempo, o se le acaba el oxígeno, o simplemente le abandonan las fuerzas.

A medida que el objetivo se encuentra más cerca, más al alcance de la mano, se hace más fuerte el impulso de llegar a la cumbre, y más difícil tomar la decisión de parar y dar media vuelta; esta proximidad a la cumbre, unida a la circunstancia de que a ocho mil metros de altura parece ser que no se piensa con claridad, provoca que, con cierta frecuencia, los alpinistas supediten la meta superior (el regreso a casa), a la consecución de una meta que es -o debería ser- inferior (llegar a la cumbre).

Y aquí estaría la enseñanza o moraleja general: no hay que perder nunca de vista los objetivos finales de cada uno, ni sacrificarlos por objetivos intermedios que previamente –con la cabeza fría- no se habían definido como finales. Y que resulta crucial mantener la “razonabilidad de las expectativas”, como dijo Roberto una vez.

El autor del libro consiguió coronar antes del límite horario que los integrantes de su expedición se habían autoimpuesto –límite que no todos respetaron-. Tuvo muchos problemas en el descenso, pero finalmente sobrevivió. Otros montañeros fallecieron, en medio de una confusión generalizada sobre la situación y los movimientos de cada uno, provocada por la tempestad y por la noche.

El autor se entrevistó posteriormente con todos los testigos presenciales que pudo localizar, y trató de reconstruir pormenorizadamente los acontecimientos según ocurrieron. Se produjeron diversos conflictos morales derivados, básicamente, del riesgo y sacrificio personal que supone ayudar a un semejante a ocho mil metros de altura. 

La versión de los hechos contenida en el libro fue rebatida por otro de los montañeros presentes (el kazajo Anatoli Boukreev), que dio su propia versión en un libro publicado un año después ("The Climb", traducido al español como “Everest 1996”, Ed. Desnivel). Tras la publicación de este segundo libro, Krakauer escribió una nota de complemento a su libro inicial, contestando a las objeciones planteadas por Boukreev. La polémica no duró mucho porque Boukreev se mató muy poco después en el Annapurna. No he leído (todavía) el libro de Boukreev, pero por la contestación que dio Krakauer deduzco que no hay apenas divergencias entre ambos en cuanto a los hechos ocurridos, sino que la discusión se refiere más bien a la atribución de responsabilidades por la tragedia. 

En la época en la que escribió el libro, Jon Krakauer era un buen alpinista, pero no un “profesional” (si es que se puede decir así). Había escalado montañas complicadas, pero nunca de tanta altura. Cuenta en su libro que él, al igual que muchos otros alpinistas aficionados, había perdido el interés por el Everest cuando la montaña comenzó a popularizarse, y a ser escalada por personas muy poco preparadas, o de mucha edad, merced a los servicios prestados por las expediciones comerciales sobre las cuales trataba precisamente el artículo que debía escribir originalmente. Compartía la opinión general de que el Everest era una montaña fácil que ya podía ser escalada casi por cualquiera. 

¿Montaña fácil? En youtube hay algunos vídeos muy ilustrativos sobre la arista final que hay que salvar para llegar a la cita del Everest (se aprecia en esto video también la romería de gente que por allí circula… habrá mucho valiente en este mundo, pero yo no llamaría “fácil” a esa arista) 

Y en este último video, la arista final aparece a partir de 1:40.

viernes, 14 de septiembre de 2012

De tapadillo..

Dicen que, después de las vacaciones, debes reincorporarte al trabajo de forma paulatina, sosegada, con el fin de evitar que te den infartos u otros patatuses gordos. Este año no he podido seguir ese sabio consejo sanitario y he empezado con mucho, pero que mucho, lío, por lo que tengo el blog un poco abandonado.

Esta mañana he estado jugueteando un poco con el teléfono, de tapadillo.. :-) 


sábado, 1 de septiembre de 2012

Banco Malo

Cuenta hoy el periódico que ayer viernes nació un nuevo banco en España. Visto el panorama bancario patrio, esta noticia supone un soplo de aire fresco. ¡Por fin una buena noticia! ¡Por fin un atisbo de esperanza! ¡Un banco nuevo, sin problemas! ¡Qué ganas tengo de acudir a las oficinas de ese nuevo banco, este próximo lunes a primera hora, para depositar allí los ahorros, domiciliar la nómina, y contratar un plan de pensiones! Mi nuevo banco se llama Banco Malo.