Hoy voy a comentar brevemente las últimas noticias económicas de España, y los acontecimientos que en relación con ellas se están produciendo.
Una noticia es que España ha pedido a la Unión Europea ayuda financiera para el sector bancario (un “rescate”). A cambio de su concesión, la Unión Europea va a controlar de ahora en adelante el sistema bancario español (una “intervención”).
Otra noticia es que España ha solicitado una prórroga en los plazos previamente establecidos para reducir el déficit público (un “rescate”). A cambio de la concesión de esta prórroga, la Unión Europea ha obligado a España a tomar las medidas que sean necesarias para cumplir con el límite de déficit público en los nuevos plazos acordados (una “intervención”).
Aunque en puridad se trata de asuntos distintos, presentan un origen común y una coincidencia temporal que permite identificarlos y resumirlos en una sola frase: la Unión Europa le da dinero a España, y a cambio le impone medidas de austeridad.
(Antes de seguir, haré un inciso. Existe la creencia generalizada, en España y fuera de ella, de que Alemania está rescatando a los países pobres del Sur, dándoles ingentes cantidades de dinero. Esto no es exactamente así. El dinero de los rescates procede de un fondo al que contribuyen todos los países de forman parte del euro, en proporción a su PIB. Alemania, al ser el país más grande, es el país que más contribuye en términos absolutos –algo así como un 28%-. Pero España contribuye con la cuota que le corresponde –algo así como un 12%- De forma que, proporcionalmente, España contribuye exactamente igual que Alemania. Con una pequeña diferencia: mientras que Alemania se financia actualmente al 0% -sin duda por sus propios méritos-, España lo hace al 7% -por sus propios deméritos-. Lo cual significa que el esfuerzo real que realiza España para contribuir al fondo común y a la construcción europea, es muy superior al esfuerzo que hace Alemania. El hecho de que esta idea, tan sencilla de entender, no se sepa trasladar a la opinión pública y/o hacer valer en la Unión Europea, es una muestra más de la incapacidad de nuestros políticos).
Bien, continúo mi rollo.
La opinión general es que la “parte buena” del asunto es recibir el dinero de Europa, y la “parte mala” la intervención a la que nos van a someter. Yo lo veo justo al revés. En mi opinión, la “parte mala” de la historia es que nos prestan 30.000 millones de euros (por ahora), pues es una cantidad que habrá que sumar a todo lo que ya debemos, y devolverla algún día con sus intereses. Y la “parte buena” es, por el contrario, la denostada “intervención”. El hecho de que sean funcionarios de la Unión Europea quienes controlen el sistema bancario, y quienes impongan la reducción del déficit, es algo que me parece magnífico. Que quiten a la caterva de impresentables que tenemos como dirigentes políticos toda la capacidad de decisión que sea posible. Yo me quedo así más tranquilo.
Pero en este punto nos encontramos con un problema muy grave, gravísimo, y probablemente sin solución.
En los países del norte de Europa, bastante más normales y más serios que nosotros, los políticos sirven al pueblo que les elige (o al menos yo me lo quiero imaginar así). En consecuencia, cuando desde esos países ordenan a los políticos españoles que, puesto que piden dinero de la hucha común, tengan la bondad de gastar menos de lo que ingresan, están dando por supuesto que los políticos españoles adoptarán las medidas de reducción del gasto e incremento de los ingresos con arreglo a un criterio racional que consista en perjudicar lo menos posible a los ciudadanos, en particular, a los más desfavorecidos económicamente.
Pues conviene que los políticos europeos sepan que, en esa suposición, se equivocan de plano.
Sobre los famosos “recortes” se podría hablar largo y tendido. Aquí voy a centrarme únicamente en una parte del problema, que es el de la Administración Pública. Y dentro de esta parte, me gustaría comentar un aspecto muy particular: la naturaleza de la relación que existe entre los políticos –entendiendo por tales a los cargos electos-, y la Administración Pública –entendiendo por tal a los funcionario públicos-. Pues de esta relación, de lo que debería ser y de lo que ocurre en la realidad de las cosas, nace gran parte de los problemas.
En un país normal, la Administración Pública se encuentra integrada por funcionarios, que se incorporan a ella tras superar un proceso público de selección, basado exclusivamente en criterios de mérito y capacidad. Los funcionarios constituyen la personificación del Estado, y la inamovilidad de la que gozan se justifica por la necesidad de permanencia y continuidad del propio Estado, con independencia de los cambios que se produzcan en la dirigencia política. La Administración es una maquinaria, un instrumento, un ente políticamente neutro, que actúa según las instrucciones que reciba del político que acceda al poder. Una Administración Pública independiente constituye un requisito básico de la democracia, pues su existencia permite que la alternancia política se convierta en una operación relativamente sencilla.
A nivel teórico y legislativo, lo anterior ha estado bastante claro en España desde el s. XIX. Pero, ¿qué se ha ocurrido en la práctica? ¿Se han respetado los principios teóricos en el terreno de los hechos?
El último gran cambio político en España fue la transición desde una dictadura a la democracia, que tuvo lugar entre los años 1975 (muerte de Franco) y 1978 (promulgación de la actual Constitución democrática). No tengo apenas información cómo era la realidad de las cosas en época de Franco -en relación con este asunto que comento-, pues esa época casi no la viví. Pero lamentablemente tengo algunos motivos para pensar que entonces la realidad no se alejaba demasiado de la teoría (no sería por apego a una democracia que no existía, sino por puro conservadurismo o tradicionalismo decimonónico, pero el caso es que el funcionario público era una figura respetada).
La Constitución de 1978 recogió en su articulado la independencia de la Administración Pública respecto al poder político. Esto, como digo, no era ninguna novedad, pues así se reconocía también en la legislación vigente en época de Franco, o en la precedente Constitución Republicana de 1931.
Con la llegada de la democracia se comenzaron a celebrar elecciones libres, y por primera vez en la historia española (salvo un breve intervalo de tiempo durante la Segunda República), los políticos empezaron a ser a ser elegidos por el pueblo, y no por el rey o el dictador de turno.
Desgraciadamente, esta legitimidad de origen se les subió a los políticos a la cabeza. Con la idea de que tienen detrás de ellos al pueblo, el sacrosanto pueblo que no se les cae de la boca a la hora de justificar todas sus actuaciones, los políticos han asumido que todo les está permitido.
Y lo que han hecho ha sido asaltar el Estado. En lugar de limitarse a dirigir políticamente la Administración Pública, como tenían que hacer, en cuanto han podido han tratado de prescindir de la Administración existente.
Para un político, la Administración supone un problema porque:
A).- Se encuentra en la tesitura de tener que dirigir a personas que son inamovibles y no tienen una adscripción política especial, por lo que no tiene ninguna garantía de que, llegado el caso, un funcionario pueda negarse a ejecutar órdenes que considere contrarias a la Ley.. ¡o incluso denunciar sus intenciones si pretende alargar la mano hacia el cofre del Tesoro!
B).- Ya están ahí, formando parte del órgano administrativo del que se trate, todas las personas que, en principio, debe necesitar; por lo que el político se ve privado en gran medida de satisfacer ese ansia de poder que le corroe por dentro, ese ansia de erigirse en Sumo Hacedor y, cual emperador romano, mover discrecionalmente su dedo bobalicón para designado a las personas que habrán de cobrar un suculento sueldo procedente del erario público gracias a su Enorme Magnanimidad, y que le deberán por ello Eterna Gratitud.
En consecuencia, los políticos han creado en infinidad de lugares y a todos los niveles (Estado, Comunidades Autónomas, Ayuntamientos, Universidades, etc...), mediante diversos subterfugios, auténticas administraciones paralelas, para las cuales han designado a una pléyade de “asesores” y de “altos cargos”, con sueldos siempre muy superiores a los de los funcionarios públicos de verdad, y sin procesos selectivos objetivos, o con procesos amañados. No han podido desmantelar la Administración Pública de verdad porque lo prohíbe la Ley, pero la han conseguido soslayar con sus administraciones paralelas.
Este sistema administrativo absolutamente corrupto y enloquecido se ha podido sostener económicamente en el tiempo gracias a los ingentes ingresos fiscales que se han producido en los últimos años como consecuencia de la burbuja inmobiliaria.
Ahora ha pinchado la burbuja, y se han desplomado los ingresos. Sin embargo, el gasto estructural permanece inalterado, porque nos encontramos con una Administración Pública, la de siempre, y con multitud de administraciones paralelas creadas por los políticos.
¿A qué está bastante claro lo que tendría que hacer el Gobierno para recortar el gasto de personal?
Pues lo que ha hecho no es fumigar las cucarachas, sino, como todo el mundo sabe, quitar la paga de Navidad a todos los funcionarios de la Administración Pública, más tres días de vacaciones. Y estas medidas a quienes se aplican con toda seguridad es a los funcionarios de verdad. A los chupópteros de las administraciones paralelas todavía está por ver si les afecta.
Lo cual explica muy bien el cabreo generalizado que existe entre los funcionarios públicos, porque las injusticias molestan.
Hoy se ha convocado una manifestación de funcionarios a través de las redes sociales, sin apoyo de partidos políticos ni de sindicatos. Se ha celebrado frente al Congreso, y nos hemos pasado un momento por allí. Hemos llegado pronto y apenas había gente. No parece que la convocatoria haya sido un éxito, la verdad sea dicha, aunque no sé qué ocurrirá esta noche.
Siguen unas pocas fotos que he tomado. En la primera se puede ver, al fondo, al pequeño grupo de manifestantes. En las siguientes, el impresionante dispositivo policial que se había montado para proteger el Congreso, no se sabe muy bien de qué. La Carrera de San Jerónimo estaba cerrada a cal y canto.
Estos políticos tienen más miedo que vergüenza.





9 comentarios:
Amigo, me ha parecido estar leyendo a Arturo Perez Reverte en sus tiempos buenos.
Magnífica entrada.
Muy acertada tu entrada. Me ha gustado mucho.
Te doy mi opinión. El cabreo del funcionariado viene por varios motivos.
Porque no se toman las medidas que se tienen que tomar, entre las que está, además de fumigar a las cucarachas, hacer algo con el funcionario escaqueado –que los hay, aunque no tanto como nos quieren hacer creer. No conozco a ningún funcionario que no desearía que esto se hiciera. Si se tomaran medidas, se les acabaría un argumento que a la postre está “legitimando” socialmente los recortes de los derechos que tienen los funcionarios. Con una única salvedad, que ese tomar medidas se convierta en una caza de brujas para quitarse de encima a los que no son afines o son críticos con los que mandan.
Porque a los políticos les interesa crear ese estado de opinión de que los funcionarios son unos vagos que no hacen nada, que están todo el día con el cafelito y el periódico, incluso les he oído decir que son rentas pasivas (como las pensiones). No, señores, generalizar está mal. Pero si tuviera que generalizar diría que el funcionario trabaja y mucho. Basta ver las noticias y pensar en cuántas de ellas interviene la labor de un colectivo de funcionarios. El funcionario tiene pocos incentivos, tanto positivos para hacer las cosas bien, como negativos para hacer las cosas mal. Pero sinceramente creo que se hacen mayoritariamente bien. Hacemos un trabajo y nos pagan por ello. No somos subsidiados. Y si hay alguno que lo sea, como digo, por favor, tomen medidas. Todos nos beneficiaremos.
Porque todos estaríamos de acuerdo con arrimar el hombro si se vieran las medidas adecuadas. Que se quite de lo superfluo, de las administraciones duplicadas, de los coches oficiales y de los asesores que sólo saben bailarle el agua al que manda y le ha puesto ahí. Que se persiga al que no paga, sin amnistías ni declaraciones tributarias especiales, y no contribuye. A lo mejor con eso no se soluciona la crisis y aun así nos tienen que quitar la paga extra de navidad o incluso la de junio, pero así se nos quedará menos cara de idiotas. Y notaremos que el esfuerzo no ha sido en vano.
En resumen, creo que el cabreo fundamental, además de por lo económico y la pérdida de días libres, es por el desprestigio, la humillación, el menosprecio a la labor que se realiza, para justificar frente a la opinión pública que nos merecemos esto. Y así, distraer la atención de otros ajustes y de los verdaderos culplables. Mientras otros siguen manejando el cotarro a su antojo.
Recomiendo un artículo que me ha gustado mucho, sobre los funcionarios y la crisis.
Saludos a todos
¡Plas, plas, plas!... magnífica entrada, Víctor. Y muy certero el artículo a que Clara nos enlaza, así como su propio comentario.
Estoy prácticamente de acuerdo con todo lo que dices, Clara, excepto en algo. El funcionario... gran cantidad de funcionarios y/o empleados públicos, tienen muuuuchos incentivos negativos para hacer las cosas mal (falta de medios, carga excesiva de trabajo, cobrar como categoría inferior un desempeño real de categoría superior, penosas y peligrosas instalaciones de trabajo, un creciente desprecio popular por su labor así como por el individuo en sí sólo por ser trabajador de la Administración, etc...) y aún el groso se esfuerza para cumplir con su labor y que el ciudadano no pague las malas consecuencias de tanto despropósito, inoperancia y falta de vergüenza, cuando no de honradez. Pero es que la mayoría de sanitarios, policías, bomberos, inspectores de la Agencia Tributaria, maestros, funcionarios de ventanilla y resto... sí tienen el sentido de la responsabilidad que a nuestros políticos les falta y de la que, sin embargo, estos últimos se jactan continuamente; en particular quienes desde el actual Gobierno ejecutan, en el sentido más “verdugo” de la palabra, las medidas que “legítimamente” imponen y asfixian cada vez más al país. A mí, desde luego, ni me representan, por más que se aferren a su mayoría absoluta... ni me engañan.
Coincido también en que lo peor es el desprestigio y la demonización que sobre el funcionario se está haciendo, y repeor que esta caza y captura se inicie y engorde desde esferas de poder, para, precisamente, desviar la atención de lo importante y de los auténticos culpables. Y lo re-re-repeor es que lo están consiguiendo. Ayer, sin ir más lejos, estando en una sala de espera, varias personas comenzaron a hablar sobre los últimos recortes. Un señor soltó, con expresión despótica... incluso con cierto odio contenido, que se alegraba de que quitaran la paga de Navidad a los funcionarios. Entonces alcé la mirada de la lectura que me ocupaba y le interpelé: “Caballero.. ¿ha reparado usted en que el médico que hay tras esa puerta, ese al que usted espera entrar en breve (lo de breve es un decir, ya que precisamente emplea el tiempo que cada paciente precise... que suele ser extenso, al margen de la hora que sea) para que le sane o le ayude a no enfermar más, lleva veinte años, repito, veinte años... haciendo mínimo tres horas extraordinarias de más cada día, ¡cada día! que jamás le ha abonado la Administración correspondiente, ha reparado usted, insisto, en que ese médico... resulta que es FUN-CIO-NA-RIO?... Y, aún reconociendo finalmente al doctor como un caso verdaderamente excepcional, todavía el tipo pretendía, tras mi intervención, que los empleados públicos se excedan sistemáticamente en su jornada laboral al menos 180 minutos de reloj cada día, de cada año, de toda su vida laboral... sin que les sean retribuidas. ¿Por qué hoy día un albañil es un héroe y un funcionario un criminal... por qué?... ¿¡Porque el primero está en situación de desempleo!? Naturalmente vomitó, como no podía ser de otro modo, que al menos el funcionario tiene todavía trabajo. Y ya cuando sueltan lo de... “es que te pago yo”... En fin... que rece el señor en cuestión para que el próximo hachazo no lo den sobre su pensión, que vendría a ser como decapitar su propia cabeza.
(suma y sigue)
La caza de brujas ya está existiendo a otros niveles. A los periodistas Juan Ramón Lucas, Pepa Fernández y Toni Guerrero, los tres pesos fuertes de RNE, les largan de la emisora pública. ¿Elementos insurgentes... o simples moscas cojoneras? Porque dado que lo que han hecho es crear un espacio de radio plural, libre y ¡crítico!, traducido en el aumento de audiencia de sus programas, así como la lealtad de sus oyentes, me late que la falta de profesionalidad e ineficacia en el desempeño de su trabajo no serán la causas de que “ya sobren”; vaya... ¡que son los tres programas con más éxito de la emisora! Me sorprende que Ana Pastor no haya caído ejem... quiero decir que le hayan caído... ¿por el momento?... aunque alguna que otra cabeza ya ha rodado por los pasillos de televisión española. Re-en fin... una de las pocas cosas que hizo en condiciones el anterior Gobierno, la gestión de RTVE... ¡a tomar por saco!; no hay más que ver cómo se ha nombrado al nuevo presidente.... y las decisiones que se están tomando. Bienvenida sea Telemadrid a la cadena nacional, pues.
Y Víctor, amiguillo, Alemania no rescatará, pero que mamá Merkel manda... ¡manda! Digo Frau merkel :-)((((
Fdo: una renta pasiva jajejoju, snif, snif...
Pd. Y que dice el Ministro de Hacienda que miiiiilesss de funcionarios han de estar tranquilos, que no se les quitará la paga de Navidad. Concretamente los que cobren 962 euretes. O sea, el 0’5 % de funcionarios... según tengo entendido. Pero claro, igual es que he entendido mal.
Pd 2. Víctor... ¿necesitas un leve-almax?... ¿Acaso tu blog? :-D
Sólo por su contenido pedagógico, yo le ponía un 10 al artículo que has escrito, estimado Víctor. Se lo ponía y se lo pongo. Gracias.
Uy Ángel, t'has pasao tres pueblos con el elogio, jaja, qué más quisiera yo. Un abrazo
Clara, gracias por tu comentario. Aquí queda como un complemento necesario a la entrada. Yo me quedo tranquilo sabiendo que los buenos funcionarios seguirán trabajando bien, pase lo que pase y contra viento y marea. Besos
Leve, te digo lo mismo. Muchos ánimos, ¡y a seguir tirando!
Civilis, me ha alegrado tu comentario. Que dos personas ideológicamente alejadas puedan ponerse de acuerdo en un tema como éste, significa que quizás este país tenga remedio. Un abrazo
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