viernes, 19 de febrero de 2010

De vuelta de Alemania

Siempre que voy a Alemania y veo cómo viven allí, vuelvo a España divagando y teorizando sobre el origen de la riqueza en las naciones… como si fuera un Adam Smith de pacotilla. No por voluntad de mortificarme –de lo que no tengo ningún interés-, ni porque tenga alguna esperanza de que este país pueda algún día imitar a Alemania –en lo bueno, como debe ser-, sino por pura curiosidad intelectual.

Es una opinión generalizada que los países ricos lo son por robar a los países pobres, que nos encontramos ante un supuesto de suma cero con arreglo al cual la riqueza de unos procede exclusivamente de la pobreza de otros. Yo no lo veo así. Creo que esa opinión general puede tener una parte de verdad, pero muy pequeña; en lo fundamental, la riqueza de las naciones obedece a causas mucho más profundas, vinculadas con la forma en la que sus habitantes han llegado a organizarse entre ellos.

Pero a los efectos que ahora me interesan –y también como prueba lógica de lo anterior- voy a prescindir de esa discusión. Aceptemos incluso que es así, que los países que son ricos lo son únicamente porque roban a los pobres. El problema sobre el origen de la riqueza se mantendría, sólo que en ese caso la pregunta sería: ¿por qué unos países –o grupos humanos, más bien- han sabido situarse por encima de los otros, a la cabeza de esa hipotética cadena trófica de naciones? ¿Por qué han sido capaces de imponerse?

Las respuestas posibles a esa pregunta son numerosas. Por centrarme en una, es evidente que gran parte de los países ricos –caso, por ejemplo, de Alemania- se sitúan en latitudes donde soportan inviernos brutales, en zonas donde se hace difícil entender que los pobladores primitivos pudiesen siquiera sobrevivir (imaginémonos a nosotros mismos viviendo en el bosque, en una cabaña sin electricidad, con temperaturas permanentemente por debajo de cero durante semanas enteras).

Es llamativo que estos grupos humanos, que en el desarrollo histórico partían de una situación de desventaja tan acusada en relación con aquellos grupos asentados en territorios de naturaleza más benigna, hayan sido a la postre los que se hayan impuesto sobre los demás (por lo menos en una fotografía del momento presente, ¡no hay que perder de vista que la historia no ha terminado!..).

Se podría sostener, pienso que con fundamento, la teoría de que estos grupos humanos de los países fríos desarrollaron, por una imperiosa necesidad de vencer y someter a una naturaleza hostil, capacidades de organización y colaboración social que les llevaron a acceder antes que otros grupos a -por ejemplo- avances tecnológicos y les colocaron en una posición de ventaja frente a los demás. Esta teoría también tiene sus pegas, por supuesto, pero bueno, ahí la dejo.

En el caso de Alemania, nos encontramos con un país más pequeño que España, sin los recursos naturales que se necesitan en la economía moderna y con unas necesidades ingentes de energía para calentarse, y sin el recurso del “sol y playa” del que nosotros disponemos. La única ventaja objetiva sobre nosotros es que tienen casi el doble de población, alrededor de 82 millones de habitantes. Pues bien, con esta escasa diferencia de partida, resulta que son ¡el primer exportador del mundo!, por encima de Estados Unidos o de Japón, y sólo este año les ha alcanzado ya China (que tiene 1.300 millones de habitantes y que es la potencia del futuro).

Y paseando por allí, tampoco te da la impresión de que se maten a trabajar. Probablemente tengamos nosotros jornadas laborales más largas que ellos. Además de trabajar menos, tienen salarios más altos, y los bienes y servicios a su disposición son de mayor calidad y en muchos casos más baratos que en España.

¿Y cuál es el secreto del éxito? ¿Cuál es esa fórmula inalcanzable, más valiosa que la fórmula de la Coca-Cola ? Pues, básicamente, una buena organización. Nada más. ¿Y cuál es el secreto de esa organización eficaz, cómo se puede conseguir? Aquí se encuentra el meollo de la cuestión, y la verdadera dificultad: está dentro de cada uno de nosotros, en el impulso individual de hacer las cosas bien dentro de nuestro ámbito de actuación.

Bueno, vamos a las fotos del viaje. Voy a poner unas pocas del primer día, ya vendrán más en alguna entrada posterior.

Pese a los comentarios elogiosos vertidos hace dos entradas sobre mi condición de organizador, lo cierto es que el primer día la cagué pero bien cagada, porque sugerí que fuéramos a cenar a lo que pensé que era una cervecería cercana al hotel, y tras caminar un rato más largo del previsto nuestro destino resultó ser ¡una fábrica de cerveza!, cerrada a esas horas, por supuesto. Tuvimos que dar media vuelta y volver a las cercanías del hotel, donde, por suerte, encontramos una buena cervecería para cenar.

Hay que tener en cuenta que estaba ya bien entrada la noche. Ignoro la temperatura exacta que haría, pero como indicaba Clara en su comentario del otro día la temperatura mínima prevista era de -11 grados, por lo que la temperatura en esos momentos no se encontraría muy lejana a ese valor. Y en ese ambiente no está bien hacer pasear a la gente en vano, jeje.

Nos hizo bastante frío, pero fue interesante visitar la ciudad en ese ambiente invernal. La gente iba muy abrigada, como es natural. En ocasiones se veía a alguien paseando con la camisa al aire, pero eso sólo podían hacerlo los muy muy muy machotes.

Esta primera foto la tomé en el aeropuerto, a nuestra llegada. Aterrizamos sin novedad, afortunadamente no le dio al avión por realizar patinaje artístico.


Ésta es Clara, haciendo el ganso por la calle.


Ésta es Clara, con el homenajeado.



Y ésta es Clara, acompañada de este servidor de ustedes que hasta aquí les platicó… :-)


23 comentarios:

Clara dijo...

Muy generoso por tu parte, pero la que la "cagó" la primera noche fui yo. Lo bueno es que fuimos a dar con un sitio en el que había la misma cerveza que buscábamos y en el que comimos fenomenal y lo pasamos estupendamente. Tanto que repetimos a comer el domingo. No hay mal que por bien no venga.

Clara dijo...

Creo que tienes razón en tu comentario. Si todos hiciéramos todo lo posible dentro de nuestro ámbito de actuación nos iría mucho mejor. Pero es mucho más fácil echarle la culpa al país, al clima, a los demás o a quién sea, antes de asumir nuestra propia parte de culpa en el asunto.

Otra cosa, me encanta la foto con el homenajeado. Pese a que estamos tapados cual terroristas se intuye por la expresión de los ojos que estamos sonriendo para la foto.

Víctor dijo...

Una colectividad (como lo es un país), termina reflejando la actitud individual de las personas que la integran (la actitud común a todas ellas, o cuando menos la muy mayoritaria).

Es en ese sentido (y contemplado el asunto a muy largo plazo, en una perspectiva de dinámica histórica) en el que digo que la suma de actitudes individuales marcan el destino de un país.

Pero también es cierto que desde una perspectiva estática de la historia (esto es, mirando al puro presente), un individuo no puede, con su sola actitud individual, cambiar un país.. ese individuo creo que podrá "echar la culpa" de sus problemas a sus causantes con legitimidad.. pero echando culpas no se consigue nada, por lo que en ese caso al individuo no le tocará otra que emigrar a un país cuyos "valores nacionales" coincidan con sus propios "valores individuales".. aunque este tipo de emigración provocará a largo plazo (volviendo ahora al proceso de dinámica histórica), que se vayan reforzando los valores positivos en los países ricos, y los valores negativos en los países pobres.

No sé si me quedado muy claro el comentario, pero como estás aquí al lado lo podemos hablar más despacio, jeje

Myriam dijo...

Pues que bonitos ojos los de Clara y el homenajeado :) pero tu Víctor como que ya eres inmune al frío, mira que nadamás andas con una camisita muy primaveral.

Por otra parte, quiero decir que estoy impresionada por la ligereza con que inicias esta entrada: "Siempre que voy a Alemania..." ¡¡Zaz!! así digo yo cuando voy a la tienda de la esquina.

Víctor dijo...

Myriam, ya digo en la entrada que hay gente que pasea en camisa.. ;-)

A Alemania no voy sólo por gusto, también lo hago por orden de mi psiquiatra, que dice que me viene bien para mi estabilidad emocional pasar unos días, de vez en cuando, en un país normal.. un lugar donde los horarios se cumplen, las facturas se pagan, los ladrones van a la cárcel, los estudiantes tienen que aprobar exámenes para pasar de curso, las señales de tráfico contienen indicaciones correctas, los políticos no roban, etc... que todo eso es así no lo tengo comprobado fehacientemente, pero yo me lo creo y mi psquiatra dice que con eso es suficiente.. :-DD

Levemente dijo...

A mí no me hace falta ir a Alemania –u otros tantos países europeos- para añorar no la riqueza material sino el civismo –que es otra forma de riqueza- del que carecemos los españolitos. La verdad... a veces me cansa nuestro “carácter mediterráneo”. ¿Se podrá decir “Mediterranismo”? En caso negativo... ale, ya me lo invento sobre la marcha. Si no podemos alcanzar su riqueza... ¡ojalá pudiéramos ser más cívicos! Aunque sinceramente lo dudo.

“Hacer lo que hay que hacer”... si ya decía yo hace poco en mi bitácora que esa es la clave del éxito, je.

Esteeeee... ¿y uno no se “criogeniza” paseando a –11º sin llevar ropa técnica como para subir un k2? Aparte de ti digo... que ya se te adivina todo machote con la camisa al aire y sin bufanda, ¡glubs!

Myriam dijo...

¡Ups! pues no me imagino entonces de que nivel de civismo estamos hablando. Yo creo que si yo fuera a España me asombraría lo ordenado de las calles, la señalización vial y la limpieza en los lugares, ahora que si dices tu que en Alemania son educadísimos y super civilizados ¡ufff! sentiría entonces como que vivo en la jungla.

Y ¡claro! ¿cómo te va a dar frío si eres un chico superpoderoso? ¡cómo pude olvidarlo!

:P

mati dijo...

Victor, voy a revelarles un secreto: toda esta admiración por Alemania resulta de tu cuarto de costilla alemana, verdad?

Myriam dijo...

¡Cuarto de costilla alemana! ¡mmmh! interesante.

Clara dijo...

Pues criogenizarse no pero pasar un frío de........ narices, sí. Sobre todo si estás mucho rato paseando. Yo que soy supersupersuperfriolera he de decir que lo pasé realmente mal la mañana que ha sido recogida en esta entrada. No sé si fue el pie quieto contemplando el carillón o qué. Afortunadamente nos metimos en una cervecería a tomarnos un tentempié y funcionó. Pasé frío pero no lo pasé mal el resto del fin de semana.

Clara dijo...

Corrijo, la mañana en la que pasé frío fue la de la otra entrada. La mañana de esta noche estaba trabajando en Madrid.

Víctor dijo...

Leve, la teoría que sostengo en esta entrada es que el civismo es la causa de la riqueza material, no son cuestiones independientes.

Lo que me planteo es cómo se consigue ese civismo. Evidentemente es producto de la educación, por lo que al final educación = riqueza material.

Y aquí en Espein ya sabes como vamos, no hace falta que te cuente nada..

jeje, yo me abrigo como todo hijo de vecino, lo que pasa es que acabábamos de salir de la cervecería (es lo que se ve a la derecha) y todavía no me había abrochado.. e incluso podría ser que me hubiera despechugado un poco para la foto ;-DD

En cualquier caso, no soy friolero (al contrario que Clara, que por debajo de los 30 grados ya está con frío). Las bufandas no las soporto, me pican.

Víctor dijo...

Myriam, no te creas que notarías mucha diferencia, en las fotos que pones de México en tu blog se ve que es un país limpio y ordenado. En España va por zonas, pero pienso que en general tenemos medios como para que los sitios estuvieran más limpios.. sólo haría falta un poco de civismo.

Pero en fin, es lo que hay...

Víctor dijo...

Mati, no me diseccioneeeeeeess..

Yo no diría que es la causa. La causa es todo lo que veo allí, la costilla sólo hace que lo sienta un poco más propio... aunque siempre la mitad que tú, claro.. :-)

Levemente dijo...

Myriam, aquí, en Espein, es habitual ir circulando y que el conductor de delante abra la ventanilla para arrojar a la calzada el plastiquito (¡maldición, rayos y centellas!) de la chocolatina que se dispone a comer, o se acaba de zampar. Mismamente hoy el (...) que iba delante de mí lo ha hecho. Pero podría haber sido peor, por ejemplo que el tipo acabase su lata de coca-cola (estos ojitos también lo han visto) y quisiera deshacerse de ella en ese preciso instante. No es algo aislado... sino el pan nuestro de cada día. También, de repente, estando parado en un semáforo decide abrir la puerta y vaciar su cenicero... ¡con un par! Otro día... más ejemplos de “nuestro civismo” de diversa índole.

Víctor... falta educación y sobra mucho, pero mucho egoísmo al españolito de a pie. En cambio la “picaresca”... espuertas.

A ver... yo no sé si Clara será friolera pero muchacho... con –11º y no usar bufanda –por más que pique-... ¡eso es ser puritito machoooooo!, je.

Levemente dijo...

A espuertas, claro.

Víctor dijo...

jaja, me ha gustado el último inciso de tu penúltimo comentario, tú sí que sabes decir lo que a uno le gusta oir.. :-DDDDD

El vínculo me lo tendrás que explicar, porque no caigoooooooo...

Levemente dijo...

Rectifiqueison (por lapsus mentaloide): a espuertas... ahora sí.

Levemente dijo...

¡Ooohhh, mi no entender este expediente X!

¿Habrá que llamar a un exorcista?
(Hablo en serio). Voy a intentarlo por tercerda vez... y ya si eso buscamos al padre Karras, ¡glubs!

Levemente dijo...

A ver, cruzo los dedos... a espuertas.

Levemente dijo...

Definitivamente... aquí hay un espíritu ¿maligno? Tengo en pantalla la web de la RAE con la definición de espuerta y su url es la que he enlazado.

¡Uy qué miedo! Padre Karrasssss...

¿Me estarán castigando por mi penúltima entrada... por "infiel"... por pecadora?

Víctor dijo...

Vamos a ver si puedo yo..

ale hop...¡a espuertas!

Víctor dijo...

Tienes que usar polvos mágicos buenos, marca "Acme", no esos que compraste en los chinos..