Las dos últimas entradas me han sugerido esta otra que aquí comienza.
Morrissey, el cantante de los Smiths, me recordaba mucho físicamente a Oscar Schmidt, el jugador de baloncesto brasileño (tiene gracia que se apellidase precisamente con la versión alemana de “Smith”).
Pues bien, a este Oscar Schmidt le vi una vez jugar en vivo y en directo… ¡en Atenas! Pero el verdadero protagonista de esta historia es otra persona.
Me explico. A mediados de los años 80 me gustaba bastante el baloncesto. El equipo al que apoyaba era el Real Madrid, y el enemigo a batir en las competiciones europeas era siempre la Cibona de Zagreb.
La Cibona tenía un equipazo, pero entre sus jugadores había uno que sobresalía muy especialmente: Drazen Petrovic. Este hombre era una especie de Bestia Negra del Real Madrid, no hacía más que fastidiarnos. Era chulo, prepotente, provocador… todo lo malo lo tenía, pero también era un tirador excepcional, un competidor nato, y terminaba casi todos los partidos que jugaba como máximo anotador del encuentro. No había manera de ganarle. Bajo mi punto de vista ha sido el mejor jugador europeo de baloncesto que ha existido. Luego han salido otros muy buenos (el propio Pau Gasol), pero la superioridad técnica que demostraba Petrovic sobre sus compañeros de equipo y sus rivales no se la he vuelto a ver a nadie.
Un buen día el Real Madrid le fichó (en el año 1988, creo). Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Estuvo jugando un par de años en Madrid, y luego se fue a la NBA. En la NBA comenzó jugando poco, pero luego cambió de equipo y empezó a demostrar allí su valía… hasta que un día se mató en un accidente de tráfico.
Pues bien, con el Real Madrid llegó jugar una final europea (de la Recopa), en el año 1.989, contra el Snaidero de Caserta italiano, equipo de Oscar Schmidt (alias Morrissey).
La final se jugó en Atenas, en un pabellón que se llama “de la Paz y de la Amistad”. Tiene gracia el nombrecito que le pusieron al lugar, porque en esta cancha jugaban normalmente como local uno o los dos equipos de Atenas (Panathinaikos y Olympiakos), y el ambiente que se creaba allí dentro contra el equipo rival no tenía nada de pacífico ni de amistoso. El público griego tiraba a los jugadores del equipo contrario monedas, mecheros, piedras… incluso llegaban a arrancar con los dientes los asientos de plástico y a escupirlos hacia la cancha, ¡era la guerra! Afortunadamente, la final no era ese día contra un equipo griego.
El partido fue espectacular. El tiempo reglamentario terminó con empate, y se tuvieron que jugar dos prórrogas. El ambiente era de alta tensión, hasta el punto que los últimos minutos del partido se jugaron con decenas de policías rodeando la pista. Fue un duelo entre dos jugadores excepcionales, que se decantó a favor de Petrovic. Oscar Schmidt metió 44 puntos, y Drazen Petrovic la friolera de ¡62 puntos!
Por esas casualidades que tiene la vida tuve la suerte de ver el partido en directo, y no creo que vuelva a presenciar –deportivamente hablando- nada igual.
El video de youtube que pongo a continuación es un extracto de la retransmisión de ese partido que hizo la televisión española, con las imágenes de las canastas encestadas por Petrovic y Schmidt. Puede que no estén todas las canastas pues la retransmisión se cortó –según me contaron- en varios momentos, pero el ambiente de la final se capta perfectamente.
Morrissey, el cantante de los Smiths, me recordaba mucho físicamente a Oscar Schmidt, el jugador de baloncesto brasileño (tiene gracia que se apellidase precisamente con la versión alemana de “Smith”).
Pues bien, a este Oscar Schmidt le vi una vez jugar en vivo y en directo… ¡en Atenas! Pero el verdadero protagonista de esta historia es otra persona.
Me explico. A mediados de los años 80 me gustaba bastante el baloncesto. El equipo al que apoyaba era el Real Madrid, y el enemigo a batir en las competiciones europeas era siempre la Cibona de Zagreb.
La Cibona tenía un equipazo, pero entre sus jugadores había uno que sobresalía muy especialmente: Drazen Petrovic. Este hombre era una especie de Bestia Negra del Real Madrid, no hacía más que fastidiarnos. Era chulo, prepotente, provocador… todo lo malo lo tenía, pero también era un tirador excepcional, un competidor nato, y terminaba casi todos los partidos que jugaba como máximo anotador del encuentro. No había manera de ganarle. Bajo mi punto de vista ha sido el mejor jugador europeo de baloncesto que ha existido. Luego han salido otros muy buenos (el propio Pau Gasol), pero la superioridad técnica que demostraba Petrovic sobre sus compañeros de equipo y sus rivales no se la he vuelto a ver a nadie.
Un buen día el Real Madrid le fichó (en el año 1988, creo). Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Estuvo jugando un par de años en Madrid, y luego se fue a la NBA. En la NBA comenzó jugando poco, pero luego cambió de equipo y empezó a demostrar allí su valía… hasta que un día se mató en un accidente de tráfico.
Pues bien, con el Real Madrid llegó jugar una final europea (de la Recopa), en el año 1.989, contra el Snaidero de Caserta italiano, equipo de Oscar Schmidt (alias Morrissey).
La final se jugó en Atenas, en un pabellón que se llama “de la Paz y de la Amistad”. Tiene gracia el nombrecito que le pusieron al lugar, porque en esta cancha jugaban normalmente como local uno o los dos equipos de Atenas (Panathinaikos y Olympiakos), y el ambiente que se creaba allí dentro contra el equipo rival no tenía nada de pacífico ni de amistoso. El público griego tiraba a los jugadores del equipo contrario monedas, mecheros, piedras… incluso llegaban a arrancar con los dientes los asientos de plástico y a escupirlos hacia la cancha, ¡era la guerra! Afortunadamente, la final no era ese día contra un equipo griego.
El partido fue espectacular. El tiempo reglamentario terminó con empate, y se tuvieron que jugar dos prórrogas. El ambiente era de alta tensión, hasta el punto que los últimos minutos del partido se jugaron con decenas de policías rodeando la pista. Fue un duelo entre dos jugadores excepcionales, que se decantó a favor de Petrovic. Oscar Schmidt metió 44 puntos, y Drazen Petrovic la friolera de ¡62 puntos!
Por esas casualidades que tiene la vida tuve la suerte de ver el partido en directo, y no creo que vuelva a presenciar –deportivamente hablando- nada igual.
El video de youtube que pongo a continuación es un extracto de la retransmisión de ese partido que hizo la televisión española, con las imágenes de las canastas encestadas por Petrovic y Schmidt. Puede que no estén todas las canastas pues la retransmisión se cortó –según me contaron- en varios momentos, pero el ambiente de la final se capta perfectamente.
3 comentarios:
Oye, pues con lo que cuentas y con lo que se ve en el video realmente fue un evento para recordar.
A mi también me gusta el basket, me empezó a gustar más cuando salió la película de "Space Jam" (si, ya sé que eso no es un atecedente muy formal, pero ¡bueno!) y ahí admiré a MIchael Jordan y juraba que me quería comprar unos zapatos deportivos de bota como los de él :)
Los partidos de basket son de lo más emocionantes y aún más si son como los de mi universidad que los ambientan con música, entonces no hay nada mejor que presenciar un partido y entre todos llevar el ritmo de "We will rock you", todo un clásico para estos eventos :)
¡Saludos afectuosos!
Sí, en general los deportes son mucho más entretenidos cuando los ves en vivo y en directo. Y te puedes desahogar de todas las tensiones de la semana, cantando we will rock you o cagándote en la p..&%$* de alguien, según los gustos del consumidor :-D
En relación con lo que contaba en esta entrada, atención a una noticia que sale hoy día 08/06/2010en la prensa: 20 años después, los griegos siguen organizando batallas campales en el Pabellón de la Paz y de la Amistad, jeje
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