Llevo (también) un considerable retraso con la sección de libros, situación que me propongo enmendar en las próximas semanas. Veremos en qué queda el propósito. Por lo pronto, comenzaré con la reseña de un libro que conocí no hace mucho gracias al blog de Carol: “La Isla”, de Aldous Huxley.
Me voy a permitir la licencia de “autocopiarme”, reproduciendo en esta entrada el comentario que hice sobre este mismo libro en su blog: me resulta más cómodo y sigue siendo válido, pues no he cambiado de opinión.
Me gustan en general los libros en los que se realiza una reflexión sobre nuestra sociedad, bajo una forma de parábola o de cuento más o menos fantástico (tipo “1984”, “Animal farm”, “Fahrenheit 451”, “Un mundo feliz”, o “La Isla”). Carol los incluye bajo el concepto de “Ciencia-ficción”, pero tengo mis dudas sobre esa categorización. Yo los denominaría más bien libros de “Sociología-ficción”. Es cierto que suelen incorporar algún elemento científico ficticio (por ejemplo, la droga “soma” en “Un mundo feliz”), pero ese elemento no opera en la obra como la causa del problema social en cuestión. El elemento científico se utiliza, en realidad, como un aderezo de la historia que se cuenta, como un apoyo técnico que se emplea para apuntalar lógicamente los puntos esenciales que sostienen el relato. La ficción principal es la sociológica, sin perjuicio de que accesoriamente se acompañe de una ficción científica. En cualquier caso, el calificativo que le demos al libro es lo de menos.
Pienso que “La Isla” no pretende realmente contar una historia, sino exponer una idea; se realiza en el libro la descripción novelada de una sociedad perfecta, cuyo funcionamiento se nos expone con todo detalle a través de una persona occidental –el protagonista-, que llega a una isla de oriente tras un naufragio, y a quien los lugareños le obsequian con un extenso tour por la isla. Pero no le muestran monumentos o parajes naturales (como haríamos normalmente al recibir a una visita), sino la perfecta organización social que han creado, basada en los principios budistas.
Nuestro protagonista, dicho sea de paso, tiene la misión secreta de promover un golpe de Estado en la isla que conduciría a la destrucción de su organización social; lo cual no parece casual, sino una manifiesta alegoría de la naturaleza perniciosa que Huxley atribuye a la civilización occidental (al menos en este libro).
Con el libro me ha surgido una duda de tipo práctico: ¿existe una versión política del budismo, o Huxley ha imaginado por su cuenta el sistema político que narra en el libro, a partir de las ideas budistas relativas a la persona individual? Lo ignoro por completo.
La experiencia parece demostrar que no es posible la existencia de una sociedad perfecta en el mundo real. Por lo que se hace agradable vislumbrar en el libro una de sus posibles formulaciones, y mantener viva, al menos mientras dura su lectura, la esperanza de que pudiera llegar a ser cierta algún día.
Al terminar de leer el libro pensé que debía tratarse de una obra de juventud de Huxley, pues esto de imaginar sociedades perfectas parece característico de esa época de la vida. Pero Huxley escribió el libro ya mayor, poco tiempo antes de morir, por lo que se diría que se mantuvo joven de mente hasta el final.
Me voy a permitir la licencia de “autocopiarme”, reproduciendo en esta entrada el comentario que hice sobre este mismo libro en su blog: me resulta más cómodo y sigue siendo válido, pues no he cambiado de opinión.
Me gustan en general los libros en los que se realiza una reflexión sobre nuestra sociedad, bajo una forma de parábola o de cuento más o menos fantástico (tipo “1984”, “Animal farm”, “Fahrenheit 451”, “Un mundo feliz”, o “La Isla”). Carol los incluye bajo el concepto de “Ciencia-ficción”, pero tengo mis dudas sobre esa categorización. Yo los denominaría más bien libros de “Sociología-ficción”. Es cierto que suelen incorporar algún elemento científico ficticio (por ejemplo, la droga “soma” en “Un mundo feliz”), pero ese elemento no opera en la obra como la causa del problema social en cuestión. El elemento científico se utiliza, en realidad, como un aderezo de la historia que se cuenta, como un apoyo técnico que se emplea para apuntalar lógicamente los puntos esenciales que sostienen el relato. La ficción principal es la sociológica, sin perjuicio de que accesoriamente se acompañe de una ficción científica. En cualquier caso, el calificativo que le demos al libro es lo de menos.
Pienso que “La Isla” no pretende realmente contar una historia, sino exponer una idea; se realiza en el libro la descripción novelada de una sociedad perfecta, cuyo funcionamiento se nos expone con todo detalle a través de una persona occidental –el protagonista-, que llega a una isla de oriente tras un naufragio, y a quien los lugareños le obsequian con un extenso tour por la isla. Pero no le muestran monumentos o parajes naturales (como haríamos normalmente al recibir a una visita), sino la perfecta organización social que han creado, basada en los principios budistas.
Nuestro protagonista, dicho sea de paso, tiene la misión secreta de promover un golpe de Estado en la isla que conduciría a la destrucción de su organización social; lo cual no parece casual, sino una manifiesta alegoría de la naturaleza perniciosa que Huxley atribuye a la civilización occidental (al menos en este libro).
Con el libro me ha surgido una duda de tipo práctico: ¿existe una versión política del budismo, o Huxley ha imaginado por su cuenta el sistema político que narra en el libro, a partir de las ideas budistas relativas a la persona individual? Lo ignoro por completo.
La experiencia parece demostrar que no es posible la existencia de una sociedad perfecta en el mundo real. Por lo que se hace agradable vislumbrar en el libro una de sus posibles formulaciones, y mantener viva, al menos mientras dura su lectura, la esperanza de que pudiera llegar a ser cierta algún día.
Al terminar de leer el libro pensé que debía tratarse de una obra de juventud de Huxley, pues esto de imaginar sociedades perfectas parece característico de esa época de la vida. Pero Huxley escribió el libro ya mayor, poco tiempo antes de morir, por lo que se diría que se mantuvo joven de mente hasta el final.

2 comentarios:
No he leído "La Isla". No sé el motivo de que no esté incluída en las O.Completas que tengo de Huxley. Derecho de editoriales, supongo, pero sí me has recordado algo mucho más antiguo; escrita en 1602 y publicada en 1623, tenemos
"La ciudad del sol" de Tomaso Campanella, que es una utopía social de la que beben casi todos, por no decir todos, los autores que nombras. Algunas miran el lado positivo desde el principio y en otras se llega a él con mucho sacrificio, o no se llega en absoluto, o se llega sólo para cambiar un sistema malo por otro igual de malo, como en el caso de "La granja de los animales".
En esta obra que te cito, de un hombre muy interesante se reivindican los precedentes ideológicos de los movimientos políticos contemporáneos.
Dale un vistazo a la Wiki; te interesará.
Y yo voy a intentar poner remedio, biblioteca mediante, a ese vacío que tengo en la obra de Huxley.
De acuerdo en que más que ciencia ficción es una especie de sociopolítica-ficción :)
Un abrazo, Víctor.
Vaya referencia más interesante que me das, Trenzas. No había oido nunca hablar de ese libro, este viernes me paso por la biblioteca a ver si lo encuentro. Un abrazo
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