domingo, 7 de julio de 2013

Parque Nacional de Timanfaya


El Parque Nacional de Timanfaya, en Lanzarote, abarca la parte de la isla que se vio directamente afectada por la gran erupción volcánica que tuvo lugar en el s. XVIII. Esta erupción se prolongó durante nada menos que seis años (1730-1736), y dejó como legado un brutal paisaje volcánico.

Se conserva un relato contemporáneo de los acontecimientos realizado por Lorenzo Curbelo, el cura del cercano pueblo de Yaiza. El manuscrito original se perdió, pero su contenido se ha conservado gracias a una traducción del texto que hizo un geólogo alemán (Leopold von Buch) a principios del s. XIX.

Según este texto, el comienzo de la erupción fue así:

"El 1 de septiembre de 1730, entre 9 y 10 de la noche, se abrió de pronto la tierra a dos leguas de Yaiza, cerca de Chimanfaya. Desde la primera noche se formó una montaña de considerable altura de la que salieron llamas que estuvieron ardiendo durante diecinueve días seguidos. Pocos días después se abrió una nueva sima, y una arrolladora corriente de lava procedente de ella se precipitó sobre Chimanfaya, sobre Rodeo y sobre una parte de Mancha Blanca. La lava corrió sobre los pueblos hacia el N, primero rápida como el agua, pero después con más dificultad, despacio como la miel. Pero el 17 de septiembre se levantó con un ruido atronador una gran roca surgida de las profundidades de la tierra que obligó a la corriente de lava a dirigirse hacia el NO y ONO en lugar de seguir hacia el N. La lava alcanzó entonces con mayor velocidad los pueblos de Macetas y Santa Catalina, situados en el valle, a los que destruyó. El 11 de septiembre se renovó la fuerza de la corriente de lava. De Santa Catalina cayó sobre Maso, quemó y cubrió totalmente la aldea y se precipitó luego como una catarata de fuego en el mar con un ruido horrible durante ocho días seguidos. Los peces flotaban muertos en cantidad indescriptible sobre la superficie de las aguas o eran arrojados a la orilla moribundos. Luego todo se calmó y la destructiva erupción pareció haber terminado..."

Volviendo al Parque Nacional actual, éste se puede atravesar en coche por un carretera que lo cruza de punta a punta. Y en esa carretera interior existen tres puntos donde puede uno dejar el coche en un parking y realizar una visita. Por orden de menor a mayor interés, las visitas son las siguientes:

1º.- El Echadero de los Camellos. En este punto te puedes subir a un dromedario y dar una pequeña vuelta. Puede ser un buen plan para quien vaya con niños, pero de otro modo no le veo excesivo interés. En cualquier caso, no se pierde mucho tiempo por parar a ver de cerca los animales, pues las caravanas de estos camellos que son dromedarios, salen desde el parking.


2º.- El Centro de interpretación de Mancha Blanca. Muy cerca de la entrada al Parque por el norte se encuentra este pequeño museo, donde te cuentan la historia del lugar y aprendes cosas sobre vulcanología. Nosotros lo visitamos muy rápido, quizás demasiado, porque queríamos llegar temprano a la visita de la que hablaré seguidamente para evitar colas. Pero me pareció que valía la pena.

Por una puerta algo escondida de este Centro, se sale al exterior y se accede a una pasarela de madera instalada sobre el mar de lava. Desde la rampa, la lava aparece como una superficie agresiva y absolutamente impracticable.





3º.- Las Montañas del Fuego. Este es el punto de verdadero interés. Para llegar a este lugar, te tienes que desviar de la carretera interior del Parque (te cobran entrada en una caseta situada en el propio desvío), y circular durante unos pocos kilómetros hasta llegar a un edificio situado en lo alto de una colina. Este edificio también es de Manrique. Allí dejas el coche, y te guían hacia unos autobuses que son los que realizan el recorrido turístico. A medida que se van llenando van saliendo.

La erupción no fue obra de un gran y solitario volcán, sino de numerosos pequeños volcanes. Los autobuses recorren esa zona central del Parque, deteniéndose en los puntos más relevantes del camino para que los turistas vayan viendo el paisaje y sacando sus fotos. El territorio es insólito, no tiene nada que ver con todo lo que haya visto uno antes. Por momentos te sientes sobre la superficie de otro planeta.

La única pega que se le puede poner a la visita es que los autobuses se caen de viejos.. recuerdan a los autobuses de saldillo que destinaban hace años a las rutas escolares. Sobre todo, me parece un fallo que no sean autobuses abiertos -como esos buses turísticos que se pueden ver en cualquier ciudad del mundo-, y más siendo Lanzarote un lugar donde apenas llueve y hace siempre muy buena temperatura. Tal como se dice ahora, la experiencia del usuario sería mucho más satisfactoria si pudiese disfrutar del mar de lava al aire libre.

Las cinco fotos que siguen están tomadas desde el autobús. En la primera de ellas, se puede ver en primer plano un surtidor de lava, y al fondo el mar. En la segunda foto, tenemos al fondo el pueblo de Yaiza. En la tercera, vemos un bucle del recorrido que sigue el autobús en medio del ambiente lunar (¡o marciano!). En la cuarta fotos, uno de los volcanes. Y en la quinta y última foto podemos ver, arriba a la izquierda, el edificio de Manrique desde el cual parten los autobuses que hacen esta visita.









En el edificio principal hay un restaurante con vistas, y un par de cosas curiosas de ver. Se nota que el vulcanismo del lugar sigue latente por el calor que emana de la tierra cerca de la superficie. Junto al restaurante, han excavado un pozo de unos cinco o seis metros de profundidad, de cuyo interior sale un calor notable. Al asomarte al pozo sientes en la cara un calor semejante al que notas en casa cuando abres el horno encendido. En la boca del pozo han instalado una parrilla, y sobre ella cocinan la carne que sirven en el restaurante mientras los turistas se la miran con ojos ansiosos.





Con ser gracioso el horno natural, no deja de parecerme un poco cochinada. Entre los metales pesados que vendrán del centro de la tierra, y las miasmas procedentes de los turistas, algún comensal puede acabar mu malamente.

Finalizo la serie de fotos con una imagen tomada fuera del Parque propiamente dicho -aunque muy cerca del mismo-, en la cual podemos apreciar la confluencia de lava y mar. Es un lugar llamado "El Hervidero", donde lo enrevesado de la línea de costa y las numerosas cuevas allí originadas, provocan un espectáculo de espuma en los días de temporal. Me lo puedo imaginar, porque verlo, lo que se dice verlo, nada de nada... el día que fuimos el mar era una balsa.



Y termino la entrada con un par de vídeos, ¡para que haya un poco de movimiento! El primer vídeo está tomado desde el autobús. Olvidé mencionar que te van "amenizando" el trayecto con explicaciones grabadas en diversos idiomas, y con una música tremendista. El Rex Tremendae del Requiem de Morzart, concretamente..



Y en el segundo vídeo sale una pequeña atracción que organizan para los turistas. Detrás, una pequeña parte del edificio principal del complejo.



¡Se acabó el paseo lunático!

martes, 2 de julio de 2013

Un momento magnífico

Sobre el manido tema de la crisis, llevo tiempo con una idea en la cabeza que me gustaría compartir con los lectores del blog.

Según la perspectiva ortodoxa del asunto, España se encuentra inmersa en una grave crisis económica y en el peor posible de sus momentos.

Quienes tienen una visión “radical” –por llamarlo de algún modo- del tema, consideran que la raíz del problema se encuentra en el sistema politico-económico, que habría fracasado. Abogan, en consecuencia, por un cambio de sistema. A grandes rasgos, sería la opinión que -en España- mantienen Izquierda Unida, o los famosos “indignados”.

Quienes son partidarios del sistema, por el contrario, entienden que la crisis obedece a un problema coyuntural: básicamente, a la interrupción del crédito. Defienden la necesidad de adoptar “políticas de crecimiento”, burdo eufemismo para no utilizar las palabras “aumentar la deuda”, o “darle a la maquinita de hacer dinero”. También a grandes rasgos, es la opinión de los principales partidos políticos (PP, PSOE, UPyD, CIU, PNV).

La idea que pretendo compartir sería una perspectiva más bien heterodoxa del asunto. Y esta idea es la de que España se encuentra atravesando un momento magnífico de su Historia.

Evidentemente, quienes vivimos en el país tenemos más dificultades que unos años atrás. Mucha gente se enfrenta a situaciones muy graves (pérdida de empleo o de vivienda), y el resto de los ciudadanos también tenemos, en mayor o menor medida, nuestros propios problemas. Todo esto ya lo sé, porque lo veo y lo vivo todos los días. 

Pero no estoy pensando ahora en la concreta generación que en el momento presente habita el país, sino al país entendido como entidad o cuerpo social que trasciende a las generaciones. Es en este segundo sentido en el que pienso que España se encuentra en un buen momento.

Una explicación resumida de esta idea, sería la siguiente. El diagnóstico ortodoxo anterior me parece bastante simplista (al menos en lo referido a España, que es lo que conozco). Y es que la crisis económica –que indudablemente existe-, no es una causa, sino un mero efecto. Es un síntoma. La causa que se encuentra detrás de la crisis económica es una crisis política. Y esta crisis política también tiene su propia causa que la precede y genera: una crisis ética en la población. En esta crisis ética es donde se encuentra la raíz verdadera del problema.

Para empezar, es muy fácil constatar que el origen de la crisis económica se encuentra en una crisis política. Por poner un único ejemplo, y no extenderme todo lo que podría, me limitaré a recordar lo que ha ocurrido con las entidades bancarias. Los bancos privados españoles no han necesitado recibir ayudas del Estado. Tienen problemas, pero los están solventando por sus propios medios (básicamente, a costa de sus clientes), sin necesidad de recabar dinero del contribuyente. Han sido exclusivamente las cajas de ahorros, gestionadas por los políticos -con criterios políticos y no profesionales-, quienes han generado un agujero negro financiero de tal calibre que el Estado no ha podido cubrirlo por sus propios medios, viéndose obligado a pedir el auxilio de la Unión Europea (el famoso rescate).

Los políticos, que no son tontos, rápidamente transformaron las "cajas" en "bancos" cuando aquéllas colapsaron. De este modo, todas las entidades -tanto las que han recibido ayudas públicas como las que no- se denominan formalmente “bancos” hoy en día, lo que da pie a que se difumine el origen político del agujero y se confunda con un origen meramente financiero o bancario. Pero con este cambio de nombre no engañan a quienes no nos queremos dejar engañar: la realidad es que estamos pagando una ruina causada esencialmente por los políticos. 

Utilizo aquí el concepto de “política” en un sentido amplio, extensible a cualquier ámbito de dirección y toma de decisiones. En este sentido, me refiero también al mundo de la empresa privada. Y al igual que las decisiones de los políticos españoles han sido por lo general nefastas –motivadas muchas veces por el exclusivo interés individual de la reelección, o por su enriquecimiento personal, y no por el interés general-, también las decisiones de los empresarios se han dirigido, por lo general, a obtener un enriquecimiento rápido con el menor esfuerzo posible, y no a la voluntad de crear una empresa con la que obtener un beneficio a largo plazo como consecuencia derivada de una innovación o de una aportación genuina al progreso general de la sociedad.

Pero dentro de esa amalgama de “actuaciones directivas”, quienes más daño o beneficio pueden causar con sus decisiones y actitudes son, indudablemente, quienes más responsabilidades tienen. Y éstos son, fundamentalmente y antes que los empresarios, los políticos, que son quienes cuentan con el inmenso poder de escribir lo que quieran en el Boletín Oficial de rigor.

Hasta este punto del razonamiento se ha llegado con frecuencia, para terminar concluyendo que la culpa de todo lo que ocurre es de los políticos.

Pero esa conclusión no deja de ser, también, un poco simple. Y sobre todo muy sencilla, demasiado. Debemos avanzar un poco más.

Si viviésemos en una dictadura, si una persona se hubiese alzado con el poder contra la voluntad de los ciudadanos y estuviese tomando todas las decisiones políticas, podríamos con toda justicia echarle la culpa de todos los males del país.

Ahora bien, en España existen 400.000 políticos electos (o al menos esa es la cifra comúnmente aceptada). Y no se trata de 400.000 marcianos aterrizados en una meganave espacial, sino de 400.000 españoles como cualquiera de nosotros.

Indudablemente, se trata de un número lo suficientemente elevado como para que pueda considerarse –aunque sólo fuera por razones numéricas o estadísticas- como una muestra representativa del conjunto de la población española.

Pero ocurre, además, que se trata de personas a quienes hemos votado; esto es, son personas a quienes  los españoles hemos elegido libremente por considerar que son nuestros más válidos representantes.

Toca, pues, dejar de echar balones fuera, y mirar a nuestro interior. ¿Acaso los políticos actúan de manera diferente a como actuamos los ciudadanos al tomar nuestras decisiones personales? ¿Acaso nosotros sacrificamos siempre nuestros intereses personales por el interés general?

En mi opinión, la respuesta es que no. Los ciudadanos, a nuestro nivel, actuamos de forma muy parecida a como, a su nivel, lo hacen los políticos. No es una diferencia de esencia, sino de magnitud. Ellos hacen más daño sólo porque están en una posición más determinante, no porque sean peores.

Otra forma de verlo: si todos los españoles tuviésemos una ética individual intachable, sería matemáticamente imposible que existiese un solo político corrupto. Y si no fuesen “todos” los españoles los que tuvieran esa ética, pero sí al menos una “gran mayoría”, se podría llegar a colar algún político corrupto entre los 400.000 elegidos, pero difícilmente todos los políticos corruptos que existen.

En definitiva, la causa de la crisis política se encuentra en la previa crisis ética que afecta a los ciudadanos.

Y ahora viene la parte buena de la historia.

En los últimos tiempos, cuando uno abre un periódico o pone las noticias en la tele, se encuentra ante un desfile de “escándalos” que son objeto de enjuiciamiento por los jueces y tribunales. Todos conocemos a sus protagonistas, empezando por la familia real, continuando por representantes políticos de todo género y condición, y terminando por chorizos de medio pelo que prosperaron en la época de bonanza económica.

Sin duda, esta sucesión de relatos sobre las chorizadas producidas se puede hacer a veces cansada, por repetitiva. Pero, desde mi punto de vista, ESTO ES SENCILLAMENTE GENIAL, porque constituye justamente el tratamiento necesario y preciso para la enfermedad real que padece el país.

Esa cantinela de las “políticas de crecimiento”, o de los sistemas político-económicos alternativos, me parecen bobadas que se inventan los políticos para desviar la atención de la gente hacia los temas accesorios, y salvar su culo en las cuestiones fundamentales. Como en la celebérrima frase de "El Gatopardo", que todo cambie para que todo siga como está.

Lo verdaderamente eficaz -aunque sea a fuerza de ejemplo y repetición constante-, es que se grabe a fuego en conciencia de la gente que saltarse las normas establecidas, en beneficio de uno mismo y en detrimento del conjunto de la sociedad, es algo intrínsecamente malo. Sin excepción.

Y como creo que estamos en ese proceso de grabación, pienso que el momento es muy bueno.

Mi confianza, de todas formas, es limitada, pues los mecanismos mentales de auto-justificación son espectaculares. Mucha gente es capaz de indignarse con el malvado Urdangarín, y acto seguido falsear cualquier requisito para obtener alguna subvención pública, o pedir un servicio sin factura para evitar el IVA, etc.. Sin darse cuenta que, en el fondo, se trata de lo mismo.

En realidad, no confío demasiado en que los adultos vayamos a cambiar. Los adultos no cambiamos. Pero sí creo, o quiero creer, que este bombardeo mediático centrado en la condena a la corrupción puede provocar entre los más jóvenes una intolerancia absoluta ante el choriceo, el engaño, y la desidia en la gestión, llevándoles a guiar su conducta conforme a esa posición ética.

De ocurrir esto así, el momento actual de España sería infinitamente mejor que el pasado reciente –pasado en el que, al calor del crédito fácil, toda desidia o chorizada pasaba desapercibida mientras la economía iba supuestamente sobre ruedas-, y el futuro se presentaría muy prometedor.

Si unos españoles decentes comenzaran a elegir a unos políticos decentes, la economía funcionaría de maravilla.

Y sin duda ocurrirá que dentro de unos cuantos años la presente lección se olvidará, volveremos a vivir un tiempo de falsa bonanza, y finalmente nos encontraremos en una situación similar a la actual. Eso es una consecuencia necesaria del carácter cíclico de la Historia.

Pero si mi diagnóstico de la situación es el correcto (esto es, si todo lo que llevo escrito no fuera una sarta de tonterías sin sentido..), España se encuentra, ahora mismo, en la fase ascendente de la curva que representa los ciclos a largo plazo. ¡En un momento magnífico!


lunes, 10 de junio de 2013

Lanzarote (III)

Aquí vienen unas cuantas fotos más de Lanzarote.

La foto que sigue es la primera de todas las que hice de la isla. Es una vista de la capital, Arrecife, tomada desde el avión mientras realizábamos las maniobras de aproximación al aeropuerto que ya vimos en la entrada Lanzarote-I.



La ciudad de Arrecife es como la típica capital pequeña de provincia española: una ciudad donde la gente camina despacio y se reconoce por la calle. Me dio la impresión que la ciudad debe servir como centro de negocios y de gestiones administrativas de los isleños, pero que vive completamente a espaldas del resto de la isla en cuanto a su actividad principal se refiere: el turismo. No obstante, tiene algunos rincones bonitos -como el paseo que rodea la pequeña laguna marina que existe en el mismo centro de la ciudad (a la izquierda en la foto de arriba), o las antiguas defensas costeras (en la parte superior de la misma foto)- que justifican una visita por parte del turista que acude a Lanzarote.







Uno de los atractivos de la isla son las playas. El agua del mar no es muy cálida, por lo que la presión turística sobre las playas es limitada. Las playas con mayor infraestructura turística se encuentran en la zona de Costa Teguise (foto que sigue)..



... pero es fácil encontrar y acceder a playas salvajes como estas:







Otro de los grandes atractivos de la isla es la paz y tranquilidad que se respira en sus pueblos del interior. A esta sensación de absoluta calma contribuye sin duda la arquitectura de la isla. Las edificaciones son todas -con excepción de alguna iglesia antigua- muy sencillas, con las paredes del color blanco de la cal, y con puertas y ventanas de madera pintadas de azul, verde, o marrón. He aquí alguno de estos pueblos, comenzando con Teguise:







Femés:



Caleta de Famara:



Yaiza:





En Yaiza se encontraba el restaurante acondicionado por Manrique (Rte La Era) al que me refería en la entrada Lanzarote-II. La gastronomía de la isla es muy simple, y semejante a la del resto de las islas Canarias. Está basada en los productos que ofrece la propia isla y el mar que la rodea, los cuales son preparados de forma natural y sencilla. En las fotos siguientes podemos ver un cherne a la plancha (el cherne es un pescado de allí, nunca lo he visto en la península), unas lapas también a la plancha, y las famosas "papas arrugás con mojo" (picón y verde)







Pero sin duda lo más llamativo, gastronómicamente hablando, es que en la isla se produce vino. No son vinos que gocen de fama en la península (más bien al contrario, las referencias que tenía es que se trataba de vinos más bien malillos), pero a mi me gustaron los que probé. Se trata de vinos mayoritariamente blancos, que pueden ser dulces o secos. A nosotros los dulces no nos gustan, de forma que pedimos siempre vinos secos. Son vinos suaves, frescos, algo afrutados, y en conjunto agradables de tomar, en parte por el placer de acompañar la comida de la tierra con vinos también de la tierra, y también porque en vacaciones todo le sabe bien a uno, jeje... Y además son baratos, pues en mesa la botella sale entre 12 y 17 Euros. El único vino tinto que probamos me pareció más flojete.. me recordó a los tintos de la Ribeira Sacra, nacidos también en una tierra de blancos.



¿Y cómo se cultivan las vides en una isla volcánica? ¡Pues con mucho mimo! En las fotos que siguen lo podemos apreciar. La primera está tomada en el mismo pueblo de Yaiza, y las dos siguientes en una zona de la isla llamada "La Geria", aledaña al Parque Nacional de Timanfaya.







Como se puede ver, colocan las vides en una pequeña hondonada excavada en el suelo, y las protegen del viento con un pequeño murete de piedra. Debe ser un trabajo de chinos, y la vendimia ni te cuento.

Y esto es todo por hoy. De Lanzarote me quedan un par de cosas interesantes que mostrar, por lo que probablemente subiré un par de entradas más en las próximas semanas. Hasta la próxima.

domingo, 2 de junio de 2013

Boquerones en vinagre

La semana pasada encontré en la pescadería unos boquerones que tenían un aspecto magnífico. Siempre los hago rebozados y fritos, pero esta vez se me ocurrió que podría prepararlos en vinagre. Nunca lo había hecho antes, de modo que estuve preguntando, mirando en libros, e investigando en internet. ¡No había una sola receta igual! Finalmente elegí una de ellas, y como el resultado ha sido bastante bueno la compartiré con todos vosotros.

En primer lugar, hay que elegir boquerones bien frescos y grandes en la pescadería. Conviene que sean grandes, porque reducen bastante con la preparación.

Una vez en casa, se les quita la cabeza, las tripas, y la espina. La receta que seguí pedía que se respetara la cola del pez (para lo cual hay que dejar un pelín de espina en ese extremo), a fin de que los dos lomos se mantengan unidos por ese punto. Así lo hice yo también, aunque no he terminado de comprender el sentido último de esto. Supongo que será porque te ahorra tiempo durante el resto del proceso de preparación, ya que te permite manejar los lomos fácilmente de dos en dos. En la foto siguiente vemos el antes y el después.



Una vez limpios los lomos, hay que enjuagarlos bien bajo el grifo, y luego dejarlos una hora sumergidos en agua fría en un recipiente en el que se introducen uno por uno con la piel hacia abajo. Eché hielo en el agua al principio, y otro poco más a la media hora. El objetivo de esto es que los peces se desangren completamente, pues la sangre en lo que produce manchas oscuras en el boquerón ya terminado, y un sabor más fuerte.



Como es sabido, conviene congelar el pescado crudo antes de consumirlo para eliminar la posible presencia del anisakis. La lógica -y la mayor parte de las recetas que he visto- indica que los lomos se congelen en este momento, esto es, después de limpiarlos y antes de macerarlos. En la receta que yo seguí, sin embargo, se congelan los boquerones después de la maceración. Dicho sea de paso, esta opción la escuche por primera vez hace tiempo, como un "consejo" que le daba un pescadero a una señora de esas que se manejan con soltura en el mundo de "la vez"

Bien, entonces en ese punto procedí a macerarlos. Los boquerones enteros pesaban más o menos tres cuartos de kilo. Para esa cantidad de pescado, usé 300 cl de vinagre de vino blanco, 100 cl de agua, un puñado de sal, y el zumo de un limón. Según aprendí durante mis averiguaciones previas, la sal contribuye a que el pescado quede más duro, y el limón a que quede más blanco (¿o era al revés?..), por lo que añadí los dos ingredientes a la mezcla. Sobre la cuestión de la proporción de vinagre/agua, e incluso sobre si hay que emplear agua o no, hay opiniones para todos los gustos. Lo que parece claro es que a mayor proporción de vinagre, menor tiempo de maceración se necesita. En mi caso, los tuve 2 horas macerando en la nevera. En la primera foto que sigue pueden verse los ingredientes usados (salvo el limón), y en la segunda el proceso en marcha.





Transcurrido ese tiempo, se sacan los pececillos uno por uno del recipiente de maceración y, sin escurrirlos, se pasan a otro recipiente donde los iremos colocando por capas, también con la piel hacia abajo, cubriendo cada capa con aceite. En este segundo recipiente los pondremos a congelar durante 48 horas.



¡Y esto es todo! Luego sólo hay que descongelarlos, aderezarlos con ajo finamente cortado y perejil fresco picado, y ya estamos listos para disfrutar de esta típica tapa española. ¡Tanto en plan bareto de mala muerte..



... como en plan más sofisticado!

domingo, 19 de mayo de 2013

Lanzarote (II)

La isla de Lanzarote cuenta con tres atractivos fundamentales: la naturaleza, la tranquilidad del ambiente, y la obra del arquitecto (y pintor, y escritor, etc..) César Manrique. Tiene algunas playas bonitas, pero comparte un grave problema con el resto de las islas Canarias: el agua del mar es más bien fría. Cuando llevas un rato en el agua te terminas acostumbrando, pero al entrar en ella por primera vez notas un dolor en los pies que te llega hasta el alma. Nada que ver con las aguas del Caribe, aguas en las que entras a gusto y te traen un recuerdo del pasado más remoto, de cuando flotabas despreocupadamente en el líquido amniótico.

La isla, como todas las Canarias, tiene un origen volcánico. La particularidad de Lanzarote se encuentra en que sufrió una enorme y larga erupción en una época relativamente reciente (entre los años 1730 y 1736), que generó grandes coladas de lava líquida y ha producido como resultado extensos campos de lava sólida, negros, yermos e impracticables. Por la carretera tiene uno la sensación, en momentos, de conducir con un coche alquilado sobre la superficie de la Luna.

Las coladas de lava crearon galerías subterráneas que discurren entre los volcanes situados en el centro de la isla, y el mar. Son como grandes tubos vacíos situados a poca profundidad, como puede verse en esta primera foto. Esta foto ayudará a comprender mejor alguna de las posteriores.



Bien, dedicaré esta entrada a César Manrique y su obra, y la siguiente a la isla propiamente dicha.

César Manrique fue un arquitecto lanzaroteño que creó un estilo personal, muy adaptado a la isla, con el que diseñó gran parte de los edificios o construcciones que se visitan en Lanzarote. Fuera de las Canarias sólo realizó un trabajo, la "dirección artística" del Centro Comercial La Vaguada, de Madrid.

Construyó su propia casa sobre un campo de lava. La casa tiene dos plantas, una a nivel de superficie, y otra subterránea. Ejecutó la planta inferior transformando las cavidades naturales del terreno en habitaciones, y aprovechando las chimeneas existentes en la lava para colocar lucernarios que llenan la casa de luz natural.

Estas dos primeras fotos son de la planta superior:





Y estas dos son de la planta inferior:





La foto que sigue pertenece a una sala de la primera planta, habilitada actualmente como museo. Atención al detalle de la lengua de lava que parece entrar por la ventana, con el volcán al fondo.



Las cinco fotos siguientes son de la obra más conocida de César Manrique, Los Jameos del Agua. El marco físico es uno de esos grandes tubos subterráneos naturales que antes comentaba, en un punto ya muy próximo al mar. En ese lugar, Manrique desarrolló un espacio con diversos usos: un restaurante, una piscina, un pequeño museo sobre vulcanismo, y un auditorio. Todo ello aprovechando la naturaleza, adaptándola más que alterándola.











Otra obra muy conocida y visitada de Manrique es el Mirador del Río. Realmente aquí lo interesante es la espectacular vista que se disfruta de unas pequeñas islas adyacentes a Lanzarote (La Graciosa, Alegranza, y Montaña Clara), pero de nuevo destaca el trabajo de Manrique por lo bien integrado que se encuentra el mirador en la naturaleza -en un acantilado, en esta ocasión-





La foto que sigue está tomada en el restaurante La Era, en el pueblo de Yaiza. Es una construcción tradicional de la isla que -según publicitaban- había sido rehabilitada por Manrique. No es un lugar que se visite, aquí vinimos a comer.



Para terminar, unas pocas fotos del Jardín del Cactus, también obra de Manrique.







En la próxima entrada subiré algunas fotos de la isla y su naturaleza. Lamentablemente, resulta imposible reflejar en la entrada de un blog la paz y tranquilidad que se respira en Lanzarote, ni la suavidad de su clima. Al final es lo que más echas de menos cuando vuelves a Madrid, y retomas el contacto con el trabajo, el tráfico, las prisas, el frío, etc.. Por cierto, que cuenta el periódico que el pasado viernes días 17 de mayo, Madrid fue la capital con la temperatura máxima más baja ¡en todo el mundo! Una pequeña de tregua, por favor..