domingo, 18 de noviembre de 2012

Miliki

Yo también era uno de esos niños.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Torremolinos abandonado

Y aquí vienen las fotos prometidas de Málaga; o, más propiamente, del pueblo de Torremolinos.

Atención al aspecto insólito que presentan las playas del Mediterráneo fuera de la temporada turística. ¡Qué calma dejan las hordas cuando se marchan!




Ahora viene la foto turística de rigor. He aquí la Torre de los Molinos, de la cual dice la wikipedia lo siguiente: "Hacia el año 1300 la dinastía Musulmana de los nazaríes, que reinó en Málaga desde el Siglo XIII al XV, construyó la Torre de Defensa situada al final de la Calle San Miguel, conocida ya en las Ordenanzas de 1497 como Torre de los Molinos"


Y aquí llegan las fotos horrorosas del lugar. Primero El Mercadona. Y a continuación, el Conjunto Arquitectónico Taberna Flamenca Pepe López - La Gamba Alegre El Marisquero, que no ha dejado rastro en la wikipedia. Eleeeeeeeeeee.



La foto siguiente está tomada en la estación de tren de Málaga. Están ahí juntos los dos modelos de tren que circulan por la línea de alta velocidad a Madrid: a la derecha, el modelo de Talgo (conocido como "el Pato", por razones evidentes), y a la izquierda el modelo de Siemens (que es el ICE que circula por Alemania).


Y para terminar, dos vídeos grabados desde el tren. El primero en el viaje de ida, y el segundo en el viaje de vuelta. En ambos casos, se puede observar el paso del tren a 300 Km/h por la estación de Puente Genil, provincia de Córdoba (una de esas infraestructuras infrautilizadas que ahora toca pagar...) Las grabaciones no son demasiado buenas, pero en fin.

(Resulta bastante infantiloide ponerse a grabar con el teléfono por la ventanilla del tren, soy consciente de ello, pero es que me gustan los trenes, qué le voy a hacer..)

viernes, 9 de noviembre de 2012

Desde Bilbao a Santurce..

Los dos últimos fines de semana hemos salido de Madrid, y he tenido ocasión de hacer algunas fotos y vídeos que os voy a mostrar. Dedicaré esta entrada al destino de hace un par de semanas (Bilbao), y la siguiente entrada al destino de la semana pasada (Málaga). 

En Bilbao fuimos a visitar una exposición de Botero en el Museo de Bellas Artes. No conocía ese Museo, y me temo que tras la apertura del Guggenheim tendrá más dificultad para darse a conocer. O quizás ocurre lo contrario, vete a saber, pues el Guggenheim debe atraer a la ciudad de Bilbao a muchos visitantes potenciales del Museo de Bellas Artes. 

Tras recorrer la exposición echamos un vistazo demasiado rápido (demasiado) a la colección permanente, que cuenta con una buena representación de pintura española. Y luego nos acercamos un momento a ver el Guggenheim por fuera.





Como más o menos ya conocemos la ciudad de Bilbao, y tenía curiosidad por conocer la zona de la ría del Nervión, se me ocurrió que fuéramos a comer a… justamente, Santurce (desde Santurce a Bilbao, vengo por toda la orillaaaaaa…). 

(Nota para extranjeros: el río Nervión cruza Bilbao, y a partir de ahí se ensancha, formando una ría navegable hasta su desembocadura en el mar Cantábrico 23 kilómetros más adelante). 

En particular tenía ganas de conocer en vivo y en directo el Puente Colgante, pues lo había visto en fotografías pero no me había terminado de hacer bien una idea de cómo funcionaba. 

Sobre este Puente, la wikipedia dice lo siguiente: “El Puente Vizcaya, Puente de Vizcaya, Puente Colgante o Puente Palacio (Bizkaiko Zubia, en euskera) es un puente transbordador de peaje, concebido, diseñado y construido por la iniciativa privada entre 1887 y 1893, que une las dos márgenes de la ría del Nervión en Vizcaya (España), y fue inaugurado en 1893, siendo el primero de su tipología en el mundo.” 

Continúa diciendo la wikipedia: “El puente enlaza la villa de Portugalete con el barrio de Las Arenas, que pertenece al municipio de Guecho, así como las dos márgenes de la ría de Bilbao. Su construcción se debió a la necesidad de unir los balnearios existentes en ambas márgenes de la ría, destinados a la burguesía industrial y a los turistas de finales del siglo XIX. 

Y sobre sus características físicas, se explica lo siguiente: “El puente tiene 61 metros de altura y 160 metros de longitud. Se trata de un puente colgante con una barquilla transbordadora para el transporte de vehículos y pasajeros. Fue el primer puente de este tipo construido en el mundo y por ello sirvió de modelo de numerosos puentes construidos en Europa, África y América. El Puente de Vizcaya es considerado actualmente el puente transbordador en servicio más antiguo del mundo.” 

Además, se puede cruzar el puente caminando por la parte superior: “La sociedad concesionaria realizó en 1999 importantes obras en el puente, incluyendo la instalación de ascensores en las torres de ambas márgenes y la habilitación de una pasarela en la viga superior” 

(Un dato práctico: el ticket para cruzar en la barca-transbordador cuesta 0,35 Euros; para cruzar andando por arriba, 6 Euros) 

Finalmente, cuenta la wikipedia que “el 13 de julio de 2006 fue declarado Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, siendo elegido entre un total de 37 candidaturas. La Unesco considera al Puente de Vizcaya como una de las más destacadas obras de arquitectura del hierro de la Revolución industrial y destacó su uso innovador de los cables de acero ligero trenzado.” 

(Oye, qué cómodo resulta copiar y pegar textos de la wikipedia para subir una entrada, jaja ¡Muchas gracias Mister Wiki!) 

Bueno, las fotos que vienen a continuación son mías, que conste.. 

Estas dos primeras están tomadas en la margen izquierda de la ría (Portugalete):



La siguiente está tomada dentro del transbordador:


Y las dos siguientes en la margen derecha (Guecho):



Justo cuando nos íbamos acercando al Puente para cruzarlo, entró un barco en la ría desde el mar en dirección a Bilbao, lo que me dio la oportunidad de grabar una escena donde se aprecia perfectamente el funcionamiento y el sentido del Puente Colgante. Y en el ángulo superior derecho del vídeo aparece la sombra de un dedo, que permite apreciar también perfectamente la torpeza del camarógrafo que aquí les platica..



Luego fuimos a comer al puerto pesquero de Santurce, a un restaurante llamando “La Mandanga” (que recomiendo). Seguidamente unas fotos, la primera de las cuales está tomada desde la propia mesa del restaurante.




Como comenté, a partir de ahora cuando escriba entradas sobre algún lugar, voy a subir –bueno, siempre que me acuerde-, no sólo las imágenes bonitas o turísticas de rigor, sino también alguna imagen fea del lugar del que se trate… la imagen de esa típica realidad cotidiana, más o menos horrorosa, que a nadie jamás se le ocurre fotografiar, pero que por desgracia suele estar mucho más presente en nuestras vidas diarias que las edulcoradas imágenes de lo bonito. Creo que de esta forma los lectores tendréis una perspectiva más completa, más real, del lugar referido en la entrada.

La imagen horrorosa de hoy está tomada en Santurce, justo enfrente del idílico puerto pesquero de más arriba. Tan solo hay que girar la cabeza 180 grados para darse de bruces con ella.. :-)


martes, 30 de octubre de 2012

jueves, 18 de octubre de 2012

Belchite (Zaragoza)

Continuando con la entrada anterior.... Desde Cariñena nos acercamos a visitar el pueblo de Belchite, situado a 42 km de distancia. Allí tuvo lugar una batalla durante la Guerra Civil española, que dejó la localidad arrasada. Después de la guerra, Franco decidió conservar las ruinas y reconstruir el pueblo entero a junto a ellas.

Las ruinas se pueden visitar por las mañanas, de 10 a 14 horas. No obstante, no debe ser difícil acceder a las mismas a cualquier otra hora, pues el recinto es muy grande y no está cercado (quizás ese horario se refiera sólo al minúsculo punto de atención al visitante, situado en el interior del antiguo arco que sirve como puerta de entrada a las ruinas). 

Este es el arco de entrada:


Bajo ese mismo arco tomé la foto siguiente, en la que se puede ver el comienzo de la calle principal del pueblo, por la cual se inicia la visita.


Uno puede caminar libremente entre las ruinas, que se extienden por una zona que tendrá aproximadamente un kilómetro de largo, por quinientos metros de ancho. El paseo, como se puede suponer, resulta sobrecogedor. Unas pocas fotos:











Y ahora viene el rollo filosófico que me sugirió esta visita. Me llamó la atención el contenido de la pequeña hoja informativa que te entregan en la entrada. En la hoja figura un plano del pueblo en ruinas, y la identificación de los edificios más destacados. Lo curioso del asunto es que la hoja contiene únicamente información sobre los aspectos artísticos de los edificios singulares (como por ejemplo, el dato de que la iglesia que sale en las fotos 5, 6 y 7, llamada de San Martín de Tours, es Patrimonio de la Humanidad). Pero no se hace en esa hoja ni la más mínima referencia al calamitoso estado en que se encuentran esos edificios que se dicen tan valiosos, o el pueblo entero... como si nada pasase, como si fuese lo más normal del mundo caminar por las calles de un pueblo en ruinas. 

Pienso que este silencio no es casual, ni producto de un error, sino la consecuencia de que -por increíble que sea- en España no parece posible todavía abordar el tema de la Guerra Civil desde una perspectiva histórica. ¡Y han pasado 75 años desde 1937! 

Comprendo que la generación de mis abuelos –la de las personas que vivieron y participaron en la guerra- no pudieran tener otra visión de la guerra distinta de la puramente personal. Lo injustificado sería lo contrario, pues evidentemente hay cosas que no se pueden olvidar. Pero los integrantes de esa generación han desaparecido casi todos, y los pocos que quedan tienen ahora alrededor de los cien años de edad. Puedo incluso comprender que dentro de la generación de mis padres –los nacidos en fechas próximas a la Guerra Civil-, que rondan ahora los 75 años de edad, puedan existir algunas personas incapaces de ver la guerra como un acontecimiento meramente histórico, por haber visto marcada su existencia de alguna forma esencial por ella. Ahora bien, que integrantes de mi generación –personas nacidas en torno a la muerte de Franco, que tenemos ahora alrededor de los 40 años-, no sean capaces de pensar en la Guerra Civil como una parte superada de la historia, es algo que verdaderamente me asombra. Y no hablemos ya de toda la gente de generaciones posteriores a la mía (que empieza a ser demasiado numerosa, jeje), que todavía se siente partícipe de una lucha contra Franco o contra la República.. 

Me parece a mi que la mentalidad española es demasiado proclive a crear mitos (religiosos, políticos, sociales.. la materia da un poco igual), y ajustar su pensamiento a esos mitos de una forma acrítica y comodona. Lo considero un síntoma de pereza intelectual, o de inseguridad, o vaya usted a saber de qué. En esto tenemos bastante que aprender de los anglosajones. 

Y es una pena, porque analizar el pasado con una perspectiva histórica resulta de la máxima utilidad; se pueden detectar y analizar los impulsos y las motivaciones de las generaciones pretéritas, los efectos positivos y negativos de unos y de otras, y obtener así conclusiones muy valiosas y de utilidad para la consecución de un progreso (verdadero) en el presente. Lo contrario -introducirse en la lucha del pasado (introducirse intelectualmente, por supuesto, sin jugarse realmente la vida en una trinchera)- supone revivir de forma continua el pasado, tropezando eternamente con la misma piedra como si de una maldición bíblica se tratase. De esta forma, el pasado deja de servir como instrumento de progreso, para convertirse en una condena al atraso.

Y a todo esto… ¿qué pasó en Belchite? Tuve que acudir a la wikipedia para enterarme de lo que ocurrió. El pueblo estaba ocupado por las tropas de Franco. El ejercito republicano (varias divisiones regulares y las Brigadas Internacionales), que tenía en ese momento como misión principal la recuperación de Zaragoza, se detuvo en su camino hacia esa ciudad para conquistar del Belchite, pues constituía un objetivo aparentemente fácil de conseguir. Sin embargo, el asunto no resultó tan sencillo. Finalmente los republicanos se hicieron con Belchite, pero el esfuerzo y el tiempo perdido en esa tarea les impidieron conquistar Zaragoza. Para la República se trató de una “victoria pírrica” (en el sentido correcto del término): una victoria aparente, que realmente constituye una derrota estratégica. Para los franquistas supuso un negocio propagandístico redondo, lo cual explica que, de todos los pueblos que resultaron destruidos en España, fuese precisamente Belchite el elegido para ser conservado, pues: a) los “responsables” del destrozo fueron los republicanos, dado que eran los atacantes, y b) los “héroes” de la batalla fueron los defensores franquistas, que no se rindieron y dieron su vida por la causa. Si todo lo anterior se explicara adecuadamente, llegarían los visitantes a algunas conclusiones interesantes, como que la historia la escriben los vencedores, y que los “símbolos” no siempre representan fielmente la realidad general que pretenden demostrar. Se recordaría incluso la importancia de mantener los objetivos principales frente a los accesorios, que comentaba el otro día. 

Pero el silencio histórico no se limita al folleto que te entregan en la entrada del pueblo, sino que se extiende a la existencia misma de estas ruinas de Belchite. Yo supe que de su existencia hace años, ojeando un antiguo libro de viajes por España. Pero no recuerdo haber visto, leído u oído jamás ninguna publicidad, reportaje, artículo o comentario, sobre este lugar tan especial. 

¿Qué se podría haber hecho con este lugar (tras el fallecimiento de Franco, se entiende), o qué se podría hacer todavía? Si uno reflexiona sobre los acontecimientos que allí se produjeron con una visión histórica, tiende a sentir por igual todas las muertes que se causaron, y a comprender mejor la tragedia que supone una guerra. Una función muy evidente de este lugar (aunque sea un poco manido, todo sea dicho) sería la defensa de la paz, claro está. 

Y se me ocurre una idea más, muy positiva, que transmite una visita a las ruinas de Belchite en estos tiempos de crisis que nos atenazan, y es la siguiente: si después de una guerra que destrozó moral y materialmente el país, España fue capaz de salir adelante.. ¿cómo no vamos a superar una crisis meramente financiera? 

Pero no, por el momento se prefiere que este lugar permanezca enterrado en el olvido; y que si algún visitante despistado accede a ellas por casualidad, se vaya a su casa con la idea de que “las ruinas de Belchite son un testimonio del trabajo de nuestros antepasados, de las raíces y huellas de un pueblo y una cultura”, y de que “si alguna etiqueta estilística hay que poner a la villa, es la de mudéjar”. So ist das Leben.

martes, 9 de octubre de 2012

Cariñena y Calatayud, en Zaragoza.

Este pasado fin de semana estuvimos de paseo. Por Reyes nos regalaron uno de esos estuches que contienen un vale para pasar una noche en algún lugar, o realizar tal o cual actividad. Nuestro estuche tenía como tema el enoturismo, y nos daba derecho a pasar una noche en un hotel vinculado con el vino, más una visita a una bodega. 

De entre la lista de posibilidades, elegí un hotel que se llamaba “Hotel del Vino” (no se han estrujado mucho el cerebro para dar con un nombre, no), que está situado en el pueblo de Cariñena (Zaragoza), capital de la comarca aragonesa que da nombre a esa denominación de origen. 

En la foto del prospecto se veía un edificio cuadradote pero con buena pinta, que parecía construido en medio de unos viñedos. El chasco al llegar fue bastante gordo, jeje, porque a) el Hotel está situado al borde de la carretera, y b) tiene a su lado un edificio de colorines que parece un club de carretera (aunque no lo es). 

Pero bueno, lo cierto es que los chascos terminaron ahí. La habitación estaba muy bien, y sobre todo la visita a la bodega resultó muy entretenida. El hotel lo ha montado una familia que se ha dedicado al vino toda la vida (“desde sus tatarabuelos”). Anteriormente se limitaban a cosechar el vino y venderlo a granel a una cooperativa, pero hace unos años se decidieron a producir su propio vino y a venderlo ya embotellado. La empresa se llama Bodegas Prinur. 

La visita a la bodega la hicimos con el dueño del cotarro como guía, y claro, el entusiasmo con que el hombre hablaba de su propio negocio, y el conocimiento que tenía de todos los detalles de las instalaciones, hicieron la visita muy interesante. He aquí algunas fotos de la bodega:





Curiosamente, los depósitos estaban fabricados en Aveiro, una bonita ciudad de Portugal por la que pasamos este verano y de la que subiré fotos un día de éstos..


El pueblo, Cariñena, tiene muy poco que ver. Esta es la plaza del Ayuntamiento:


Afortunadamente, en el pueblo hay un restaurante donde se come bien. Se llama “La Rebotica”. Pretende, y consigue, servir comida de calidad, y lo hace a la mitad de precio que en Madrid. Una comida magnífica y con vino nos salió por tan solo 25 euros por persona. 

En definitiva, resulta recomendable el plan de comer en el restaurante, visitar la bodega y dormir una noche en el Hotel del Vino. Es una buena opción como etapa de un viaje más largo, o como excursión de un día desde Madrid. Más allá de eso, no merece la pena quedarse. 

A la vuelta hacia Madrid paramos en un pueblo más bonito, Calatayud. Unas pocas fotos:






De Calatayud guardo un recuerdo de cuando tenía nueve años. En aquella época del pleistoceno, no existía la autopista actual, y la carretera nacional pasaba por el centro de la localidad. El caso es que, durante un viaje en el que nos pillaba Catatayud de camino y poco antes de llegar al pueblo, comentaron mis padres que existía una canción cuya letra dice “si vas a Calatayud pregunta por la Dolores...”. Naturalmente, según atravesábamos el pueblo se me ocurrió sacar la cabeza por la ventanilla y empezar a preguntar a gritos por la tal Dolores… lo cual no les hizo mucha gracia a mis sufridos padres, que me pegaron un buen bufido, jaja. 

He googleado la canción para poder transcribir la letra con exactitud, y acabo de saber que se trata de una copla que forma parte de una ópera española de 1895, titulada “La Dolores”. La letra completa es tal que así: "Si vas a Calatayud, pregunta por la Dolores, que es una chica muy guapa, amiga de hacer favores". 

Seguro que mis padres no me dijeron nada sobre el asunto de “los favores”, jaja… y claro, sin tener la información completa.. ¿cómo podía yo –pobrecito- saber, que no era muy correcto berrear como un poseso el nombre la Dolores por todo Calatayud? 

Además hicimos otra excursión, pero sobre esta otra hablaré en una próxima entrada..

domingo, 30 de septiembre de 2012

Un portal.

Aproximación a un portal de Madrid, aparentemente inofensivo. 



lunes, 24 de septiembre de 2012

Iñaki Ochoa de Olza

Buscando vídeos para la entrada anterior, me crucé en youtube con algunos otros que me trajeron a la memoria una vieja historia; una historia que quizás le suene a algún lector español. 

Es la historia de un montañero navarro que quedó atrapado a gran altura en el Annapurna, y de los esfuerzos que se hicieron para rescatarle. Esto ocurrió en el año 2008. 

Recuerdo haber seguido los acontecimientos por la radio, aunque había olvidado ya el nombre del chico y los detalles del rescate. Ahora, al ver estos vídeos, he conocido los hechos con más profundidad, y me ha parecido que la historia merecía ser recordada. Tanto por la interesante personalidad del montañero, Iñaki Ochoa de Olza, como por el valor que demostraron las personas que se lanzaron a su rescate. 

Subo tres vídeos. El primero contiene una entrevista a Iñaki Ochoa realizada en el año 2007. Y los dos vídeos siguientes contienen la primera y segunda parte, respectivamente, de un reportaje realizado para TV en el año 2010 sobre todo lo ocurrido. La historia es de las que te atrapan, aunque -ya lo anticipo- no termina bien.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Jon Krakauer: "Mal de altura"

Hace unos días terminé de leer un libro que me ha encantado. Se titula “Into thin air” -traducido al español como “Mal de altura”- (Ed. Desnivel, edición de 2008) obra del escritor/periodista/alpinista Jon Krakauer. Este libro es la “crónica de una tragedia en el Everest”, ocurrida durante la temporada de escalada del año 1996. Fue publicado pocos meses después de los hechos.

El autor trabajaba entonces para una revista de montañismo. La revista le propuso que escribiese un artículo sobre la creciente explotación comercial del Everest. Para ello debía unirse a una expedición comercial (estas expediciones que llevan a la gente a la cima a cambio de un dinero), y contar desde dentro sus experiencias.

Y al tipo le sonrió la fortuna -periodísticamente hablando-, porque ese año y en su presencia se desencadenó una tragedia. Un día de buen tiempo coincidieron en la cumbre varias expediciones (unas treinta personas en total). A primera hora de la tarde, cuando todavía había escaladores en la cumbre o incluso llegando a ella, se desató repentinamente una tormenta. Murieron en total ocho personas, y otras cuantas salieron de allí con congelaciones más o menos graves.

El libro trata, en diversos pasajes, sobre un problema recurrente en el montañismo, que se puede hacer extensivo a muchas otras esferas de la vida.

Se trata de lo siguiente. La meta del alpinista cuando sube la montaña es, cómo no, alcanzar la cumbre. Sin embargo, existe (o debe existir, en una mentalidad racional) una meta superior a la anterior, que es la meta de volver a tu casa con vida.

La experiencia ha demostrado sobradamente que resulta muy peligroso hacer cumbre más tarde de una determinada hora (la hora dependerá de la cumbre que sea, de la distancia al último campamento, etc.., pero en general será en torno a la primera hora de la tarde), pues muchos accidentes mortales se producen en el descenso, cuando al montañero se le hace de noche, o le sobreviene un cambio de tiempo, o se le acaba el oxígeno, o simplemente le abandonan las fuerzas.

A medida que el objetivo se encuentra más cerca, más al alcance de la mano, se hace más fuerte el impulso de llegar a la cumbre, y más difícil tomar la decisión de parar y dar media vuelta; esta proximidad a la cumbre, unida a la circunstancia de que a ocho mil metros de altura parece ser que no se piensa con claridad, provoca que, con cierta frecuencia, los alpinistas supediten la meta superior (el regreso a casa), a la consecución de una meta que es -o debería ser- inferior (llegar a la cumbre).

Y aquí estaría la enseñanza o moraleja general: no hay que perder nunca de vista los objetivos finales de cada uno, ni sacrificarlos por objetivos intermedios que previamente –con la cabeza fría- no se habían definido como finales. Y que resulta crucial mantener la “razonabilidad de las expectativas”, como dijo Roberto una vez.

El autor del libro consiguió coronar antes del límite horario que los integrantes de su expedición se habían autoimpuesto –límite que no todos respetaron-. Tuvo muchos problemas en el descenso, pero finalmente sobrevivió. Otros montañeros fallecieron, en medio de una confusión generalizada sobre la situación y los movimientos de cada uno, provocada por la tempestad y por la noche.

El autor se entrevistó posteriormente con todos los testigos presenciales que pudo localizar, y trató de reconstruir pormenorizadamente los acontecimientos según ocurrieron. Se produjeron diversos conflictos morales derivados, básicamente, del riesgo y sacrificio personal que supone ayudar a un semejante a ocho mil metros de altura. 

La versión de los hechos contenida en el libro fue rebatida por otro de los montañeros presentes (el kazajo Anatoli Boukreev), que dio su propia versión en un libro publicado un año después ("The Climb", traducido al español como “Everest 1996”, Ed. Desnivel). Tras la publicación de este segundo libro, Krakauer escribió una nota de complemento a su libro inicial, contestando a las objeciones planteadas por Boukreev. La polémica no duró mucho porque Boukreev se mató muy poco después en el Annapurna. No he leído (todavía) el libro de Boukreev, pero por la contestación que dio Krakauer deduzco que no hay apenas divergencias entre ambos en cuanto a los hechos ocurridos, sino que la discusión se refiere más bien a la atribución de responsabilidades por la tragedia. 

En la época en la que escribió el libro, Jon Krakauer era un buen alpinista, pero no un “profesional” (si es que se puede decir así). Había escalado montañas complicadas, pero nunca de tanta altura. Cuenta en su libro que él, al igual que muchos otros alpinistas aficionados, había perdido el interés por el Everest cuando la montaña comenzó a popularizarse, y a ser escalada por personas muy poco preparadas, o de mucha edad, merced a los servicios prestados por las expediciones comerciales sobre las cuales trataba precisamente el artículo que debía escribir originalmente. Compartía la opinión general de que el Everest era una montaña fácil que ya podía ser escalada casi por cualquiera. 

¿Montaña fácil? En youtube hay algunos vídeos muy ilustrativos sobre la arista final que hay que salvar para llegar a la cita del Everest (se aprecia en esto video también la romería de gente que por allí circula… habrá mucho valiente en este mundo, pero yo no llamaría “fácil” a esa arista) 

Y en este último video, la arista final aparece a partir de 1:40.

viernes, 14 de septiembre de 2012

De tapadillo..

Dicen que, después de las vacaciones, debes reincorporarte al trabajo de forma paulatina, sosegada, con el fin de evitar que te den infartos u otros patatuses gordos. Este año no he podido seguir ese sabio consejo sanitario y he empezado con mucho, pero que mucho, lío, por lo que tengo el blog un poco abandonado.

Esta mañana he estado jugueteando un poco con el teléfono, de tapadillo.. :-) 


sábado, 1 de septiembre de 2012

Banco Malo

Cuenta hoy el periódico que ayer viernes nació un nuevo banco en España. Visto el panorama bancario patrio, esta noticia supone un soplo de aire fresco. ¡Por fin una buena noticia! ¡Por fin un atisbo de esperanza! ¡Un banco nuevo, sin problemas! ¡Qué ganas tengo de acudir a las oficinas de ese nuevo banco, este próximo lunes a primera hora, para depositar allí los ahorros, domiciliar la nómina, y contratar un plan de pensiones! Mi nuevo banco se llama Banco Malo.