
En un barrio de Hamburgo llamado Sankt Pauli, junto a los muelles del Elba, todos los domingos entre las 5 y las 10 de la mañana se celebra el Fischmarkt (literalmente, “mercado de pescado”). En origen debió tratarse de un mercado de pescado en sentido estricto, pero hoy en día ha devenido en algo parecido a lo que aquí llamaríamos una "feria".
El meollo de este acontecimiento se sitúa en el interior de un clásico mercado metálico, semejante a esos antiguos que todavía se conservan en muchas ciudades españolas. Sólo que, en lugar de pescaderos, lo que encuentras son puestos de venta de comida y bebida variada (salchichas, bollos, brezels, cerveza y café, básicamente), unas mesas corridas para que la gente se siente a desayunar, y una orquestilla al fondo animando el cotarro. Aquí va la foto del lugar (como todas las de esta entrada, está tomada entre las 6:08 y las 6:44 de la mañana -según los registros-):
Entre los parroquianos del mercado no sólo hay gente madrugadora y de orden, sino también mucho fiestero que ha pasado la noche de juerga en la cercana zona de copas de St. Pauli, la avenida Reeperbahn, y viene aquí a comer algo antes de irse a casa a dormir la mona.
Fuera de ese recinto cerrado hay puestos donde venden ropa, artesanía, y las cosas propias de las ferias en general –algo así como nuestro Rastro, pero mucho más pequeño-. Como una reminiscencia del mercado de pescado antiguo, en algunos puestos venden a voces la comida más típica de la ciudad, la anguila ahumada.

Uno de estos feriantes tenía una jaula con 15/20 palomas blancas, y a cambio de 5 Euros ofrecía la posibilidad de soltar una (freilassen decía el cartel, “liberarla”). Hay que reconocer que es una brillante idea, ¡ganar dinero a costa de la compasión ajena! En ese momento me pareció que, pese a su genialidad intrínseca, el negocio no podía ser demasiado rentable, pues no debía dejar mucho margen de beneficio si con esos 5 Euros había que atender la cría de los pollos, más los gastos generales. Sólo aquí, de vuelta en España, lo he comprendido: seguro que ese listillo tiene un palomar en su casa, al que vuelan rápidamente las palomitas según las sueltan sus confiados benefactores.
Para terminar, aquí vienen algunas fotos de la zona que rodea al mercado: por un lado, casas antiguas pintadas de forma alternativa (¿okupadas?), y por otro lado, el puerto que nunca duerme.





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