domingo, 13 de septiembre de 2009

Heinrich Heine: "Sobre la historia de la religión y la filosofía en Alemania"


Muchas veces me paso por las librerías sin una idea preconcebida, sólo con la intención de comprar el primer libro que me parezca interesante. Eso sí, evito leer el típico resumen de la contraportada para que el editor no me chafe alguna trama, de modo que en tales casos mis únicos criterios de selección son autor, título, y tamaño. En alguna ocasión excepcional me he llevado a casa una obra que luego resultó ser una auténtica castaña; la mayor parte de las veces, acierto y el libro me gusta; y de tanto en tanto suena la flauta y se me cruza en el camino una auténtica joya. Y esto último me ocurrió hace unos meses con el libro que comento hoy.

Se trata de un breve ensayo, escrito en el año 1834, titulado “Sobre la historia de la religión y la filosofía en Alemania”. Por el título pudiera parecer una obra espesa y de escaso interés general, dedicada a una cuestión técnica y específica de un país; sin embargo, lo cierto es que aborda, en un lenguaje claro y sencillo, materias que son universales.

Heinrich Heine (1797-1856) se dedicó fundamentalmente a la literatura y la poesía, y por ello se le conceptúa como escritor y poeta. Pero fue también durante un tiempo discípulo de Hegel, perteneció brevemente a un movimiento político-literario de corte revolucionario (frente al absolutismo superviviente de la Revolución Francesa) llamado “Joven Alemania”, y trató a muchos escritores y pensadores destacados de la época (por ejemplo, a Marx), por lo que adquirió también una sólida formación filosófica y política.

Heine nació en una familia de judíos ortodoxos, convirtiéndose en su juventud al cristianismo -versión protestante- por los continuos problemas que le acarreaba su religión natal. Del libro que comento se desprende que su posición personal frente a la religión derivó en el panteísmo –frente al deísmo de judíos y de cristianos-. Tuvo ocasión y motivo a lo largo de su vida, por tanto, para reflexionar a fondo sobre la religión, por lo que en este ámbito sus opiniones resultan también muy valiosas. El ensayo que comento incluye una breve pero curiosa –por inhabitual- referencia al debate que se planteó también dentro de la religión judía, de forma análoga al que suscitó la reforma protestante frente a la iglesia católica.

Pero es un poeta el que escribe, y no un filósofo; como muestra del espíritu de este ensayo, transcribo unos párrafos del comienzo:

Si algún gran filósofo alemán echa una mirada a estas páginas se encogerá seguramente de hombros al ver el modesto corte de todo lo que aquí expongo. Tenga, empero, la bondad de pensar en que lo poco que yo digo está expresado clara y precisamente, mientras que sus propias obras, sin duda muy profundas, inconmensurablemente profundas, meditadas, estupendamente meditadas, son fabulosamente incomprensibles. ¿Y de qué sirven al pueblo graneros cerrados para los que no tiene llave? El pueblo tiene hambre de saber y me agradece la miga del pan de espíritu que honradamente comparto con él.

Yo creo que no es la falta de talento adecuado lo que hace abstenerse a la mayoría de los sabios alemanes de expresarse en términos populares acerca de la religión y la filosofía. Creo que es más bien miedo a los resultados de su propio pensamiento, que no se atreven a comunicar al pueblo. Yo, en cambio, no tengo miedo, pues no soy un erudito, sino que soy pueblo mismo. No soy un erudito; no soy ninguno de los setecientos sabios de Alemania. Yo me sitúo, pues, con el gran montón, ante las puertas de su sabiduría, y si se les escapa cualquier verdad y llega hasta mí, puede estar segura de haber llegado todo lo lejos que tenía que llegar: yo la escribo con hermosas letras gordas en el papel y se la doy al obrero que compone para la imprenta; él la pone en plomo y se la da al impresor; éste la imprime, y aquella verdad pertenece desde entonces a todo el mundo
.

El libro está escrito en Francia y para los franceses. Heine se había trasladado a Francia con ocasión de la Revolución de 1830, y en ese ambiente liberal escribió este libro; su intención declarada al publicarlo era la de explicar a los franceses la filosofía alemana, y corregir la imagen deformada de ésta que, a su juicio, había transmitido un libro publicado en Francia algunos años antes (De l’Allemagne, de Madame de Staël).

En la contraportada de esta edición que me he leído se califica a la obra como “pequeño libro de vulgarización filosófica”. Quiero subrayar que a esa palabra “vulgarización” debemos darle en todo caso el sentido que tendría en el s. XIX, y no el significado puede tener hoy en día; pues lo que nuestros antepasados consideraban “vulgar” no se acerca ni remotamente a lo que hoy denominamos así (en ese aspecto hemos “avanzado” casi tanto como en las ciencias). Por tanto, aunque es un libro muy claro, conviene leerlo despacio y con atención para comprender perfectamente todo su contenido.

El libro se divide en tres partes. Su contenido –muy resumidamente- es el siguiente:

La primera parte se titula “Alemania hasta Lutero”. Nos habla en ella sobre la forma en la que la religiosidad pagana de los antiguos germanos –panteísta- fue asimilada (y deformada) por el catolicismo; y termina explicando las causas y consecuencias de la Reforma luterana.

En la segunda parte, titulada “De Lutero a Kant”, explica la evolución filosófica posterior a la Reforma. Fija su inicio en un pensador francés, Descartes, a quien atribuye la paternidad intelectual sobre Locke (padre del materialismo inglés) y Leibniz (padre del idealismo alemán). Como tercer “hijo” de Descartes, que llega para superar a los otros dos, sitúa a Spinoza (padre del panteísmo filosófico). Habla también en este capítulo sobre otros filósofos previos a Kant, como Wolf o Lessing.

Finalmente, en la tercera parte, que se titula “De Kant a Hegel”, nos habla sobre la filosofía de Kant, sigue con la de Fichte y Schelling, y termina con Hegel.

Nos encontramos –esto no debe olvidarse- ante un ensayo muy breve (el texto de Heine ocupa apenas 160 páginas). Por lo tanto, no explica la doctrina de los filósofos que cita en toda su presumible extensión, ni pretende hacerlo. Pero su lectura resulta tremendamente útil para quien no sea especialista en la materia, pues narra la doctrina esencial de cada autor, y –lo que es más importante, a mi juicio- describe, apoyándose en tales puntos esenciales, la evolución del pensamiento filosófico producido entre los siglos XVI y XIX con una envidiable claridad expositiva. No contiene una suma de informaciones estáticas sobre cada autor, sino una descripción dinámica de todo el proceso.

Considera Heine que en Alemania se había producido una revolución religiosa (Lutero) y una revolución filosófica (Kant), y se encontraba pendiente la revolución política. El libro finaliza con una premonición sobre cómo llegaría a ser esta futura revolución política alemana cuya lectura resulta sobrecogedora, pues en cierto modo parece anticipar la Segunda Guerra Mundial.

En fin, un gran libro.

4 comentarios:

Nautilus dijo...

Del conjunto de filósofos alemanes, me quedo con Kant y Leibniz. Y con Goethe -que no fue tan solo escritor, como aparece en mucha de las solapas de sus libros-. Son tres figuras gigantescas, sobre todo Leibniz. Su extraordinaria creatividad y potencia de descubrimiento lo ayudó a descubrir la Characteristica universalis y el Ars Combinatoria : un alfabeto perfectamente definido capaz de demostrarlo todo, mediante la abstracta combinaciones de sus letras y el análisis de los términos elaborados en ella. Prefiguró, así, toda la lógica matemática moderna. Tambien concibió una máquina calculadora, y eso por sus ideas acerca de la machina ratiocinatrix, "la máquina razonadora". Prefiguró, entonces, el programa de la inteligencia artificial. Leibniz tambien afirmó en su "Nuevo Ensayo Sobre el Entendimiento Humano" que una investigación sobre el significado de las palabras daría lugar a una teoría que explicara como pensamos los seres humanos. Claramente, esto es anticiparse a los propósitos de la lingüística moderna. Leibniz, el matemático, el filósofo, el lector omnisciente, el político, el intelecto universal. ¡ Dios mío ! Inluso descubrió el cálculo infinitesimal por cuenta propia, y se figuró una mejor notación que la de Sir Newton.
Kant no fue tan grande como Leibniz, pero de sus escritos se desprenden las distinciones de la lógica moderna acerca de las "proposiciones analíticas" y las "sintéticas", especulaciones interesantes sobre la "cosa en sí". Su teoría sobre la formación de los planetas, que siguió vigente hasta el siglo veinte -incluso creo que no está totalmente descartada-. Sin duda, uno de los mejores filósofos.
Sobre Hegel, y los otros, poco tengo que decir. Me parecen muy oscuros, demasiado vagos, como para creer que realmente han hecho algún aporte significativo. En todo caso, Schlegel, Schiller, Novalis, Scheleiermacher, aportaron más a la poesía que a la ciencia o la filosofía cientifica. En ese ámbito, entonces, recataría su pensamiento. Lo mismo se aplica a Schopenhauer, con su El Mundo Como Realidad y Representación. Tiene pasajes mágicos, vale la pena leerlo, pero no lo tomo -contrariamente a lo que pretende el- como una teoría sobre la realidad -o lo que creemos, mejor dicho, que es la "realidad"- sino como una interpretación subjetiva de su entorno.
Otro grande del pensamiento alemán fue W. von Humboldt. El lingüísta Noam Chomsky, dijo de él : "...fue una de los teóricos más profundos de la lingüística general y un precoz y tenaz defensor de los valores libertarios". Wilhelm von Humboldt tenía una gran idea sobre las lenguas naturales, afirmó que hacían "uso infinito de medios finitos", y esa idea no pude ser precisada hasta el siglo XX, donde las matemáticas se conviertieron en herramientas potentes para el análisis de la estructura sintáctica de las lenguas naturales.
Muy buena entrada, saludos.

Roberto dijo...

Después de lo dicho por Yamil, poco queda por agregar, Víctor.
Sólo que, a la vista de tu comentario sobre el libro, habría que ir rápidamente a comprarlo a la librería.
Saludos desde Buenos Aires.

Víctor dijo...

Hola Yamil... muchas gracias por tu comentario tan extenso y didáctico.

Seguramente el libro que comento te aporte a ti bastante menos que a otros lectores, pues ya conoces bien la materia, pero aun así creo que te resultará interesante, sobre todo porque recoge una visión muy cercana en el tiempo a los propios hechos e ideas que se describen (Heine fue contemporáneo de Kant y, lógicamente, de sus sucesores).

Heine le tiene a Leibniz una gran consideración intelectual, como no podría ser de otra forma, pero no comparte la idea de aplicar la lógica matemática a la fisolofía. En ese punto claramente vas a discrepar de Heine. Critica especialmente a Wolf (el seguidor de Leibniz)

Me apunto el libro que mencionas de Schopenhauer (espero que no sea muy gordo).

Sobre Humboldt...me leí una vez una biografía de su hermano Alexander, y me pareció un portento de personaje (un inciso para los lectores españoles: fue la persona que descubrió, entre otras muchas cosas, la meseta castellana...esto es, que el centro de España es una meseta). Menuda pareja de hermanos, los padres tenían que presumir bastante..

Víctor dijo...

Roberto, te recomiendo la misma edición cuya portada he colocado en la entrada. Tiene un buen comentario introductorio, e incorpora, al final, un texto redactado por Heine como prólogo a una edición posterior del mismo libro. Es interesante porque Heine había cambiado de opinión en cuestiones esenciales, pero aun así considera que debe volver a publicarlo tal como lo escribió (y eso que en el libro critica en un momento los cambios de opinión).. Es un texto muy bueno también.