
Salen en prensa estos días unas imágenes de colisiones entre galaxias, tomadas por el telescopio espacial Hubble. No podía dejar de incluirlas aquí.
Recuerdo que hace años, en el libro y serie de televisión “Cosmos”, Carl Sagan calculaba los mundos con vida inteligente que podían existir en el universo. Se trata, ciertamente, de una hipótesis imposible de verificar, pero aún así su planteamiento era lo suficientemente razonable como para tomarse el cálculo en serio.
Recuerdo que hace años, en el libro y serie de televisión “Cosmos”, Carl Sagan calculaba los mundos con vida inteligente que podían existir en el universo. Se trata, ciertamente, de una hipótesis imposible de verificar, pero aún así su planteamiento era lo suficientemente razonable como para tomarse el cálculo en serio.
En esencia se trataba de lo siguiente: si partimos de la base de que la vida que conocemos no es producto de una intervención divina, sino consecuencia necesaria de las circunstancias que se presentaban en la Tierra en el momento en que surgió la vida, sólo tenemos que calcular la probabilidad de que existan otros planetas semejantes a la Tierra en el universo, usando para ello el conocimiento que tenemos del espacio.
Buscaré la fórmula para exponerla aquí otro día y, sobre todo, para refrescar los resultados, que se me han olvidado por completo.
Buscaré la fórmula para exponerla aquí otro día y, sobre todo, para refrescar los resultados, que se me han olvidado por completo.

Me ha venido a la memoria esta historia al ver las fotos. La colisión de dos galaxias no es una simple composición de color, de más o menos belleza. Estamos observando (lo haríamos con todo detalle si contásemos con una lente lo suficientemente “gorda”), la destrucción de mundos como el nuestro, cada uno de ellos con su historia milenaria, con sus individuos únicos, sus problemas cotidianos, sus legajos judiciales…
Claro que el espacio entre las estrellas que integran una galaxia es tan descomunalmente grande, que la colisión entre éstas no implica necesariamente la desaparición sus mundos. Muchos de ellos podrían subsistir.
Claro que el espacio entre las estrellas que integran una galaxia es tan descomunalmente grande, que la colisión entre éstas no implica necesariamente la desaparición sus mundos. Muchos de ellos podrían subsistir.

Y dado el tiempo tan largo en que se desarrollan estos acontecimientos, muchos mundos habrán nacido y desarrollado una vida inteligente mientras la colisión se encuentra en marcha; sus habitantes, además de disfrutar de un cielo nocturno espectacular, pueden haber localizado la estrella que se les echará tarde o temprano encima, y tener ya calculada su fecha de extinción; pueden saber que les queda un millón de años y encontrarse perfectamente tranquilos, igual que lo estamos nosotros conociendo nuestra extinción en cuatro mil millones de años.
Y todo eso ocurre ahí, delante de nuestras narices…
Y todo eso ocurre ahí, delante de nuestras narices…
1 comentario:
Maravilloso.
A mí me es necesario contemplar las estrellas día sí, día no (contemplar es su verbo necesario) Me pone en mi lugar, pero no porque en ellas vea alguna trascendencia, sino justo por lo contrario.
¡Ya era hora de que saliera a relucir tu afición a la astronomía!
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