lunes, 30 de marzo de 2009

La tómbola volante


Este fin de semana hemos volado con Ryanair, la línea aérea irlandesa de bajo coste. Voy a contar brevemente algunos detalles del viaje, cuyo conocimiento puede resultar de utilidad para los lectores españoles que vayáis a volar algún día por primera vez con esta compañía de la que tanto se habla; a los lectores americanos la entrada no os servirá de mucho -creo que no vuela fuera de Europa-, pero al menos conoceréis cómo funcionan las compañías de bajo coste por estas tierras.

La primera y principal cosa a saber es que en cabina sólo permiten UN bulto de equipaje por pasajero. Se considera un bulto incluso el bolso de las mujeres. Los bultos, además, deben caber en ese trasto de hierro con las medidas máximas del equipaje que se ve habitualmente en todos los mostradores de facturación, y que nadie utiliza. Pues aviso: en Ryanair, le dan al trasto el uso para el cual está concebido.

Todo bulto que no quepa en el trasto, o que exceda de uno por persona, hay que facturarlo. Si estás ya en la cola para entrar en el avión, lo apartan para meterlo en la bodega y pagas 20 Euros por bulto.

La gente comienza a embarcar en el mismo instante en que sale el último pasajero. No limpian el avión entre vuelos (lo cual no significa necesariamente que el avión esté sucio, siempre que los viajeros precedentes se hayan portado civilizadamente).

Los asientos no están numerados, por lo que la entrada se convierte en una especie de “sálvese quien pueda”. Si va un grupo algo numeroso de personas, deberán ponerse de los primeros en la cola de embarque si quieren sentarse juntos.

Nuestro avión era un 737-800 (creo que es el avión estándar de la compañía), con dos filas de tres asientos y pasillo central. Los asientos son como de plasticucho, no reclinables, y el espacio para las piernas es mínimo. No me parece aconsejable para un vuelo que dure mucho más de una hora, ni para gente alta.

El interior de la cabina está pintado con colores chillones (amarillo y azul), y ¡con publicidad en las puertas de los cajones para el equipaje!

Lo más divertido es el ambiente de mercado medieval que se crea en el avión. Por supuesto, no dan comida ni bebida gratis (ni periódicos, ni almohadas, ni mantas...). Pasan las azafatas, eso sí, vendiendo comida, bebida, y artículos de regalo. Por la megafonía anuncian productos. Y lo mejor de todo: se reparten tarjetas –a un precio de 2 Euros la unidad- de ésas de rascar y “ganar.” Vamos, como si fuera una tómbola volante…

A la ida salimos con 45 minutos de retraso, pero a la vuelta el avión llegó en hora. Y en ese momento nos dieron la sorpresa final: nada más tocar tierra –con el avión todavía frenando por la pista-, sonó de repente por megafonía una especie de “¡tachánnnn!”, y nos pusieron una grabación en inglés –con un fuerte acento irlandés- celebrando que el avión había llegado en hora y anunciando que Ryanair era la línea aérea más puntual y bla, bla, bla… ¡hay que descubrirse ante esta exhibición de esfuerzo comercial!

4 comentarios:

Myriam dijo...

¡Pues parece toda una experiencia!, ¡que cosa! yo creo que no te habrá resultado tan placentero viajar en esas condiciones. De todo lo que cuentas creo que lo que mas me estresaría es eso de pelear por el asiento aunque ya de por si el hecho de volar me resulta estresante.

Pues que interesante todo lo que cuentas, tienes razón en que aquí no conocemos esa linea aerea pero aca también hay algunas de bajo costo que aun no conozco.

Ya me imagino la escena: tu, todo un master en el arte de viajar, pasando por esos incómodos detalles de la línea aérea pero al final comprando tu billete de lotería para ver si corrías con suerte de ganarte un premio y... gastártelo en más viajes.

Clara dijo...

Era gracioso ver como la gente intentaba meter las maletas en el cacharro ese, en plan hermanastra de Cenicienta intentando meterse un zapato que no le cabe ni de broma. Incluso había gente con parte de su ropa en la mano pidiendo que, por favor, le dejaras meter parte de su equipaje en tu maleta.

A decir verdad, ni a la ida ni a la vuelta el vuelo daba la sensación de sucio, a excepción de la bandeja que no parecía haber visto una balleta en bastante tiempo. Seguro que ayuda el que en los asientos no haya el típico bolsillo que además de para contener revistas suele acumular la basura entre vuelo y vuelo.

Lo de la tómbola, aunque extraño, por lo menos era con fines caritativos. Pero el redoble final por haber llegado a tiempo fue realmente insuperable. Era tipo musiquita de máquina "tragaperras".

Para mí lo peor es que como los asientos no están asignados tienes que ponerte en la cola de facturación bastante pronto si no quieres correr el riesgo de viajar separado. Si el avión se retrasa, como fue el caso de la ida, te puede tocar estar a pie quieto bastante rato.

Otro dato útil: muy cómoda la facturación on-line, puedes sacar antes de irte las tarjetas de embarque de la ida y de la vuelta.

Un saludo

Víctor dijo...

No creas Myriam, he hecho viajes mucho más incómodos, éste ha sido más bien divertido.
Tampoco es que tengas que "pelear" por el asiento, porque un sitio para ti siempre hay (se supone)... estaría bueno que por llegar tarde te sentaran en el ala..
Pues aciertas de pleno con lo del billete de lotería, jeje... no me pude resistir. Y además me tocó un premio, aunque el mínimo que era otra tarjeta; con la segunda tarjeta ya no me tocó nada.. :(

Víctor dijo...

Menudo tándem informativo que hacemos Clara, jeje... lo de que puedas obtener on-line la tarjeta de embarque del vuelo de vuelta efectivamente es un dato importante que se me había olvidado.