Observad la siguiente foto detenidamente, antes de seguir leyendo la entrada:
De noche, por la acera cubierta de un manto de nieve virgen, había pasado un niño. En lugar de perturbar el pacífico entorno a zapatazos, o levantando un muñeco de nieve, o escribiendo “tonto el que lo lea” o “Pepito es un cenutrio”, este niño paseante había escrito: “Quiero a mi familia”.
No debería ser así, pero me pareció una escena insólita… ¿alguien ha visto alguna vez una "pintada" semejante? Nada impide que la frase hubiera sido escrita por un adulto, bien es cierto, pero ese mensaje tan simple e inocente, ese rabillo infantil en la letra Q... parecen obra de un niño. De un niño completamente feliz.
Comprendo la frase porque yo también la firmaría. Pero hay niños que pueden tener motivos para no querer a sus familias; en la tele y en los periódicos encontramos ejemplos a diario. ¿Comprenderán ellos la frase?
Si, como se dice -y yo también pienso-, las vivencias determinan tus creencias.. ¿en qué creerán esos niños? Si hubiéramos visto una manzana ascender desde el suelo al árbol, ¿creeríamos en la ley de la gravedad?
Hoy he vuelto a escuchar un tango que me gusta, uno que puse hace tiempo en el blog como banda sonora de la entrada que elaboré con las fotos que me (nos) envío Roberto de Buenos Aires.
Con ese motivo he ido a leer de nuevo aquella entrada y….. jamalají jamalajá, he visto que el tango ha desaparecido. No funciona el gadget que había instalado, para ser más exactos. Los lectores antiguos recordaréis los problemas que tuve para conseguir subir música de aquella manera… pues se acabó, fue bonito mientras duró, me han debido cancelar la cuenta de googlepages que había abierto con ese fin.
De modo que lo voy a poner de nuevo, aprovechando una versión muy interesante de la canción que he encontrado en youtube. No es la representación del tango, sino una escenificación de la letra con dibujos. Vaya un aplauso para la creatividad de sus autores.
Se lo dedico especialmente a los amigos argentinos con quienes acabo de intercambiar comentarios en la entrada anterior. Y a cualquier otro lector (o lectora, ejem) a quien le gusten los tangos, por supuestísimo.
De visita por los blogs amigos, me he cruzado con dos ideas (entre otras). La primera, empezar el año con buena música; y la segunda, el uso de un retrato como mecanismo de conquista.
Con este par de mimbres, llegamos a Mozart y a su Flauta Mágica.
En esta escena que pongo a continuación (titulada, en traducción libre al castellano, "Esta imagen es fascinantemente bella"), le acaban de entregar al protagonista -Tamino- el retrato (a falta de fotos en la época) de una chica a la que no conoce, para comprobar su reacción ante la imagen.
Y resulta que el tipo se enamora automáticamente. El bendito cae con todo el equipo, queda completamente K.O.
Según el contador, este blog acaba de cumplir sus 10.000 primeras visitas.
No me había planteado hacer nada especial por este motivo, pues no soy muy proclive a las celebraciones. Pero tras pensar en ello –motivado por el comentario que hace Roberto en su blog-, he recapacitado.
Tengo configurado el contador de forma que no compute las visitas que hago desde mi propio ordenador, por lo que la responsabilidad sobre ese “10.000” recae exclusivamente en vosotros.
Quiero, por lo tanto, dar las gracias a todos los lectores que habéis pasado alguna vez por aquí; y, muy especialmente, agradezco las visitas y comentarios de los lectores habituales, por el interés que demostráis al seguir este blog.
Sospecho (porque a mí me pasa con vosotros), que vuestro motivo para entrar en el blog ya no es tanto leer un texto, escuchar una música, o ver una foto, sino visitar a un amigo en su casa y, aunque sea muy rápidamente, comprobar cómo le va a él y a otros amigos comunes que hayan pasado por allí.
Aprovecho para deciros que mañana nos vamos a Santander a pasar el fin de año, al igual que hicimos el año pasado. Así que, por si estoy estos días desconectado, os deseo a todos una buena Nochevieja y, naturalmente, un feliz año 2010.
Hace un par de semanas estuvimos en Turín, Italia. Antes de que surjan las malas lenguas (desde, pongamos por ejemplo, el lejano México) repitiendo el viejo infundio de que un servidor se pasa la vida de vacaciones, aclararé que se trató de un viaje de trabajo… si bien lo hice coincidir con un fin de semana, para poder pasar un día libre por allí (“por esos rumbos”, como dirían las malas lenguas) con mi señora esposa.
Está bien eso de comprobar uno con sus propios ojos las realidades de las que antes sólo ha oído hablar. Por lo general, te obliga a modificar algunas ideas preconcebidas.
En el caso de Italia, se suele decir que existe una gran diferencia entre la zona norte (Turín, Milán, Venecia, etc.), que sería semejante a los países de Centroeuropa (desarrollados, ricos, limpios, disciplinados…), y la zona sur (Nápoles, Sicilia, etc.), que se parecería a los países del sur de Europa (España, Portugal, Grecia), subdesarrollados, pobres, sucios y caóticos. Esa, al menos, es la teoría.
Pero, para mi sorpresa, he descubierto que, al menos en apariencia y sin investigación estadística de ningún tipo, Turín no juega en una liga superior a Madrid.
Nunca comparo los lugares que visito con mi lugar de residencia, al menos mientras estoy en pleno viaje. Más bien tiendo a olvidarme completamente de mi casa y de mis costumbres, y a integrarme voluntariamente en la realidad local.. ¿que se cena a las 6? pues ceno a las 6 sin protestar; ¿que se desayunan hormigas fritas? pues me las desayuno encantado; ¿que te cambian a la mujer por dos camellos? pues… bueno, eso habría que verlo más despacio.
Creo que la gracia de viajar estriba en conocer otras realidades por si mismas, y no en función de tu propia realidad cotidiana; a la vuelta, una vez que has conocido esos otros mundos, puedes realizar todas las comparaciones que quieras. Tomarte la molestia de viajar a cualquier lugar para, una vez allí, ir comparándolo todo con tu casa permanentemente, o pretendiendo ajustar la realidad ajena a la tuya, me parece una pérdida de tiempo… para eso ¿no es más lógico y barato quedarse uno en su casita?
Este pequeño rollo viene a cuento de que, justamente, voy a realizar en esta entrada una comparación entre Turín y Madrid, jeje… pero lo hago, que conste, en beneficio una idea superior, como es la conveniencia de poner en duda todo lo que oigamos sobre los sitios hasta que no los hayamos visto con nuestros propios ojos.
Ya vendrá, por supuesto, alguna entrada con fotos para contar todo lo bueno que tiene Turín, que es mucho. Pero ahora toca hacer un repaso de lo malo.
En ausencia de fotos, voy a ambientar esta entrada con un video terrorífico, incalificable, de una mítica canción italiana que casi es su himno nacional: “Azzurro”, de Adriano Celentano. Había escuchado la canción antes muchas veces, pero nunca la había visto en video… acabo de verla ahora mismo por primera vez en mi vida, al buscarla en youtube para ponerla aquí… y se me han quedado los ojos del revés, especialmente al ver la representación de “il treno”…¡tela marinera!
Repuesto del shock, comienzo el repaso:
1º.- Ya en el trayecto desde el aeropuerto hasta el hotel (que hicimos en un Fiat Panda alquilado) pude advertir la escasa disciplina al volante de los turineses: gente saltándose los semáforos, invadiendo el carril-bus, haciendo giros prohibidos en los cruces… no digo que eso en Madrid no pase, pero no es tan generalizado, desde luego, como en Turín. Punto negativo.
(Al hilo de esto, os contaré una anécdota divertida. Hace unos pocos años estuvimos en Roma. En aquella ocasión, el trayecto desde el aeropuerto a la ciudad lo hicimos en un taxi. Ese pequeño viaje se convirtió en toda una experiencia. Al poco de ponerse en marcha, el taxista recibió la llamada de un compañero preguntándole por una dirección en Roma -según pudimos deducir de lo que escuchábamos-. Pues bien, el tipo se pasó un buen rato con la mano izquierda ocupada con el teléfono móvil, mientras que con la derecha pasaba las hojas de un callejero mugriento. De alguna forma, encontraba todavía forma de ejecutar en ocasiones, con alguna de sus manos, ese típico gesto que hacen los italianos al hablar -juntando todas las yemas de los dedos de una mano… ¿capisce?-. Y como cuarta actividad, completamente accesoria y residual, nos conducía hacia Roma a 140 kilómetros por hora y a 1 metro de distancia del vehículo precedente).
2º.- El transporte público no está bien organizado. Quisimos usarlo la noche del primer día, para no tener que coger el coche, y no hubo manera. No venden billetes a bordo de los autobuses o tranvías, sino que deben comprarse previamente en quioscos o papelerías… pero como los puntos de venta se encontraban ya cerrados, no pudimos comprarlos. Tampoco encontramos algo tan simple como una máquina de venta automática de billetes. Y los taxis no fueron alternativa real, pues eran prácticamente inexistentes. Otro punto para Madrid.
3º.- Fuera de lo que es el centro histórico, la ciudad parece más destartalada y sucia que Madrid. Se encuentra, además, mucho peor iluminada, por lo que de noche presenta un aspecto algo siniestro.
4º- El agua del grifo es infinitamente peor que la de Madrid. Sabe muy mal, y huele peor. Esto no tiene explicación posible, habida cuenta que Turín se encuentra apenas a 50 kilómetros de los Alpes, con nieves casi perpetuas.
5º.- Sospecho que hasta el carbón que usan para calentar los edificios es peor. En Madrid quedan todavía bastantes calderas de carbón (pese a encontrarse en proceso de sustitución), y uno de los olores que más me gustan de esta ciudad, si no el que más, es ese olor a carbón en las mañanas de invierno con niebla. En Turín había un olor parecido, pero distinto, más ácido, casi desagradable. No me extrañaría nada (es una mera hipótesis no contrastada, por supuesto) que el carbón que utilicen allí sea de peor calidad que el nuestro, que usen lignito en lugar de hulla o algo por el estilo.
Reconozco que el último factor citado entra más en el ámbito de las manías personales, pero el resto de puntos señalados afectan directamente a la calidad de vida de las personas.
Sobre todo me llamó la atención la indisciplina de la gente. Un amigo mío que vive en Roma desde hace muchos años me explicó una vez que el grado de corrupción política en Italia es enorme, incluso mayor que el que sufrimos nosotros; y que, como reacción, la gente trata de desarrollar su vida al margen del Estado en todo lo que le resulta posible (reacción que no voy a criticar, evidentemente). Esta actitud explica, en parte, el fenómeno “Berlusconi”; ese hombre no procede de la política, sino de la empresa privada - sociedad civil, y la gente le vota, haga lo que haga, porque tienden a verle como “uno de los suyos” que ha conseguido “colarse” en las entrañas del Estado, y no como uno de los odiados políticos que durante décadas (desde el fin de la última guerra) han estado expoliando los fondos públicos. Convendría que aquí fuesen tomando nota.
Y hasta aquí lo malo. Insisto en que, por lo demás, se pueden decir muchísimas cosas buenas de Turín y de Italia, y así lo haré en próximas entradas.
Os deseo a todos los lectores una Feliz Navidad, y que paséis estos días de la mejor forma posible dentro de lo que tengáis por costumbre.
Aquí os dejo un par de fotos de ambiente navideño (al menos, según concebimos ese ambiente en el hemisferio norte), tomadas el lunes pasado. La primera la hizo Clara con su teléfono móvil, y la segunda la hice yo con la cámara pequeñaja.
Parafraseando a los clásicos, “ahora que tenemos tiempo”… o al menos la tarde del domingo libre, tenía la intención de escribir tres entraditas, una para cada blog. Peeeeeeero mi ordenador principal ha colapsado (está claro que no puedes fiarte de un montón de tuercas), y mis planes se han visto trastocados. Quizás algún lector experto en informática me pueda aconsejar qué hacer: al encender el ordenador, comienza a sonar un pitido intermitente que sale de no se sabe dónde, mientras la pantalla permanece negra como el betún.. ¿eso es malo? ¿debo preocuparme por mis datos? ¿cuál es el mejor lugar para pegar patada, la CPU o la pantalla? ¿le tiro, sin más, por la ventana?
En fin, ya me ocuparé de ese pequeño inconveniente más adelante.. es difícil arrancarme una idea de la cabeza una vez que ya me ha entrado, y pienso escribir una entrada a toda costa, aunque sea desde el microooooordenata.
Esta entrada debía versar sobre un viaje que hicimos el fin de semana pasado, pero dado que me he quedado (¡espero que transitoriamente!) sin las fotos que pensaba incluir, hablaré de lo que hemos hecho… hoy.
Esta mañana hacía un frío respetable. El gadget que tengo arriba a la derecha marcaba la cifra más baja que recuerdo haber visto en el año y medio que hace desde que tengo el blog: -7 grados a las 9 de la mañana. Aun así, nos hemos acercado al centro a comprar algunos regalos navideños. Hacía un día soleado, con el típico cielo azul intenso que tenemos en Madrid cuando el aire se lleva la boina de contaminación (el cielo “velazqueño”, que lo llaman).
Pese a la crisis (y a que probablemente siguiéramos bajo cero a mediodía) la calle se encontraba atestada de gente comprando. Hemos entrado en el mercado de San Miguel con intención de comer allí (algún día tengo que hablar de este mercado, y de algún otro por esos mundos que responde a la misma idea), pero lo único que podías comerte era el codo de alguien, así que hemos acabado zampándonos un cocido en una sucursal de la Taberna de La Daniela que han abierto en la calle de los mesones.
Terminado el cocido, hemos hecho nuestras compras y nos hemos venido a casa. Tenía la intención de escribir tres entraditas, una para cada blog, peeeeeeeero mi ordenador principal ha colapsado…. (si alguien quiere experimentar la increíble sensación de ser TAN TONTO como mi ordenador, podría volver ahora mismo al principio de esta entrada y, entrando en bucle, releerla infinitamente sin hacer caso a nada y a nadie más).
Ah, se me ha roto el gadget de los comentarios recientes y no consigo arreglarlo, esa es otra…
La isla de St. Maarten se encuentra en las Antillas holandesas, en el Caribe. Tiene una pista de aterrizaje, que debe ser bastante corta. En la cabecera de la pista existe una playa, que está abierta al público.
Por la red circulan correos electrónicos con videos, tomados por los bañistas, que muestran el aterrizaje de aviones de gran tamaño en esa pista (Jumbos de la KLM que, presumiblemente, llegan directamente desde Holanda).
A mí ya me han llegado varios de esos correos. Supongo, por tanto, que mis lectores –avezados internautas- los habrán recibido también. Pero como son videos siempre curiosos de ver, aunque sea una vez más, aquí los pongo.
Los dos primeros están tomados desde la playa, y el tercero desde la cabina de un avión.
Aquí vienen unas cuantas fotos de Barcelona, tomadas este pasado fin de semana.
Para empezar, una vista desde el cielo:
A continuación, la Barcelona modernista:
1º. Casa Amatller (izquierda) y Casa Batlló (derecha) 2º. Paseo de Gracia 3º. Farola adragonada y balcón aparaguado. Más surrealismo que modernismo.
Seguidamente, las Ramblas:
1º. Vista general. 2º. Uno de los que se ganan la vida haciendo la estatua.
Una vuelta por el Barrio Gótico:
1º. La marabunta frente a la catedral. Todo el mundo comprando caganers en el mercado de Santa Lucía. Las torres que se ven a la derecha son restos de la muralla romana. 2º. Una calle detrás de la catedral. 3º. La Plaza del Rey. 4º. La iglesia de Santa María del Mar. Una de las escasas iglesias góticas que he visto en España sin el coro barroco rompiendo la perspectiva de la nave principal. 5º. Mercado de productos típicos, frente a la iglesia de Santa María del Pi.
Hasta llegar al mar:
1º. El puerto interior, con sus barquitos de recreo, sus paseantes y sus músicos. 2º. La playa. La gente esperando el verano, salvo un par de irreductibles…
Y para finalizar, la Estación de Francia, una estación término ¡en curva!:
Y hasta aquí hem arribat. Se trata de una selección de imágenes perfectamente arbitraria y caprichosa, pues la gran ciudad que es Barcelona ofrece cientos de vistas iguales o mejores que éstas. Otro día más, Tomás.