Nota: Esta mañana mi amigo Oscar M. (al que llamaré así para distinguirle de mi amigo Oscar T.) me ha enviado esta colaboración para el blog, que publico a continuación. Habla de una afición suya que no practico y de la que nada podría comentar yo en el blog, así que se la agradezco con mayor motivo.
PURA VIDA CON AVENTURA (Crónica de una mañana de 4x4)
Para dar una nota lúdica y menos profunda a este blog me he decidido a hacer una crónica de una mañana de todoterreno, lo mío no son los restaurantes caros ni lujosos (entre otras cosas porque no tengo sentido del gusto), yo prefiero algo más físico.
Todo comenzó con una llamada de teléfono en la que se nos ocurrió a mi hermano y a mí hacer una salida todoterreno para disfrutar un poco del barro que se había formado estos días de lluvia en los caminos de Guadalajara.
Dado que los dos teníamos responsabilidades familiares quedamos en dar una pequeña vuelta de un par de horas nada más, todo iba a ser sencillo como él vive en Guadalajara y en la puerta de su casa ya hay caminos, aprovecharíamos el tiempo al 100 por 100, sólo todo terreno puro.
Quedamos a las 8,30 del domingo y en principio teníamos que estar de vuelta a las 11, para atender cada uno a nuestras respectivas familias.
El día amaneció lluvioso, muy lluvioso, y pese a que sólo iban a ser un par de horas, en el campo y más con lluvia nunca se sabe, así que preparamos el coche con todo lo necesario: un par de eslingas, grilletes, planchas de desatasco, gato hi-lift, pala, linternas, alguna herramienta, dos pares de botas de agua y por supuesto emisora y GPS (además de los imprescindibles telef. móviles). También llevábamos, por si acaso, agua, bebidas y algo de comida.
La ruta comenzó conforme a lo previsto mucho barro y agua, mucha agua, no queríamos arriesgarnos por sitios demasiado complicados porque al ir con un coche sólo no
debíamos correr demasiados riesgos, así que elegimos pistas sencillas con las dificultades ya conocidas, barro deslizante aunque sin grandes desniveles, y grandes charcos de agua.
El terreno estaba considerablemente blando así que casi desde el principio tuvimos que usar las reductoras del coche para circular con cierto margen de seguridad, cuando llevábamos un ratillo decidimos dirigirnos a una pequeña subida que en segunda reductora y con un poco de mano subimos sin demasiada dificultad, aunque pudimos ver las roderas de alguno que no lo había conseguido.
Teníamos pensado llegar a Lupiana tomarnos una cocacola en el pueblo y volver desde allí, tranquilamente, tal y como habíamos venido. Para llegar a Lupiana únicamente había que bajar por una pista que había sido arreglada recientemente y que en seco estaba fenomenal ancha y sin problemas, no tardaríamos más de 10 min. en bajar aunque fuera despacito.
Al comenzar la bajada comienzan los problemas, la pista aunque es ancha está superdeslizante, segunda reductora y para abajo, muy despacito con un cortado en el lado izquierdo que invitaba a acercarse al lado derecho, donde el camino tenía la correspondiente cuneta que aunque tampoco era apetecible era el mal menor ya que como mucho tocábamos con la chapa del coche en el talud de la montaña.
Y claro tanto arrimarse a la cuneta no podía acabar de otra manera, primera caída en la cuneta las ruedas derechas quedan dentro de la cuneta aunque un pequeño volantazo nos lleva otra vez arriba, al camino.
Pero claro no podía ser tan sencillo, más adelante tenemos la segunda caída en la cuneta de la que parece que no salimos tan fácil, nuevamente las ruedas derechas se quedan abajo y con la chapa del coche rozando en la ladera del monte, optamos por seguir bajando por la pista con las ruedas en la cuneta hasta ver donde las podemos sacar.
El problema surge cuando un poquito más abajo aparece en la pista un drenaje trasversal del camino acabado en tubería, cemento y hormigón que nos impide circular por encima de él, por lo que no hay otra solución que sacar el coche de la cuneta.
Bajamos del coche y nos encontramos con un barro pegajoso que nos pone en un segundo las botas llenas de barro, así que directamente optamos por ponernos las botas de agua para inspeccionar el terreno, aunque el diagnóstico está claro “estamos atascados”.
Dentro de lo malo estamos a pocos kilómetros de la población y todavía no son las diez de la mañana, así que no estamos mal del todo, aunque tenemos prisa por nuestros compromisos familiares (habíamos quedado que estábamos de vuelta a las 11), así que manos a la obra.
Intentamos salir para arriba y para abajo pero nada el coche no tiene dirección aunque giremos el volante de tope a tope no se mueve solo sube y baja por la cuneta de la pista, así que tenemos que pensar una solución.
En estos momentos la adrenalina se dispara y hay que pensar algo, la primera opción es rellenar la cuneta de piedras y ramas para que nos sirvan a apoyo para volver al camino, durante más de media hora nos dedicamos a recolectar piedras y ramas de los laterales del camino para rellenar la cuneta, el trabajo es bastante penoso porque el camino es un auténtico cenagal, por supuesto también tenemos que sacar las planchas de desatasco del coche y utilizarlas sobre el relleno.
Entonces cuando creemos que ya está suficientemente rellena la cuneta lo intentamos hacia delante y girando el volante totalmente a la izquierda y nada… imposible, el coche ha pasado por encima de todo como si nada y sigue con las ruedas en la cuneta, de hecho todas las piedras, ramas y las planchas han quedado sepultadas bajo una pegajosa capa de barro en donde se te puede llegar a hundir toda la bota.
Es el momento de avisar a la familia, definitivamente no vamos a llegar a las 11, cambio de planes, “estamos atascados” y sacar el coche de aquí no va a resultar fácil.
Seguimos dándole vueltas al tema y se nos ocurre una nueva solución, utilizar el drenaje transversal para sacar el coche de la cuneta, aunque esta vez utilizaremos también la rueda de repuesto del coche como apoyo para intentar salir.
Nuevamente tenemos que buscar piedras, esta vez nos vamos más lejos y cogemos piedras más grandes alguna pesa de 25 a 30 kg, colocamos planchas, rueda de repuesto y “diseñamos” una especie de carril que haga salir las ruedas del “agujero”.
Ya está todo preparado, tenemos que intentarlo, esta vez lo haremos muy despacito, primera reductora y ale hop… tras varias maniobras conseguimos sacar el coche de la cuneta, misión cumplida, ahora solo nos queda continuar hasta abajo con mucho cuidado aunque ya hemos pasado lo peor.
Esta vez sólo hemos tardado dos horas en desatascar el coche (la ultima vez fueron 5) y el balance no es del todo malo, aunque nos queda un sabor agridulce porque no vamos a cumplir con nuestros compromisos familiares (muy mal).
Volvemos a toda prisa a casa, llenos de barro hasta no se sabe donde, con el coche sucio por dentro y por fuera, y llegamos a la una, bastante agobiados por la que hemos montado (“no lo volvemos a hacer” nos repetimos por el camino de vuelta).
Y aunque pueda parecer un poco de “zoquetes” como diría un amigo, a mi estas aventuras me encantan, disfrutar de la conducción, buscar un poco los límites, dentro de unos márgenes de seguridad (está claro), adrenalina a tope, un poco de trabajo mental y físico (tengo agujetas por todo el cuerpo)… y sobre todo olvidarte de todo y vivir el momento….. una “pura vida con aventura”.
Años
Hace 3 semanas
2 comentarios:
4x4 en estado puro... aunque eso de que "no lo volveremos a hacer"... dentro de poco nos picara otra vez el gusanillo y no lo podremos evitar.
Zoquete nº2
Yo sigo prefiriendo los restaurantes caros y lujosos
Pollastre 1º
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