miércoles, 10 de febrero de 2010

Mozart: "La Flauta Mágica" (II)


Continuamos la historia que dejamos con la escena del otro día, la del retrato

El romanticismo artístico omite siempre toda referencia a un personaje muy presente en la vida real, que resulta así injustamente olvidado: ¡¡¡la suegra!!! Como dice más o menos el refrán, “detrás de toda gran mujer existe necesariamente la madre que la parió”. Y, en efecto, la chica del retrato no había venido al mundo por ósmosis inversa.

La historia (en versión resumida y bastante libre por mi parte) continúa de la siguiente manera: tras caer Tamino enamorado de la chica del retrato, se presenta ante él la madre de ella, que se hace llamar “La Reina de la Noche” (con ese nombre ya vamos mal, Tamino). Le cuenta que su hija (la del retrato, que resulta llamarse Pamina) ha sido secuestrada por el malvado Sarastro, sacerdote de Osiris; y le pide a Tamino que vaya a liberarla. Implícitamente (y no recuerdo si incluso explícitamente), ofrece darle a cambio la mano (¡ay, la mano!) de Pamina.

Pues bien, ni corto ni perezoso se dirige Tamino (acompañado por otro personaje, llamado Papageno) al encuentro del tal Sarastro. Al llegar, conoce por fin las carnes y los huesos de Pamina, y no se lleva ningún chasco. Averigua que Sarastro es un santón, que se ha llevado a Pamina ¡sólo para protegerla de su madre! (menuda pieza debía ser). Tamino y Papageno se unen a Sarastro, e ingresan en no sé qué seminario o escuela iniciática.

De alguna forma que no recuerdo bien ni viene al caso, en este punto de la historia Pamina se reencuentra con su madre, quien le insta a que mate a Sarastro y le entrega un cuchillo para ello. Esta escena entre la Reina de la Noche y su hija es una de las más conocidas de esta ópera y, en general, de la Ópera como arte.

Os pongo la escena a continuación. Hay muchas versiones en youtube, de las cuales he elegido dos: la primera tiene la gran ventaja de contar con subtítulos en español, aunque no es la que más me gusta (ni por la voz de la cantante, ni por el deditooooo); la segunda tiene de interés que contiene al comienzo un pequeño trozo de la parte hablada, y la voz me parece mejor… aunque el escenario es un poco lamentable.




2 comentarios:

Levemente dijo...

Esa no es una suegra... ¡es el demonio!... disfrazado.

Esteee... ¿qué dedito... el "puntiagudo" o el “histriónico”?

A mí no sé cual de los dos me pone más nerviosa.

Víctor dijo...

Es verdad que hay dos, no me había fijado en el puntiagudo.. Tampoco sabría decir cuál me parece peor.

Lo malo es cuando te pinchan con el dedito.. pic-pic-pic.. eseeeeee deditooooooooo